Las leyendas negras son una cuestión de plena actualidad, como lo es toda la propaganda negativa. Si diéramos crédito a algunos “forjadores de opinión”, nunca los americanos han sido más tontos ni malvados, ni los judíos tan judíos, ni la derecha tan fascista, ni la izquierda tan fanática, ni la masonería tan omnipotente y perversa…
Pensar no está de moda -nunca lo ha estado- y cada día pensamos menos; así que recurrimos al insulto sistemático, entre otras cosas porque ya no tenemos tiempo para leer, mientras que alimentar los prejuicios resulta baratísimo y es casi instantáneo. Decía Talleyrand “decid siempre la verdad, no os creerán jamás”. El corolario sería “mentid mucho, os creerán siempre” y por eso la mentira, cuanto más gorda, cuanto más increíble, cuanto más absurda, más partidarios tiene. Por eso el
Código da Vinci es un superventas.
En consecuencia, las leyendas negras, la opinión utilizada como arma arrojadiza, es un fenómeno que va en aumento

las leyendas negras, la opinión utilizada como arma arrojadiza, es un fenómeno que va en aumento
y creo que sería interesante decir algunas palabras al respecto.
La totalidad de las enciclopedias atribuyen el origen de la expresión a la publicación del famoso ensayo de don Julián Juderías,
La leyenda negra (1914), pero eso no significa que Juderías fuera el inventor de la fórmula. En un trabajo reciente* destaco el ilustre precedente de Vicente Blasco Ibáñez, cuando titulaba una de sus conferencias de Buenos Aires, en junio de 1909, como “La leyenda negra de España”. Ni Juderías ni Blasco se atribuían el origen de la expresión, porque otros autores la habían utilizado antes. Entre esos autores se encuentra Emilia Pardo Bazán, tantas veces pionera en el campo de las letras.
En una conferencia en París, en 1899, doña Emilia se despachaba contra la leyenda áurea, visión optimista de España y de los españoles, a la que atribuía nuestros males y afirmaba que el 98 suponía nada menos que el final de la leyenda dorada española.
“Para resumir: España desde esta deshecha borrasca en que lo ha perdido todo, también ha perdido su leyenda […]”.La visión que daba doña Emilia de España no podía ser más amarga. Durante la misma conferencia aludió a la otra leyenda, la contraleyenda, la leyenda negra. Recojo sus palabras, poco conocidas, publicadas primero en la prensa francesa y luego, traducidas por Arturo Campión, y editadas en Madrid (1900):
“Y pues mi sinceridad me autoriza, tengo derecho a afirmar que la contraleyenda española, la leyenda negra, divulgada por esa asquerosa prensa amarilla, mancha e ignominia de la civilización en los Estados Unidos, es mil veces más embustera que la leyenda dorada. Esta, cuando menos, arraiga en la tradición y en la historia; la disculpan y fundamentan nuestras increíbles hazañas de otros tiempos; por el contrario, la leyenda negra falsea nuestro carácter, ignora nuestra sicología y reemplaza nuestra historia contemporánea con una novela, género Ponson du Térail, con minas y contraminas, que no merece ni los honores del análisis. El tal novelón nos ha perjudicado, pues por absurda que sea la calumnia, siempre habrá quien la crea y propale; pero nada hubiese podido la calumnia contra nosotros, si nuestros yerros no colaborasen con nuestros calumniadores para llevarnos al abismo”.Otros autores como Adolfo Posada, Eduardo González de Baquero y los ya citados Pardo Bazán, Blasco Ibáñez, y el propio Juderías usaron “leyenda negra” entre 1900 y 1914. La expresión se popularizó sobre todo a partir de la segunda edición de la obra de este último, de 1917, que es la base de todas las ediciones posteriores.
Lo singular del asunto estriba en que en su día se le reprochó a Julián Juderías intentar establecer una leyenda áurea a base de criticar la leyenda negra, cuando, por lo que vemos, ocurrió exactamente lo contrario: en el marco de una crítica a la leyenda áurea surgió el concepto de leyenda negra.

en el marco de una crítica a la leyenda áurea surgió el concepto de leyenda negra.
Ese, además, era el camino lógico. La expresión “leyenda negra” es una contraposición de “leyenda dorada”, y esa otra fórmula es al menos tan antigua como el clásico de Santiago de la Vorágine, del siglo XIII, la
Legenda Sanctorum (lecturas sobre los Santos), uno de los libros más copiados de la Edad Media que se editará en el siglo XV como Legenda Aurea Sanctorum. Entre los incunables de las bibliotecas españolas, se conservan ejemplares de al menos 28 ediciones –la mayor parte alemanas- publicadas entre 1477 y 1499.
Es por lo tanto muy probable que existan en latín, en español o en otras lenguas modernas, ejemplos de la fórmula “leyenda negra” anteriores al siglo XX. Mientras no sepamos más, corresponde a doña Emilia Pardo Bazán la autoría de una expresión que cada día se utiliza más, y no sólo en nuestro idioma.
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Leyendas Negras: vida y obra de Julián Juderías: la leyenda negra antiamericana, Salamanca, Junta de Castilla y León: Consejería de Cultura y Turismo, 2007, ISBN 978-84-9718-444-1