Homeschooling y división del trabajo PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Juan Morillo Bentué   
domingo, 07 de diciembre de 2008

ImageRecientemente leí un interesante artículo de Joaquín Santiago en el Instituto Juan de Mariana y reproducido en Asturias Liberal titulado Educar en Casa. En uno de los comentarios, José Carlos Rodríguez comentaba que, pese a que él apoya totalmente la libertad de educar en casa, considera que esto supone un “paso atrás en la división del trabajo”. Creo que es erróneo plantear esta idea en el actual debate, ya que su formulación lleva implícita otra idea que considero equivocada: que el ser humano individual debe favorecer la división del trabajo.

Ciertamente, todos estamos de acuerdo que la división del trabajo es un fenómeno social fundamental. Es, sin duda, una de las bases de la generación de riqueza de la sociedad. Todas nuestras necesidades actuales serían imposibles de alcanzar sin la división del trabajo. Sencillamente, a menor división del trabajo y especialización, menor número de necesidades podemos cumplir y proponernos alcanzar. 

Pero esto no significa que nadie este obligado a “contribuir” a ella. Nadie está obligado a contribuir a una especie de División del Trabajo Universal de la misma forma que nadie está obligado a intercambiar bienes. La división del trabajo no es un proyecto deliberado de la humanidad en su conjunto, sino una happy coincidence, una consecuencia involuntaria y espontánea. De ahí que incluso no sean necesarios grandes conocimientos teóricos de lo que significa la división del trabajo para participar en ella. 

Tendría sentido hablar de “pasos atrás” en la división del trabajo sólo cuando el poder político toma alguna medida que distorsiona la libre actuación de los individuos impidiendo y dificultando que aumenten su especialización. Es decir, cuando se impide la especialización voluntaria por medio coactivos. 

Pero decir que un padre que educa a su hijo en casa no contribuye a la división del trabajo sería lo mismo que decir que yo no estoy contribuyendo a la división del trabajo si arreglo un mueble de mi casa que se ha roto, si coso un botón de un vestido, si me hago la comida o si arreglo el Internet de mi casa cuando falla. ¿Por qué se debe favorecer necesariamente la división del trabajo en todos estos casos? Simplemente, no tiene sentido desde una perspectiva individualista.  

Lo único real es que a los individuos los mueve el deseo de mejorar SU situación individual, es decir, pasar de una situación menos satisfactoria a otra más satisfactoria. Sólo existe la búsqueda del interés individual, que evidentemente puede tener componentes altruistas. El ser humano valora las distintas opciones que se le presentan y debe elegir la que subjetivamente cree que es la más adecuada para satisfacer sus fines. Por tanto, el ser humano sólo coopera y colabora con otros si cree subjetivamente que obtendrá un beneficio (ya sea espiritual o material).  

Si la cooperación no brindara ningún beneficio, el ser humano no tendría ningún incentivo para llevarlo a cabo. Una persona puede elegir no intercambiar el servicio de la educación de la misma forma que puede no intercambiar otro servicio, que es precisamente el caso de los padres que deciden educar a su hijo en casa. Consideran que nadie puede ofrecer un mejor servicio de educación a sus hijos, y por lo tanto, no intercambian. Prestan el servicio ellos mismos. Simplemente eso. No están obligados a favorecer la división del trabajo, sino a dar la mejor educación posible a sus hijos.


Juan Morillo Bentué
Acerca del Autor:

Miembro del Instituto Juan de Mariana

Filósofo (Universidad Ramon Llull) e Ingeniero Químico (Instituto Químico de Sarrià).

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