Obligaciones y derechos
Colaboraciones - Economía
Escrito por Cesáreo Jarabo Jordán   
lunes, 30 de marzo de 2009

Vengo manifestando desde hace décadas que la democracia no es sino el instrumento perfecto para la manipulación de la sociedad. Con ello no descubro nada nuevo, puesto que, con otras palabras, los filósofos vienen señalando el hecho de un tiempo a esta parte... Vamos, como unos 2500 años, sólo.

Es el caso que, también desde hace décadas, y también con precedentes históricos no tan largos como los anteriormente señalados, pero casi, vengo señalando que los únicos titulares del poder, en democracia, son los titulares del poder económico, quienes a su albedrío ponen y quitan gobernantes valiéndose, eso sí, de una pantomima denominada “elección libre y democrática”.  

Todos sabemos que quien quiere vender algo debe saber promocionarlo; debe saber gastar el dinero, y debe tener dinero para gastar. Y al final, ¿quién tiene el dinero?... a ver, a ver esa neuronilla... Bingo.... La banca. Y es la banca la encargada de dejar dinero; a la postre, de poner y quitar lo que quiera; consciente que la diferencia entre un detergente y otro es mínima, si es que acaso existe diferencia salvo en la marca. 

Con esta premisa, los legisladores son conscientes de la inconveniencia que supone morder la mano que le da de comer a uno, motivo por el cual, la banca ha hecho evolucionar sus ingresos de manera espectacular; ha legalizado prácticas que otrora eran impensables por ser calificadas de usura; están aplicando comisiones para las situaciones más inverosímiles que imaginarse pueda, e implantando auténticos impuestos generalizados a toda la población, materializados, entre otras, en las comisiones que por uso de tarjeta están imponiendo a todos los comercios. 

La banca, con la anuencia de sus siervos, los políticos, tiene tendida una extensísima red de obligaciones sobre la totalidad del pueblo español; obligaciones concretas como las citadas comisiones, sí, pero obligaciones incluso más sangrantes; más propias de derecho de pernada, como es la obligación que se contrae al suscribir un préstamo. 

Sí, no me extralimito, aunque voy a matizar.  

Cuando alguien obtiene un préstamo, adquiere una obligación real con el prestamista. Debe devolver lo prestado en el plazo marcado y con los intereses señalados. En eso no debe caber ninguna duda... Pero en todas direcciones. Y sin embargo, no sucede en todas direcciones. 

Me explico. 

Un depositante en una entidad bancaria es un acreedor del banco; tiene un derecho sobre el banco, que deberá ser hecho efectivo en las condiciones pactadas. Bien, igual que en el caso del préstamo. El asunto es correcto. 

Pero, ¿qué hace el banco con algunos activos marcados como no problemáticos? (préstamos que ha hecho a clientes considerados sobradamente solventes)...Los vende a terceros pagando una parte de los intereses cobrados, y descargando el balance de una deuda que le beneficia a efectos financieros y para maquillar el balance. 

¿Qué hace con los depósitos y obligaciones en general contraídas con terceros? Las va pagando con normalidad. El acreedor del banco cobra sus derechos. Estupendo. 

Pero, ¿Y si el banco entra en crisis y no tiene dinero para pagar sus obligaciones?... En ese caso, el estado endeuda a los contribuyentes, y a los tataranietos de los contribuyentes, y da liquidez a los bancos. Vamos, maravilloso... Pero vayamos un poco más allá. ¿Y si al final el banco no sale del agujero ni por esas?... Sencillamente dejará de pagar sus obligaciones. 

¿Y si da la coincidencia que un determinado banco tiene un cliente que lo es a la vez de activo y de pasivo?; ¿un cliente que tiene obligaciones contraídas con el banco y derechos contraídos con ese mismo banco?; ¿y si la deuda que tiene contraída es consideraba buena y vendida a un tercero? ¿y si el banco entra en crisis y no puede pagar sus obligaciones a este cliente? 

¡Ah!, se siente. El cliente, cobrar lo que debe cobrar del banco no lo va a cobrar, porque el banco no tiene fondos.  

Bueno, dirá el cliente tranquilo: tampoco pagaré mis obligaciones; ¡que las descuenten de lo que no me pagan! 

¡Ah, no! Al cliente y a la vez deudor del banco no le valdrá este razonamiento, porque la deuda que él tiene contraída con el banco donde tiene los depósitos o los derechos que no puede hacer efectivos, no están bajo el control del banco, sino bajo el control de otro banco que tiene subrogados todos los derechos sobre esa deuda, y que le reclamará, con toda la fuerza de las leyes redactadas por los lacayos de la banca. 

Y es que, en democracia, unos tienen obligaciones, y otros tienen derechos. ¿Sabremos identificar a unos y a otros?


Cesáreo Jarabo Jordán
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