Ex-Excelentísimos y ex-Ilustrísimos PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Luis Español Bouché   
sábado, 11 de octubre de 2008

Image Los liberales debieran estar siempre a favor del mérito que no del privilegio; el liberalismo histórico supuso la primera revolución contra la desigualdad jurídica basada en el nacimiento. Cierto es que aquellos primeros liberales no se plantearon reformar las desigualdades impuestas por la fortuna heredada, pero por lo menos acabaron con la discriminación por la sangre y los plebeyos pudieron ser oficiales del Ejército y alcanzar las mayores magistraturas. Los liberales no suprimieron los títulos nobiliarios, los democratizaron, haciéndolos suyos. Así, un señor llamado Baldomero, ídolo liberal e hijo de un próspero carretero, llegó a Regente, consiguió el tratamiento de Alteza Real y a su muerte era Príncipe de Vergara, Duque de la Victoria y de Morella, conde de Luchana, etc.

Al legislar en contra de la postergación de la mujer frente al varón en el tema de los títulos nobiliarios, la actual mayoría gubernamental no sólo ha corregido una incongruencia con los principios constitucionales; también ha aceptado un sistema de honores de carácter hereditario. Los socialistas hicieron suyo hace ya treinta años el principio monárquico, así que al legislar en materia nobiliaria se han mostrado coherentes; nobleza y monarquía son muy distintos conceptos y realidades, pero con un tronco común enraizado en ideas antiquísimas y todavía vigentes como las que privilegian la circunstancia sobre el ser y el nacimiento sobre cualquier otra circunstancia. Según esa mentalidad, el deficiente, vago y vicioso, de prosapia ilustre aunque con frecuencia poco ilustrada, sería de buena familia, algo mejor en cualquier caso que el humilde expósito que con su esfuerzo se hubiera labrado un porvenir…

Quien diga que esas ideas están pasadas de moda recuerde las ordinarieces que personas de supuesta buena crianza expresaron en su día respecto de la actual Princesa de Asturias: que fuera inteligente, con carrera, éxito en su profesión y experiencia en el campo del amor, les parecía mal, fatal y peor; que su abuelo fuera taxista, no lo podían entender ni asumir. Hubieran preferido una princesa sildava, virgen y tontaina que aguantara los hijos y los cuernos, señora de su señor, geisha sumisa criada en los gineceos de alguna familia irreal con un padre tronado que le explicara las realidades de la vida:  “Hijita mía, a lo largo de diez siglos las Princesas de la Casa de Sildavia han sido hembras paridoras y apacibles cornudas; vas a ser Reina de España, así que cuando notes esas formaciones coralinas acumulándose en la frente, tú a tragar, y no se te ocurra dar portazos ni marcharte a la India”.

Que el PSOE acepte los títulos nobiliarios es congruente también con la existencia de socialistas con título en la familia como los Sres. Barrionuevo y Almunia. Eso lo puedo entender. Lo que no consigo explicarme es que el mismo PSOE que acepta los honores hereditarios pretenda que desaparezcan los honores civiles en la Administración General del Estado y en las Universidades. El Código de Buen Gobierno (ver BOE del 7 de marzo de 2005) traía en su tercer epígrafe el punto 8 siguiente: “El tratamiento oficial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo (…)”.

La Orden publicada  supone el final del tratamiento honorífico de quienes sirven la administración central del Estado, privilegiando, de facto, a los funcionarios y cargos locales o a quienes heredan honores. También, la nueva ley de Universidades, les quita a los decanos el Ilmo. y el Excmo. a los rectores, dejándoles sólo el Magnífico.
Así, la tentativa simplificadora de Rodríguez Zapatero deriva en absurdos como que un Alcalde de Madrid sea excelentísimo pero no lo sea en cambio el presidente de todos los españoles.¿Acaso quien representa millón y pico de votos tiene más legitimación para la excelencia que quien representa a once millones?
Regresemos a los títulos nobiliarios: la incongruencia de estas disposición gubernamental es todavía más sangrante en el caso de señores marqueses o condes que reciben el tratamiento de Ilmo. Sr. mientras que los decanos de la Universidad dejan de serlo, por ilustrados que sean. Así, los honores ganados en la lid académica desaparecen ante los honores heredados, y el talento se subordina a la sangre, mira tú qué bien…

La simplificación acaba engendrando el aburrimiento; en cambio, encontrar el tratamiento adecuado en el laberinto del protocolo es como un Trivial Pursuit de los encabezamientos y hasta  tiene su gracia, sobre todo porque para no meter la pata al final tienes que preguntarle a algún amigo carcamal: “Oye, sapientísimo preboste, ¿qué tratamiento se le da al Gran Archipámpano de las Islas de Barlovento?” “Pues mira, querida acémila, a los Grandes Archipámpanos se les da el tratamiento de Señoría Perfumada, pero en el caso de éste, que es además Doctor en ambos derechos y socio del Atleti, hay que utilizar el “Señoría Omnisciente y Balompédica”.

Me gusta la idea meritocrática. y no veo por qué no le vamos a conceder valor a los títulos ganados con el esfuerzo. Hay cursus honorum intachables de altos técnicos de la administración y de catedráticos doctísimos que llevan años y años sirviendo a la comunidad con su experiencia y buen hacer. ¿Por qué les vamos a negar un tratamiento honorífico? Cuando a un erudito extranjero le concedemos una gran cruz que lleva aneja el trato de Excelentísimo Sr., estamos premiando la sabiduría o la hispanofilia, y a nadie se le ocurriría disputarle su excelencia. Cierto es que cualquier sistema de recompensas incurre en abusos, que algunos de los que son Ilmos. o Excmos. no debieran serlo; que la correspondencia en condecoraciones o cambio de cromos de la vanidad que se usa en la vida diplomática —Jacques, mon petit, si me das la Legión de Honor, yo te doy la Encomienda del Capullo Colorao; no Olaf, no, el Elefante Blanco lo tengo repe,  mira a ver si me puedes conseguir el Orgasmo Nórdico—  devalúa lo que debiera recompensar méritos reales; pero el principio es bueno y saludable.

¿Es malo creer en el mérito? Pues parece ser que el mérito no es socialista pero la nobleza de sangre sí. Vivir para ver, hermanos…


Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
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