El regreso de san Zenon: doña Bernarda Jiménez PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Ithacius   
domingo, 13 de julio de 2008

En ocasiones, el azar nos domina en un guiño caprichoso a las circunstancias, los designios divinos y la presencia sofocante de la política disminuida. Por circunstancias, que se alejan del vudú de la Hispaniola, había aplazado la resplandeciente lectura de Mario Vargas Llosa: La fiesta del Chivo. Una historia circunscrita al magnicidio de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Mientras leía cómo Agustín <<cerebrito>> Cabral asiste, en la telaraña de su parálisis cerebral, a los reproches de su hija Uranita, un ciclón del Caribe adquiere forma en el 37 Congreso del PSOE.

La secretaría de Integración y Convivencia deposita sus laureles sobre las sienes cultivadas de una doctora dominicana: doña Bernarda Isabel Jiménez Clemente. Sus declaraciones, tal vez cocinadas por el sudor caliente de la designación, adoptan la forma inesperada del exabrupto:<<Me tenéis para que esa España que yo encontré no se repita jamás>>. Más abajo retornaré sobre su enfática declaración.

Sorprende que, dada su procedencia, y las tareas que el secretario general le encargará, no reúna la confianza necesaria para desempeñar la secretaría de Bienestar Social, Empleo e Inmigraciones, que recoge la tarjeta de visita de doña Soledad Pérez, que acumula las dos P: << poder y pasta>>. La integración, la justa, sin excesos, que rondan tiempos de crisis inconfesa.

He leído algunas pinceladas biográficas de nuestra hermana americana. En estas horas, de seguro que los datos son escasos, confusos y probablemente injustos con la doctora Jiménez. Parece que descubrió España allá por el año 1984. ¡Mucha vida laboral! Ahora, con retraso periodístico, lamenta las desgracias que topó. En aquellos años, la inmigración hispanoamericana, con las excepciones dictatoriales de Argentina y Chile, la acometían las clases acomodadas, y los agraciados con becas que buscaban formación en España. Su entrenamiento académico arrumba luz sobre sus posibilidades, al menos a muchas millas náuticas de compatriotas que emigran, justamente, por las urgencias del estómago. El fenómeno migratorio en España, en los términos actuales, empieza a estructurarse allá por el año 1997-1998, así que pocos latigazos racistas ha podido sufrir la nueva prócer socialista, trece años antes. Dieciséis de los veinticuatro costurones de su piel, a uno por año, han de atribuirse al partido que la abraza.

Tengo para mí, que si emigrante en tierra extraña, me sintiese acosado por la nostalgia y la ofensa, retornaría a mi patria libre de la delgadez de mi cartera y los posibles de una profesión hermosa, a la Republica Dominicana. El concepto del sacrificio estéril lleva a doña Bernarda a enraizarse lo suficiente hasta obtener la nacionalidad española. ¿En qué quedamos, no es esta tierra de despreciables españoles? Desconozco la gozosa libertad que vivía en su país embellecido con las delicias del doctor Joaquín Balaguer, cabeza extraordinaria que sirvió al dictador Trujillo y fue su alter ego hasta bien discurridos los años 90 del pasado siglo. Pero, nuestra incipiente secretaria prefirió la villanía hispánica a la entrega, en el retorno natural, de su país estremecido por la desgracia y la pobreza solemne. ¡Aquí se vive bien, allá demasiada miseria! ¡Con algunas visitas, y estancias cortas, ha de cubrirse el expediente progresista! Allá podría enfrentarse a los desastres conducidos por una clase política cuya transparencia ensombrece el alma y los ciclones que asolan un país de arquitectura limitada.Image

Es posible, que se ocupe de explicar, a sus compadres de infortunio, del drama y la desesperación, el beneficio de la directiva del retorno de los emigrantes, ayer xenófoba para el PSOE, hoy <<un avance progresista>> para el ínclito ZP ¡Explícamelo Jiménez! ¡Ustedes váyanse a sus países, les dirá doña Bernarda! Acá, poco se les ofrece, atención médica gratuita, colegios, subvenciones públicas y la tranquilidad de nuestras calles y plazas, aunque sean ilegales. ¿Dónde hallarán las mismas cosas sin doblones de oro en las alforjas? ¡Sólo en éste aborrecible país llamado España!

Mi respeto, a los procesos migratorios, alcanza al reconocimiento y la acogida a compatriotas que, aún en la oposición política más distante de quien escribe, hallaron patria y acogida fraterna en las américas. Otros, en décadas más cercanas, transitaron por los andenes de media Europa tras una hogaza de pan y un giro, de escasas pesetas, que enviar a los desnutridos de nuestros pueblos y ciudades. Por eso, por el respeto, y la reducida Educación que adquirí en colegios públicos españoles, más por mis limitaciones que posibilidades ofertadas, aprendí que se ha de tener respeto, especialmente en casa ajena. ¡No se convierta en huésped al anfitrión! Acá, como dicen allá, existe seguridad jurídica, que salvaguarda los excesos existentes, con los modestos hijos de la inmigración ¡No sé cómo se adoctrina en aquellas tierras, que pierde sus escasos talentos en la envejecida Europa!

Este huracán, la doctora Jiménez Clemente, tiene el ojo anidando en la Moncloa, en un proceso de aspiración del voto emigrante camino de los Ayuntamientos. En tanto, el Partido Popular, a la suya, que nadie sabe cuál es, rechazando las señales, como el 4 de septiembre de 1930, Santo Domingo ignoró al ciclón San Zenón. La imagen que se acompaña ilustra los resultados. Cuentan, las estadísticas de la época, cuatro mil muertos, al sonido de la diversión en <<bares y cafetines de la zona de Timbeque, al final de la calle Barahona>>. ¡Vaya vaina, compadre!

 
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