Margarita Nelken: la femicida PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Luis Español Bouché   
martes, 04 de diciembre de 2007

Las etiquetas que usamos para calificar, describir y categorizar resultan insuficientes, y lo que es peor, falsas.  ¿Ser mujer es un indicio de feminismo? Cuando vas a alguna asamblea o congreso feminista, observas que la inmensa mayoría de los presentes son mujeres. Y siendo miembro del sexo feo, me pregunto: ¿me inhabilita mi género para ser feminista? ¿Acaso entre los grandes autores de textos feministas no contamos con varones tan distinguidos como Stuart Mill, en Inglaterra, Giner de los Ríos y los institucionistas, partidarios de la educación femenina o Julián Juderías, gran propagandista contra la prostitución?
Y entre las supuestas feministas, hay auténticas femicidas, mujeres que han defendido el exterminio de otras mujeres que no pensaban como ellas. Una de ellas es Margarita Nelken.
Comentaba hace una semana, al alimón de la Memoria Histórica, que al ilustre Rufino Blanco, apacible pedagogo, el PSOE le quiere quitar su calle en Madrid, por haber cometido el terrible pecado de no haber sabido esquivar las balas de unos organizados espontáneos en 1936. Los detuvieron a él y a su hijo Julián en su casa, los llevaron a la checa de Fomento — círculo de Bellas Artes— y días después los mataron a los dos. Por el mismo pecado le quieren quitar su calle a don Pedro Muñoz Seca, culpable de habernos hecho reír con su Venganza de Don Mendo. En cambio a nadie le preocupa que Margarita Nelken tenga calles y Centros Culturales con su nombre. Nelken era una mujer culta, autora de distintas obras, pero que presentaba un defectillo sin importancia: era una perfecta psicópata, una versión con faldas de Robespierre. Su vocación sanguinaria es el equivalente, en el lado republicano a las atrocidades radiofónicas de Queipo de Llano o las proclamas del Caudillo. En el diario Claridad, órgano oficial del PSOE, de la tendencia de Largo Caballero, Margarita le hizo sentidos homenajes a Fernando Condés, el asesino de Calvo Sotelo, y proponía exterminar a las mujeres identificadas con el bando nacional. Véase por ejemplo su artículo “Las hembras de los señoritos”, en Claridad, (28.8.36, págs. 4 y 5).

Las hembras de los señoritos: “Allí las tenéis, en los atardeceres sevillanos, paseando con algazara por calle de Tetuán con sus estampitas del sagrado corazón y sus lacitos bicolores al pecho. Se dicen católicas y monárquicas. Vitorean a España y a  Cristo Rey, y en su representación máxima, al ex general Queipo de Llano. Porque la máxima representación de su España y de su religión es un oficial traidor, sádico y borracho. [...]
Allí las tenéis. Sin equivocarnos podríamos citarlas una por una como las enumera el pueblo sevillano, el verdadero pueblo de Sevilla, en esa lista grabada en su memoria y cuya cuenta habrá de saldarse inexorablemente. Ya falta menos. Cuando llegue el momento no faltarán, de seguro, gentes sencillas, gentes todavía liberales, para implorar piedad para las mujeres. Ese día habrá que establecer la diferencia —rotunda, infranqueable— entre las mujeres y las hembras; entre las compañeras y madres de los hombres y las jaleadoras de los señoritos. Y para que nadie se llame a engaño, para que nadie pueda entonces hablar de crueldades inútiles, bueno será frente a esa lista de hembras de señoritos —las dignas hembras de los cazadores de obreros y campesinos—, estampar en letras imborrables el nombre de mártir de la esposa del doctor Ari[¿aga?] a quien los señoritos sevillanos fusilaron, con su hijito dentro de las entrañas, en pleno puente de los Remedios, por el hecho de ser la compañera de un comunista.
¿Venganza? ¿Represalias? No digas cosas absurdas, camarada [qué] todavía eres liberal A las alimañas se las aplasta por eso: porque son alimañas. Y a las fieras dañinas para el hombre, el hombre consciente debe suprimirlas para salvaguardia de la humanidad. Allí las tenéis, camaradas. Allí habréis de encontrarlas”.

¡Toma feminismo!
Al igual que en el bando nacional se quiso fusilar a Antonio Garrigues por sugerir una paz negociada, Nelken sólo acepta la santa intransigencia. Su concepto de guerra es el de una guerra total, a degüello, muy en la línea del propio Franco, de Queipo y de los demás criminales del bando nacional. Así que dos semanas más tarde, también publicó Nelken en Claridad  “De los frívolos y los neutros” (10.09.36)

De los frívolos y los neutros. “[...] Estamos en guerra. La tibieza para con el enemigo, la falta de intransigencia en guerra no se llama neutralidad, sino de otro modo Y este otro modo, bajo ningún pretexto, ni el de la amistad ni el de los vínculos familiares puede consentirse ni disculparse”.

Un mes más tarde, Nelken publicaba en Claridad otro artículo incendiario “¡Pena de muerte al enemigo emboscado!” (9 de octubre de 1936)

Pena de muerte al enemigo emboscado: “Cuenta bulos, que algo quedará, es una verdad como un templo. Que algo quedará entre las gentes de buena fe, por supuesto, que entre las otras queda el bulo entero para seguir rodando por esos mundos de fascistas emboscados o disfrazados de “apolíticos”. [...] Porque frente al bulo, no cabe más respuesta, más discusión ni reacción que ésta; mandar detener inmediatamente, sin contemplaciones de ninguna clase al bulista. [...] Lector amigo, créeme, hay muchas armas para defenderse del fascismo, así como el fascismo emplea toda suerte de armas para procurar vencer. Para rechazar sus ataques, sean del género que fueren, no vaciles: emplea el arma más decisiva, la más inexorable. Al que cuenta bulos, por muy inocente o bien intencionado que parezca, sin contemplaciones, mándale detener. Que se investigue la filiación política anterior al 16 de febrero, del bulista; y si da la casualidad —que da casi siempre— de que ese señor tan bonachón o esa señora tan bien intencionada, tuvieran en su haber actividades derechistas o ligaduras familiares con enemigos declarados del régimen, pues ya lo sabes lector. No te remuerda la conciencia, por que, gracias a ti, quede inutilizada una de las armas de que se servía el enemigo. Que estamos en guerra, y el inutilizar el mayor número posible de ellas es deber de todo combatiente, de vanguardia o de retaguardia”.

Precisemos que los “enemigos declarados del régimen”  eran, por ejemplo, los religiosos, miembros de la nobleza, la burguesía, etc. Nelken pedía la muerte para los parientes de los enemigos, el sobrino del cura o la prima del cocinero falangista. El límite es el cielo. No cabe duda de que Nelken no aceptaba medias tintas. Finalmente, otro artículo suyo, “Gora Euzkadi”, aparecía  debajo del impresionante titular  a dos páginas del mismo periódico, que reproducía en el ya citado artículo la semana pasada: “Hay que exterminar a todos los fascistas; a los que se han sublevado y a los que no se han sublevado”.
Hay quien opina que Nelken tuvo un papel principal en la matanza de Paracuellos, pero no quiero reflejar opiniones que no se puedan sustentar en datos fehacientes y sí me he limitado a reproducir artículos que se pueden consultar en las hemerotecas. En concreto, estos ejemplos están tomados de los microfilmes de Claridad que custodia la Biblioteca Nacional. En cualquier caso, ¿se merece una calle Margarita Nelken?


Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
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