Urogallo de bronce para el Regimiento Asturias PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Honorio Feito Rodríguez   
jueves, 29 de abril de 2010

Image El Centro Asturiano de Madrid ha hecho entrega del Urogallo de bronce, con mención honorífica especial, al Regimiento de Infantería Mecanizada,  Asturias 31. No es la primera vez que ambas instituciones se reúnen para reconocerse mutuamente, y espero que no sea la última. No es frecuente que una institución centenaria o no, de índole civil, mantenga una relación cordial con el Ejército o alguna parte de él, por la sencilla razón de que, con el Ejército, o una parte de él, simplemente no hay mucha relación desde la sociedad civil en los tiempos actuales. Esta es una de las fechorías de los demócratas de nuevo cuño que, cuando vislumbraron el camino, se aprestaron a descalificar, o a mal calificar, a los militares. Durante años hemos visto las advertencias de muchos politicastros sobre el peligro de los militares. Incluso se nos ha avisado sobre posibles ruidos de sables, como un preludio de amenaza para nuestra democracia joven y virgen. La democracia nuestra ya no es tan joven y de su virginidad más tienen que hablar los políticos que los militares. Pero hoy no voy a escribir de política. 

El general de división, Ramos Oliver, amigo de Asturias y asturiano de adopción, que fue teniente coronel del Regimiento, glosó la historia de esta unidad militar que lleva el nombre de nuestra tierrina por el mundo, desde hace ya algunas centurias. Tiene de apodo "El Cangrejo", porque nunca da la espalda al enemigo, e incluso existe una Orden del Cangrejo. Acciones heroicas, que en el mundo de hoy suenan a fantasía, protagonizadas por esta unidad de nuestro Ejército en los cinco continentes; intérprete de grandes gestas y firme en sus convicciones de sobreponerse a los elementos, al desasosiego y a las adversidades.  

El premio otorgado el pasado jueves al Regimiento Asturias, el urogallo de bronce con mención honorífica, es una talla en bronce realizada por el escultor asturiano José Luis Fernández, y con este premio, el Centro Asturiano quiere reconocer a aquellas instituciones o personas que llevan el nombre de Asturias por el mundo, como ha hecho esta unidad en sus trescientos años de existencia. La larga nómina de sus coroneles, desde su primer mando, el maestre de campo don Álvaro Navia Osorio y Vigil de la Rúa, cuando el Asturias era Tercio, antes de la denominación actual, se han destacado por representar los dos perfiles, descritos en el párrafo anterior.  

He repasado estos días, de forma apresurada desgraciadamente, dos publicaciones que sobre el Regimiento Asturias han visto la luz hace algunos años. La primera es obra del general Calero Torres, que fue coronel del Regimiento entre 1992 y 1994. La segunda corresponde al ciclo de conferencias celebradas durante los actos del III Centenario del RIMZ Asturias 31. Del primero extraigo, también apresuradamente, algunos de los nombres de la relación nominal de los coroneles. Están elegidos al azar, y no me mueve otro interés en destacar a estos y no al resto, que dejar unas breves pinceladas sobre el carácter de los hombres que han dirigido al Regimiento a lo largo de su historia centenaria. 

D. Sebastián de Eslava y Lazaga, por ejemplo, ascendió a general, como la mayoría de ellos, y fue virrey de Nueva Granada. Había estudiado en la Real Academia Militar de Barcelona. En América, además de sus compromisos políticos, fundó hospitales y villas, construyó carreteras e iglesias y pacificó a los indios. Fue nombrado, a título póstumo, marqués de la Real Defensa de Cartagena de Indias. Había sido coronel del Regimiento Asturias desde 1717 hasta 1735, sucediendo, precisamente, a don Álvaro de Navia-Osorio. Don Felipe Cagigal de la Vega mandó desde 1762 hasta 1777. De su extensa biografía podríamos destacar que fue capitán general de Extremadura; teniente general, gobernador militar de las plazas de Pamplona y Lérida, caballero de la Orden de Santiago y gentilhombre de cámara de S.M.  Había comenzado su carrera como cadete del Regimiento de Portugal y fue comisario de Guerra. Don Basilio Gascón tuvo inquietudes culturales y, como prueba de ello, fue la traducción del francés de la obra Observaciones sobre el arte de hacer la guerra, siguiendo las máximas de los grandes generales, en 1773, según recoge Olivares Poza en su obra Libros de Arte y Ciencia Militar, de la Biblioteca de la Universidad Complutense. 

D. Gonzalo O´Farril tenía ascendencia irlandesa, como muchos conocidos militares de nuestro ejército a lo largo de los siglos XVIII y XIX, pero era nieto, por línea materna, de los IV marqueses de Villalta. Fue teniente general, director del Colegio Militar del Puerto de Santa María y del Real Cuerpo de Artillería, e inspector general de Infantería, comisario regio, ministro extraordinario en Prusia, ministro de la Guerra y presidente del Consejo. Fue también miembro de la Junta Suprema de Gobierno cuando Carlos IV abandonó España.  

No puedo evitar, en lo que constituye el periodo constitucional de 1823, la cita de don Rafael del Riego, natural de Tuña (Tineo), que el 1 de enero de 1820 protagonizó el alzamiento de esa fecha, dando comienzo al llamado Trienio Liberal. Tampoco puedo evitar la cita de don Fernando Miranda de Grado, de ilustre familia con solar en Trubia, lugarteniente de Riego, al que algunos otorgan los arreglos de la música del Himno famoso cuya letra compuso el teniente coronel D. Evaristo Fernández San Miguel, y que se fue a terminar sus días, discretamente, a París. Pero como contrapunto a esta historia liberal, tengo también que citar a don Antonio Díez Mogrovejo, que fue coronel en 1854 y 1855, tiempos también convulsos en nuestra Historia, y que abrazó más tarde la causa carlista, llegando a ser secretario del pretendiente, tras participar en la tercera de estas guerras civiles, para regresar a España acogiéndose a la amnistía correspondiente para morir en su casa de Madrid en 1883. 

El catalán D. Enrique Barges Pombo se enfrentó, tras pasar por el Asturias, con el propio Maceo, líder de la independencia cubana y fue capitán general de Granada y Cataluña. Don Guillermo Pintos Ledesma fue coronel entre 1902 y 1906. Hizo la campaña de África y encontró la muerte en la acción del Barranco del Lobo. Cuajado en mil batallas, hizo la tercera guerra carlista y estuvo en Filipinas y en Cuba. En Filipinas salvó la vida de un condenado a morir a garrote vil, pero no le tembló el pulso para sofocar una rebelión islámica en Malbang, en la isla de Mindanao. Más tarde, junto al general asturiano Suárez-Inclán, y otros, participó en la campaña de Cuba enfrentándose a Maceo. Un caballero, un prototipo de militar al que la prensa de la época valoró como tal y que, en una ceremonia de despedida con el rey, manifestó a éste su preocupación por la suerte que podrían correr su mujer y sus cuatro hijas si él caía en campaña, ofreciéndole Alfonso XII, según las crónicas de la época, su ayuda si esto ocurría, como ocurrió. Le sucedió en el Regimiento, don Fernando Moltó Ocampo, miembro de una saga de militares, que llegaría a general de Brigada honorario por R.D. de 1935, y que fue ejecutado en agosto de 1936, por un grupo de milicianos, en San Pedro del Pinatar (Murcia).  

Don Fernando Lambea Massa, en los primeros años de la década de los cuarenta, sería el primer jefe del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Arcila número 9, después de cesar en el Asturias. Fue general y subinspector de Baleares y estaba casado con una hija de la marquesa viuda de Casa Delbrull. 

De épocas más recientes podemos citar a don Jaime Milans del Bosch, miembro de una familia de militares que ha ocupado puestos en el generalato desde el siglo XVIII, a quien los sucesos del 23 F no han dañado su imagen ni su Hoja de Servicios; y, por último, citaré a don Luis Sáez Larumbe, que fue teniente general y de los primeros militares en recibir cursos en Estados Unidos. 

Las citas esconden muchos más nombres que los que he mencionado y, entre la larga relación de tenientes coroneles, podríamos llenar las páginas de un libro no pequeño, glosando las gestas y las capacidades de los hombres que han mandado este Regimiento a lo largo de sus más de trescientos años. 
 

Honorio Feito Rodríguez
Acerca del Autor:

Periodista nacido en Meras (Valdés).Ha escrito varias novelas. Ha ganado el premio del Banco Hispano Americano con “Los Invitados (1983). Ha escrito la biografía  “Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado”.

Actualmente tiene en imprenta un libro sobre los asturianos en el Congreso y en el Senado.

 
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