Mentiroso PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
lunes, 09 de marzo de 2009

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Leo en LNE (08-03-09) “Se buscan nombres para 14 calles”.

Calles todas de héroes ovetenses que, hace setenta años, lucharon con gran valor y casi total ausencia de medios de defensa, contra otros valientes que les superaban en hombres, 10 a 1, y sobre todo en armamento. Todos luchando y muriendo por España y sus ideales.

¿Es qué a los 70 años importa quien tuviese razón? ¿No deberíamos los ovetenses, independientemente de nuestras ideas, estar orgullosos de nuestros paisanos? ¿Es qué de los héroes de mayo del 1808, alguien se preocupa si eran liberales o absolutistas, qué luego lucharían a muerte entre ellos?

Esta sucia comisión ciudadana no tiene el menor prestigio, ni gran parte de sus componentes la menor vergüenza.

Por no alargar la lista de las calles, hasta ahora de nombre glorios, nombremos una.

Capitán Almeida.

Un canalla ignominioso que forma parte de esa comisión, el mentiroso comunista (perdonen la redundancia) José María Laso Prieto, en EL Catoblepas (nº 74), afirmaba en vil calumnia:

“Recuerdo que más de una vez Juan Benito me ha expresado su vergüenza de que, a estas alturas, una calle de Oviedo siga llevando el nombre de Capitán Almeida que fue el responsable del transporte y ejecución de los inocentes que iban a ser fusilados por haberse mantenido fieles a la causa de la República. Es uno de los nombres ignominiosos que la nueva sociedad democrática tendrá que sustituir debidamente”.

«No suele Laso ajustarse demasiado a la verdad, es comunista.
Mire Laso: en Oviedo por razones obvias no fusilaron a nadie antes de la ruptura del cerco, el 17 de octubre de 1936. Estaban los rojos fuera con superioridad aplastante en hombres y medios, con grandes posibilidades y muchas ganas de entrar. No eran nada buenas las expectativas de los sitiados si lo conseguían, así que era más sano esperar y no enfadarlos demasiado con ejecuciones, que luego sí las hubo. ¡Buenos eran ya sin enfadar! Sabían lo que había pasado en Gijón y eso que allí los nacionales no habían fusilado a nadie:

«Y así seguimos un día y otro día, encontrándonos al acudir todas las mañanas al depósito judicial con montones de cadáveres… aparecían formando macabras pilas… el día 14 de agosto con 91 cadáveres, el 21 de mismo mes con 142, el día 27 con 32, el 28 con 20, el 30 con 47, el 6 de septiembre con 25, y otros muchos días con cifras superiores a 10 cadáveres… todavía no constituyen la totalidad de las personas asesinadas en Gijón, pues una tercera parte, o más, de los asesinados fueron arrojados al mar… la inmensa mayoría de las víctimas, presentaban una multiplicidad de heridas… que nos da idea del salvaje ensañamiento… a muchos de Gijón se les llevó a dar muerte a distintos puntos de la provincia… pertenecían (las víctimas) a todas las clases sociales… por último se dio orden terminante de que no fuesen conducidos más cadáveres al depósito judicial» Archivo Histórico Nacional, Causa General, leg. 1.338, notas de Honorio Manso Rodríguez, médico forense del juzgado de Instrucción del distrito de Oriente de Gijón.

El capitán de Artillería, e ingeniero de Armamento, Carlos Rodríguez Almeida, alcalde de Oviedo, murió heroicamente el 16 de noviembre de 1936 intentando apagar un polvorín incendiado por los proyectiles rojos en el número 72 de la calle de Uría, junto con el jefe de Bomberos Luis López Fernández y otros diez bomberos más.
Era el alcalde, no tenía porqué estar allí, pero siendo el más experto y no habiendo agua para sofocar el fuego, acudió, muy consciente de lo que hacía y sabiendo que iba a morir, para dirigir los trabajos de sacar primero los explosivos más peligrosos, lográndolo en gran parte. Por fin el polvorín explosionó causándoles a todos la muerte. Vurro
Mal podía el capitán Almeida, muerto el 16 de noviembre de 1936, ser «el responsable del transporte y ejecución de los inocentes que iban a ser fusilados por haberse mantenido fieles a la causa de la República», el primer fusilamiento fue el 26 de noviembre de 1936.
Así pués el capitán Almeida murió, heroicamente por su España, diez días antes de la primera ejecución y un mes antes de la segunda, ésta ya en grupo. Mal pudo participar en los fusilamientos, que los hubo casi tantos, aunque menos, como en la zona del Laso.

Laso es comunista y su religión le manda mentir si eso favorece a su partido. Decía Lenin que era verdad todo aquello que favoreciese la implantación del comunismo, cito de memoria. No hace otra cosa que ser un buen comunista como lo ha sido toda su vida.

Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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