La guerra civil española (1936-1939) fue, ante todo, una contienda entre revolucionarios y contrarrevolucionarios. Los partidarios de la Revolución, integrados por la parte principal del Frente Popular más anarquistas y otros grupos, creían muy injusto el reparto de la riqueza (que en esos momentos no era mucha) imperante en España por lo que, al ver que, o no ganaban las elecciones o, de hacerlo, tenían que gobernar junto a los republicanos burgueses, se lanzaron a conquistar el poder mediante el uso de las armas: octubre de 1934, primavera de 1936...
Se puede discutir si ese orden social era tan injusto (en todo caso más en el sur que en el norte de la península, donde la mayoría de las personas acomodadas habían trabajado muchísimo, ellos o sus padres, para conseguir lo que poseían) como creían, pero lo que sí me parece muy claro es que el empeño no merecía la pena pues esa revolución era inviable ya que los Estados poderosos de un Occidente partidario de la propiedad privada no iban a dejar que cayera en manos de revolucionarios una nación tan estratégica como España, con una costa muy extensa, importante y que domina el estrecho de Gibraltar, uno de los pasos más importantes del mundo. Stalin, el principal valedor del Frente Popular, que estudiaba detenidamente en qué países actuar, debió de darse cuenta de que la posesión de España no iba a ser posible y en todo caso se esforzó poco en enviar refuerzos al bando revolucionario; además, sus subordinados en España se opusieron en junio de 1937 al bombardeo de la flota alemana en el Mediterráneo (propuesto por Indalecio Prieto tras el bombardeo teutón de Almería), medida que con mucha probabilidad hubiera internacionalizado la guerra. Como comparación, es bien sabido que Grecia, un país costero como España, fue la nación de la Europa oriental cuyo control Stalin no quiso disputar a Gran Bretaña y Estados Unidos durante la segunda parte de los años 40.
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