Estamos de fiesta
Colaboraciones - España
Escrito por Fernando Prieto Arellano   
lunes, 17 de agosto de 2009

ImageDebo de ser un asocial, un tipo poco recomendable para invitar a una celebración, pero lo cierto es que, ahora en verano, cuando veo por televisión a ratos (cada vez más) perdidos las innumerables fiestas que se celebran en los innumerables pueblos de España y lo bien que se lo pasa la gente me siento raro. Siempre me hago la misma reflexión: una multitud, a pleno sol, se tira toneladas de tomates o se lanza encima cientos de miles de litros de agua; algunos llegan más lejos y se arrojan cohetes o petardos dentro de un recinto enjaulado. Evidentemente, éstos últimos suelen ser los que más riesgos corren y raro es el año que no hay que lamentar una desgracia. No obstante, ahí siguen, año tras año, quemados pero contentos.

No seré yo quien le diga al personal cómo tiene que divertirse; es más, estoy seguro de que si alguna vez pudiera hacer una sugerencia en tal sentido, lo más probable es que terminara en el pilón por rancio y por muermo. Y seguramente con razón.

Pero hay cosas que me llaman mucho la atención y por eso las comparto con ustedes. Por ejemplo, siempre que sale en la tele un pueblo en fiestas la cámara y el reportero se van derechitos a preguntar a los jóvenes qué tal se lo están pasando. Y la respuesta es siempre la misma: una especie de gruñido del que se deduce que la criatura está gozando como un cochino en el barro, si bien no se acaba de entender ni con qué ni porqué. Eso sí, cualquiera de los  interpelados lleva consigo un vaso de tubo lleno de algún brebaje y jura por sus muertos que no bebe o que si lo hace no piensa coger el coche. A renglón seguido, otro reportaje -inevitable en verano, también- nos muestra a la Guardia Civil repartiendo multas entre todos los que se han pasado la noche bebiendo "sólo una cervecita". 

Si la fiesta transcurre a la luz del día, la cosa es más complicada de interpretar. Ya digo; siempre salen masas humanas muertas de risa mientras les cae una catarata -de tomates blandurrios, de agua, de cualquier cosa- y así un año tras otro porque es una tradición muy arraigada y con cargo al presupuesto municipal.

Insisto: debo de ser un asocial, un rancio, un muermo y un coñazo pero no le pillo el aire a esas fiestas. Seguramente tienen su gracia, su valor histórico, su enjundia y su prosapia, pero no les cojo el punto. Comprendo que es difícil entenderme a mí y que mi concepto de la fiesta  es poco exportable. Lo comprendo, como comprendo a quienes necesitan ponerse perdidos de tomate, o de agua, o de vinazo peleón para sentirse felices. Lo mismo que comprendo a quienes necesitan insertarse entre la multitud para no sentirse solos. Sin embargo, y sin menoscabo de tantas y tan tradicionales fiestas y con mi mayor deseo de que se mantengan por los siglos de los siglos (total, a mí qué más me da), no he dejado nunca de preguntarme si al menos uno de los que en ellas participan no se habrá parado un instante -en medio del fragor lúdico- a preguntarse: "qué coño hago yo aquí, hecho un guarro y berreando como un loco."

Supongo que sí, que se lo habrán preguntado, pero la respuesta habrá pasado de largo, casi inadvertida, casi molesta, como un moscardón de verano al que se espanta de un manotazo. Mejor no pensar en esas cosas, mejor disfrutar del momento, en una especie de carpe diem asilvestrado, a fin de evitar conclusiones dolorosas. Ya llegará el otoño y con él las lluvias, la gripe (A o normal), las estadísticas crecientes del paro inexorable, la economía en fase cada vez más decreciente y deprimente, los Juegos Olímpicos, que, seguro, no van a ser para Madrid. En resumen, ya llegará la realidad a darnos un bofetón. El verano que viene ni nos acordaremos.


Fernando Prieto Arellano
Acerca del Autor:
Fernando Prieto Arellano. Madrid, 1965. Periodista, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis "Prensa y grupos de presión de ultraderecha en Madrid, 1931-1936".  Profesor asociado de Periodismo Internacional en la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid.
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