Liberalismo, Democracia y República PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Fernando Álvarez Balbuena   
jueves, 27 de mayo de 2010

Image Incluso ente gentes que se reclaman“de derechas”, viene extendiéndose desde hace ya un cierto tiempo, la idea de que la monarquía en un próximo futuro (cuando ya no esté Don Juan Carlos),  será cosa del pasado y progresaremos hacia una Tercera República que será, según dicha opinión reiterada, un régimen mucho más democrático y mucho más liberal y, desde luego, mucho más racional que la monarquía, a la que tildan de antigualla política y, encima, muy cara, al tener que soportar con nuestros impuestos los que dicen ser ingentes gastos de la realeza, la cual no es sino una familia de parásitos que no sirven absolutamente para nada.

Se salva de ésta feroz crítica el rey Don Juan Carlos, por la simple razón de que lo ha hecho bastante bien y, por lo tanto, aunque no sea lo mejor para la modernidad política a la que aspira España, es un mal menor… Pero el niño, que ni está ni va a estar a la altura de su padre, es carne de exilio y se verá desposeído de las prebendas, privilegios y consideraciones que injustamente ostenta como príncipe heredero que, desde luego, no llegará a reinar. 

Todo este oscuro panorama está muy bien tramado por una oculta y astuta mano izquierda que lanza mensajes subliminales, como por ejemplo: que la modélica transición del franquismo a la democracia es obra del inteligente pueblo español y es hija de la segunda república. Esta fue modelo de libertades y de democracia y que, por lo mismo, ya no se puede sostener una institución impuesta por Franco, aquella fiera salvaje, aquel asesino despiadado, aquel sangriento y cruel personaje que nos tuvo sufriendo como esclavos durante sus nefastos cuarenta años, infligiéndonos castigos, muertes y sacrificios contra los que no nos atrevimos a protestar en su tiempo, por la sencilla razón de que quien se atreviera a criticar en lo más mínimo al régimen era inmediatamente represaliado con el ostracismo, la cárcel o, si alzaba demasiado la voz, con el pelotón de fusilamiento. 

Así pues la monarquía queda descalificada y condenada a su desaparición, con la cual todos entraremos en una época de felicidad social solamente comparable a la que nos brindaron las dos repúblicas anteriores, la primera con su año escaso de duración que nos brindó guerras civiles, rebeliones fiscales y cantonalismos revolucionarios (17 estados, igual que las actuales 17 autonomías) gobernada, como decía Luis Coloma: 

 “por esa gentecilla ruin que se ha apoderado de España y la desangra como una plaga asquerosa de pulgas a un león enfermo” 

Y también por la segunda, con sus democráticos dirigentes que inventaron y pusieron en práctica durante ocho años la Ley de Defensa de la República, que autorizaba al gobierno a hacer lo que le diera la gana con los desafectos, cerrando periódicos sin explicación y a capricho o encarcelando sin formación de proceso legal a quien manifestara simpatías por el régimen anterior, siguiendo a poco de su instauración con las matanzas de curas, frailes y monjas, las quemas de iglesias y conventos, asesinatos de los desafectos, como Calvo Sotelo o el propio Melquiades Álvarez, y otras gentes de bien que habían aceptado la república de buena fe, como Don Manuel Wes, director-propietario de La Voz de Avilés, a quien desposeyeron del periódico y le pegaron cuatro tiros los valientes y heroicos milicianos del Frente Popular. 

Ellos mismos no sabían que hacer con el poder que les habían regalado los monárquicos, tan tontos los de entonces, como los de ahora que creyeron y creen que la república puede ser una solución viable. Entre ellos mismos, armaron los Largo, los Prieto, los Azaña y tantos otros que harían una lista interminable, la revolución de 1934, contra su propia republica y con la idea, por parte de Largo y sus huestes socialistas, de hacer de España un modélico y feliz estado soviético, hasta que las cosas reventaron, como no podía ser por menos, en una catastrófica guerra que, a lo que hoy parece, fue culpa exclusiva de las derechas que soñaban con una España fascista. 

Solo la ignorancia mas estulta puede pensar que un nuevo ensayo republicano nos va atraer la felicidad, sin darse cuenta de que la república sería otra vez “merendada” por una izquierda revanchista y ávida de poder absoluto, cuyo respeto por las libertades ya puso bien de manifiesto siempre que tuvo la oportunidad de gobernar, tratando de eliminar cualquier oposición y cualquier discrepancia. 

Existe un movimiento innegable antiaristocrático. No solamente contra la aristocracia de la sangre, sino también contra la del dinero y, lo que es peor, contra la de la inteligencia. Ahí esta la Educación para la Ciudadanía, cuya feroz imposición demuestra sobradamente el talante de una izquierda que trata de fabricar borregos aleccionados. Estos podrán pasar de curso con cuatro asignaturas pendientes y confiarán en que la solución de los problemas de España pasa por el matrimonio homosexual, el aborto, la eliminación de los crucifijos y la negación absoluta de la civilización cristiana. La finura de espíritu, los buenos modales, el respeto a los mayores, la civilidad heredada de la cultura clásica griega y romana, son  un pesado lastre para el progresismo militante y, entre las instituciones que recuerdan lo refinado, está, desde luego, la maldita monarquía que el inefable Cayo Lara, paradigma de bondades y de pedestrismo, ya le ha explicado al rey cómo va a ser destruida. 

Nadie se mal engañe, no se podrá ser republicano y liberal, menos aún de derechas. Existe en España una clara contradicción en los términos y si las dos primeras repúblicas nacieron escoradas a la izquierda, la tercera no estará escorada, sino que será de izquierdas, porque las propias izquierdas hoy en día, ya salen a la calle en sus manifestaciones sindicales y políticas enarbolando banderas republicanas y el grito socialista, comunista y anarquista, ya oído en la transición: “España mañana será republicana” está presente en el ideario de estas fuerzas políticas. Esta izquierda, nadie lo dude, aguarda con impaciencia una nueva oportunidad que si Dios (¿qué Dios, dicen ellos)? no lo remedia, nos hará revivir episodios de infausto recuerdo. 

Nuestra inhibición y nuestra estupidez, nuestro inconcebible entreguismo y nuestra facilidad para ser engañados, nos hará volver a comulgar con ruedas de molino y caeremos en la trampa falsamente democrática de pensar que es peor un rey que lo sea de todos los españoles que un presidente que, al fin y al cabo, lo será solo del partido o de la facción  que lo elija. En cualquier caso no más de un 50% . 

El gran pensador, republicano por cierto, Don José Ortega y Gasset, pronunció aquella memorable frase: “delenda est monarchia”. No pasó mucho tiempo sin que se arrepintiera y con él también aquellos otros intelectuales de su misma cuerda como Marañón, Pérez de Ayala y quienes fundaron la “Agrupación al servicio de la República”. Esta pléyade  de ilusionados visionarios, en cuanto vieron el desastre que se les echaba encima huyeron literalmente de la España republicana, para venir al final de la guerra civil a besarle las manos al asesino de Franco.

Por cierto: el eximio poeta Federico García Lorca, huyó también despavorido de aquel idílico Madrid republicano, demócrata y liberal, pero no por miedo al franquismo, entonces todavía no había llegado a la capital y su triunfo era más que problemático. Huyó por terror a los milicianos y chequistas que habían empezado una oleada de terror y de asesinatos. Pensó que en su Granada natal estaría mas seguro. Tuvo la mala suerte de que el animal de Gonzalo Queipo de Llano (también republicano, aunque no rojo) y su representante militar en Granada, considerasen al poeta como una amenaza y lo liquidaron.

Este desastre y muchos otros se larvaron en aquellos infaustos momentos, pero una cosa sí es cierta: La monarquía no hubiera asesinado jamás a Federico.

¡Qué cosas!


Fernando Álvarez Balbuena
Acerca del Autor:
Licenciado en Derecho y doctor en Ciencias Políticas. Empresario de Avilés.
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