La gratuidad y el don en las relaciones económicas y sociales
Colaboraciones - Espiritualidad
Escrito por Leandro Benavides   
viernes, 16 de octubre de 2009

ImageEn “Caritas in veritate” de Benedicto XVI se hace mención de la gratuidad como principio a incorporar en la dinámica económica y en la vida social de nuestros días. Como se trata de un principio, se comprende que el Pontífice no entre en concreciones prácticas ni en precisiones técnicas en la aplicación de este principio. Aunque, eso sí, plantea el principio como un gran desafío para el desarrollo en estos tiempos de globalización económica.
 
Literalmente, Benedicto XVI se expresa así:  “en las relaciones mercantiles el principio de gratuidad y la lógica del don, como expresiones de fraternidad, pueden y deben tener espacio en la actividad económica ordinaria. Esto es una exigencia del hombre actual, pero también de la razón económica misma. Una exigencia de la caridad y de la verdad al mismo tiempo.”(CV, n. 36).

Ahora bien, aunque al magisterio del romano Pontífice no le corresponda detallar las modalidades técnicas de llevar a la práctica estos principios tan escuetamente enunciados, ni sé yo que lo hayan hecho los muchos comentaristas de la Encíclica, no creo que esté demás realizar algunas consideraciones al respecto para dar a esos principios algún significado concreto.

Como en la Encíclica se hace referencia a la razón económica de la gratuidad, lo primero que habría que ver es si en la lógica económica capitalista se admite la gratuidad. El capitalismo postula como principios básicos de las relaciones económicas, el intercambio de bienes, el do ut des, la contraprestación, el beneficio, el lucro. El don, el regalo, la gratuidad, no entran en la dinámica capitalista, por lo tanto, en razón de las exigencias formuladas en el documento pontificio, el sistema capitalista quedaría descalificado. Pero no. El sistema económico capitalista es esencialmente el mayor logro cultural inventado por el hombre para resolver de la manera más satisfactoria y eficaz el problema clave para la humanidad: conseguir de manera colectiva los medios materiales suficientes que permitan desarrollar una vida digna a los hombres acogidos a este sistema.

Precisemos un poco más para ver si, pese a lo dicho, el principio de la gratuidad y el don pueden tener alguna cabida en el sistema capitalista. Porque, si no fuera así, el capitalismo ofrecería esa cara inhumana que con frecuencia se le atribuye. Al capitalismo se le achaca desconocer las necesidades de los desheredados, de los económicamente débiles, de los que no tienen nada, o muy poco, que ofrecer a cambio para lograr algún beneficio apreciable del sistema.

En este sentido, lo primero que hay que decir es que el sistema capitalista asegura una primera y básica distribución de los recursos económicos según la lógica del mercado, es decir, del precio y la contraprestación, del interés, del beneficio, y no de la gratuidad. Sin la lógica económica del mercado, el sistema económico capitalista no funcionaría y los inmensos beneficios sociales que de él se derivan, aún para los que no se encuentran en condiciones de responder a sus exigencias, no podrían lograrse.

Pero, una vez asegurado el funcionamiento de la dinámica económica capitalista mediante la institución central del mercado,   --por eso se llama también economía de mercado a la economía capitalista --  el sistema es susceptible de otras redistribuciones complementarias de recursos en atención a necesidades específicas marginales empleando el principio de la gratuidad, de la lógica del don o de la subsidiaridad. Son muchas y muy variadas las formas de aplicación de la gratuidad en las economías capitalistas y, en cada caso, responden a necesidades insolventes económicamente: asistencia social en sus diversas formas, pensiones no contributivas, becas, subvenciones diversas, beneficios fiscales, apoyo a las ONGs, etc. En esta acción redistributiva de segunda fase es donde el capitalismo realiza y puede aún realizar con mayor intensidad y control la preconizada economía de la gratuidad y del don. Sólo un sistema económico eficaz y potenciador de las iniciativas creadoras de los particulares como es el capitalismo se encuentra en condiciones de reasignar medios según necesidades, a diferencia de otros sistemas que han pretendido sustituir al capitalismo en razón de una pretendida mayor justicia. Tales sistemas sólo han conseguido generalizar la miseria y anular la libertad.

Las formas de gratuidad económica que a título meramente indicativo hemos señalado, podrían aún ampliarse: ayudas financieras a los países atrasados, asistencia sanitaria, educativa tecnológica, etc. De todos modos, aunque esas modalidades de gratuidad suelen ser institucionales, no por eso excluyen ni sustituyen a los donativos o prestaciones gratuitas de carácter interpersonal. Estas últimas ponen de manifiesto más directamente nuestra dimensión antropológica. El reconocimiento de que nuestra vida es un don y que el darnos a los demás sin esperar compensación responde a las exigencias de nuestra naturaleza: a imagen de Dios, realidad amorosa, la vida humana se plenifíca dándose.

Finalmente, el reconocimiento del medio natural como un bien gratuitamente recibido nos obliga a guardarlo y conservarlo en las mejores condiciones, no sólo para nuestro disfrute, sino también para las futuras generaciones. Aún sin una obligación estricta ni remuneración económica. Ahí radica el fundamento de la economía ecológica.

Una afirmación final. No cabe duda de que estamos diseñados para el amor y la verdad  –caritas in veritate - , por lo tanto, todo lo que sirva para manifestar esta realidad, sirve no sólo a nuestros semejantes sino también a la sociedad.


Leandro Benavides
Acerca del Autor:
Profesor emérito de la Universidad de Córdoba
Leer Más >>