El Consejero de Salud y la Teoría de los infortunios
Colaboraciones - Asturias
Escrito por Ithacius   
jueves, 01 de julio de 2010

ImageHace pocos días, un grupo de expertos de diversa procedencia y afines en el terreno de las ideas políticas, se reunió en Oviedo para debatir acerca del copago sanitario. Un enunciado retórico para exprimirnos aún más, en un futuro cercano, el bolsillo con el recurso de las cosas de la salud. Eso que llaman, en estos casos, la contribución solidaria de los ciudadanos en la sostenibilidad del sistema sanitario. El acto, organizado por el C.E.S (Consejo Económico y Social) astur, despejaba cualquier duda sobre el objeto del mismo. Apoyar, difundir y defender al Gobierno de Asturias en un entorno económico-financiero evidente. Poco proyectaré, en estas líneas, cuando el pensamiento de los ponentes empujaba un objetivo común. Sí comentaré algunas percepciones sobre el citado evento.

Tiene su cosa que quienes protagonizaron, y protagonizan, las circunstancias específicas de los problemas autóctonos, sean aquellos que aplicaron su criterio en un sendero que ha marcado de cicatrices a la sanidad astur. Poca memoria queda de aquel Maximiliano Robespierre sanitario, por citar un revolucionario,  que exhibía su propósito en materia de gestión en el salón de actos del Hospital de Cabueñes tras el triunfo socialista de 1982. Su mensaje: el poder para <<los sans-culottes sanitarios>> y el exterminio de los profesionales. Un ejemplo sucinto.

     Ahora, cuando el descontrol político no dispone de dinero, es preciso crucificar de nuevo a los culpables de nuestras desdichas: los médicos.

     En este discurso se afianzó el Consejero de Salud y Servicios Sanitarios de Asturias. Su legitimidad incuestionable pierde sentido cuando el insulto acota el terreno de las razones del poder. ¡No existe la autocrítica! ¡La gestión, por la vía de los gastos es encomiable, el problema son los ingresos! No es objeto de estas líneas realizar un listado a cerca de las ineficiencias ni de los desagües del dinero. Es tan meridiano que cualquier debutante en gestión sanitaria podría disecarlos en escasos minutos. Persisten en lo mismo, ingresar más dinero sin esforzarse en la eficiencia y la optimización del presupuesto.

     La estrategia consiste en proyectar la luz del fracaso sobre los médicos para amortizar la frustración de nuestra sociedad. La conferencia  del señor Consejero de Salud fue ruinosa. Da fe de ello el silencio prolongado del resto del Gobierno ante los improperios del titular de la salud. Su lenguaje montaraz y sus improperios buscaron la diana profesional. Confunde el señor Consejero, el acto ilocutivo de su mensaje, es decir la finalidad que le asigna a su disertación, con el perlocutivo, el efecto que se produce en el receptor: la opinión de los médicos. En su mezcolanza ilocutiva piensa que sus actos declarativos destinados a modificar el estado de las cosas, fuesen al mismo tiempo un acto directivo que obligase al oyente a realizar los designios del orador.  ¡Una falacia descriptiva en términos de lenguaje! 

     Por eso se comporta como un Zapatero sanitario, un outsider de la política que recorre el trayecto contrario al que dicta la razón y el sentido de las necesidades reales. El principio de su acción se sostiene en sustituir sus fracasos deslizando la responsabilidad sobre los que él considera enfrente. ¡Como un miembro distinguido del club de Les Cordeliers!. Hace responsable a los demás de un supuesto uso indebido de fármacos. ¿Qué hacen sus inspectores farmacéuticos al efecto? ¿No está bajo su mando la inspección médica, entre cuyas funciones se incluyen el buen uso y control farmacéutico? ¿Qué medidas pretende introducir para un uso racional de los medicamentos? ¿Dónde se ubica la responsabilidad política de ese gasto que se denuncia?

     Cierto, que es bien sencillo disertar para la prensa y animar el escenario identificando en otros las ineficiencias propias que se tratan de solventar bajo el  eufemismo de optimización de la gestión por la vía recaudatoria. Da la sensación que sus enemigos, por cierto que nadie conoce, le ofuscan la consecución de sus objetivos que pretende atemperar con discursos incendiarios.

       ¡Ya veremos cual será el coste final del nuevo Hospital Central Universitario cuyo deslizamiento presupuestario sube más que el déficit del país! Me atrevo a decir, que no abonaremos menos 600 millones de euros (seiscientos) una vez computados todos los costes, y sus antecedentes, más allá de la simple obra civil. Ha de recordarse que la licitación inicial se movía en los 204 millones de euros, como si esa cifra fuese el coste total del proyecto. ¡Ahí va mi apuesta! Seiscientos millones de euros. No cabe duda, que la aureola del presidente inaugurará, para febrero o marzo del año 2011, el edificio (los ladrillos) y el piso piloto (un prototipo de habitación y un quirófano) ante la sombra amenazante de las elecciones autonómicas. El funcionamiento, dicen con la boca pequeña los que están en la pomada, será para 2013. Si aún hay dinero y llegamos vivos.

     Por eso, el señor Consejero en su discurso, en sus emisiones realizativas de naturaleza insatisfactoria, se enmaraña en la teoría de los infortunios de los actos del habla. Esto es así porque incumple las reglas, especialmente aquella en que se pretende que el procedimiento (concebido en la esfera política) deba de ser necesariamente efectuado por todos los participantes (los médicos). Una concepción intransigente y totalitaria que recuerda a Gabriel García Márquez en el Otoño del Patriarca. En el discurrir de la historia, el viejo dictador obtiene acertada respuesta a su pregunta ¿Qué horas son? Las que usted diga mi general.


Ithacius
Acerca del Autor:

Médico asturiano interesado por la problemática y el futuro de su patria. La nación española requiere, en su opinión, del empuje y aliento de todos. 

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