Buscan en las bolsas de la basura PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
martes, 24 de febrero de 2009

Image Oí hace unos días la noticia de que un Ayuntamiento, harto de que los ciudadanos dejaran las bolsas de la basura fuera de los contenedores, contrató a unas personas para que abrieran estas bolsas, revolvieran en ellas y miraran a ver si encontraban algún papel o huella que les permitiera saber quién las había depositado en la acera. Al tal sujeto se le multaba con 60 €.
 
No entiendo lo hecho por este Ayuntamiento porque el incivismo de unos lo resuelve gastando el dinero de todos en unos sueldos, los de las personas contratadas para escarbar en las bolsas de basura. Me parece algo así como lo del chiste: contratar seis cañones de la armada para que disparen contra las moscas que revolotean pesadas alrededor de uno cuando sale al jardín. No se entiende lo de matar moscas a cañonazos por más que se empeñen en explicarlo mentes preclaras de la política y la administración pública como las que hoy abundan.

Podrían, tal vez, haber creado un moderno sambenito, algo parecido al que se ponía por el tribunal de la Inquisición; o, mejor, un letrero similar al que se colgaba en las iglesias con el nombre y castigo de los penitenciados, en este caso una leyenda que dijese: “señalado por su mal comportamiento como ciudadano” y que hubiese que llevarla obligatoriamente en lugar visible siempre que se transitara por las calles del pueblo o ciudad.

Todo menos las multas, que son el recurso de los bobos, de los faltos de imaginación y de los que están entrenándose para ser unos autoritarios y unos metomentodo. Justo, por cierto, lo que se está haciendo con tanto celo, cuando el gobierno de Zapatero, por la mano ejecutora del Director General de Tráfico, pone radares y multas a todo lo que se mueve.

Dale con las multas. Dale con los controles. Dale con poner radares que frían a tirios y troyanos. Dale con el empeño de tener domesticados y sometidos. Dale con que haya la casta de los que mandan y la de los sometidos. Dale con que el pueblo sea sumiso… y pague.

Somos unos hipócratas. Los radares se ponen porque al gobierno y a los gobiernos autonómicos y a los locales les viene bien que existan, que se multipliquen, porque así recaudan dinero para ir al “spa” (salutem per aquam) y para comprar joyas para la querida, para que sea mejor querida y más fiel. Y las Compañías de seguros los ven bien porque disminuyen los siniestros y, como los ciudadanos seguimos pagando lo mismo por los seguros, ellas ganan más.

Pero la solución, en el caso de los coches que circulan raudos, más de lo debido según la ley o norma, no pasa por los radares y las multas, pasa por prohibir los seguros de automóviles. He dicho por prohibir que se puedan asegurar los automóviles. Sin seguro, el que causa un daño lo paga y si no quiere se le embarga el sueldo y si es insolvente o se empecina en no pagar se le quita de la circulación, se le excluye de la vida en sociedad (porque es anti social), se le manda, en definitiva, a la cárcel. Si esto se hiciera así, todos conduciríamos con sumo cuidado, por la cuenta que nos tiene, y, yendo con todos los sentidos puestos en lo que estamos haciendo, viajaríamos, unos a 120 por hora y otros a 180, según el particular criterio, la capacidad, el vehículo que conducimos y el ejercicio de responsabilidad personal que ponemos al servicio de los demás y de uno mismo. Los hombres seríamos libres y educados y no siervos de un régimen, como ahora; y no estaríamos permanentemente vigilados, como ahora y el derecho, los derechos serían antes de las personas que de las instituciones y del Estado, como ahora. Y daríamos sentido de nuevo a las conquistas que se hicieron con la Revolución Francesa que cambió el viejo orden de castas, de clases, de privilegios de las instituciones por el de los derechos y las libertades de las personas.

Las multas por lo de las bolsas de la basura y las multas de los radares son anacrónicas, son del Antiguo Régimen. Queda dicho y queda dicho lo de la supresión de los seguros de los automóviles. Si no se hace es porque vivimos instalados en la hipocresía y en el mantenimiento de poderosos intereses. Preferimos que haya dinero para seguir comprando joyas para las queridas.


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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