El método positivista es inductivo, por consiguiente extrae conclusiones generales de la observación de casos particulares. Este método presenta tres talones de Aquiles: uno es que nuestra percepción sensorial es imperfecta, otro es que pasa por alto la existencia de hipotéticos casos particulares que violan la norma general, el último es que la observación y discernimiento racional de ciertos casos complejos puede no permitir extraer relaciones claras entre causas y efectos.
Una subida que nos dirán es culpa de las empresas, nos dirán que el marcado no funciona, nos dirán que si no fuera por el estado no tendríamos energía eléctrica, que no se haría determinadas obras necesarias para garantizar el suministro. Patrañas y puñetas, ambas con “ñ”, como demostración de lo bien que sabemos los españoles calificar ciertos engaños, también con “Ñ”.
La explicación de ésta subida es mucho más sencilla, vamos pagando poco a poco las desatinadas intervenciones empresariales del gobierno de España, que en su afán intervencionista jugó a aprendiz de brujo con ls eléctricas y la lió. Teníamos una empresa potente en la que quiso intervenir, y ante la resistencia de ésta, hizo lo posible por lograr entrar en ella a través de sus empresas amigas del sector del ladrillo, y para eso ignoró que la economía, incluso la regulada, tiene sus reglas.
Expresiones del estilo de “hace treinta años que no nevaba tanto en San Sebastián” y otras por el estilo, nos traen a la realidad de forma tan contundente como cíclica, lo falaz del cacareado y no probado cambio climático.
Nos dirán, como siempre, que la excepción confirma la regla; es la forma más fácil de ignorar los datos contrarios a esa religión del siglo XXI que es el ecosocialismo.
Tras haber guardado en el cajón, olvidados durante los últimos tres o cuatro años los gases CFC, el aumento del CO2 y el altisonante efecto invernadero, vuelven a ello con ocasión de la Cumbre del Clima de Copenhague.
El motor de la acción empresarial humana es siempre la maximización del bienestar; es decir, pasar de un estado menos satisfactorio a otro más satisfactorio. El empresario individual o la empresa societaria cuya acción en búsqueda de la maximización de su bienestar no tenga límites éticos o morales propios, o límites legales impuestos por otros, puede muy bien ocasionar daños a vida, libertad o propiedad de otros individuos o empresas.
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