El votante PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Sebastián Urbina Tortella   
lunes, 26 de enero de 2009

ImageEs habitual quejarse del pasotismo democrático de buena parte del electorado. O sea, que Don Tancredo sería un personaje que nos representa bastante bien, vistos como votantes. Pero ¿es tal actitud de pasotismo una muestra de racionalidad o de irracionalidad?
 
Resulta que los costes de tener una buena información política son bastante elevados. Hay multitud de periódicos, revistas, radios, televisiones, etcétera. Incluso seleccionando a los mejores medios hay un amplio espectro que nos exige mucho tiempo y esfuerzo. Además, vivimos en un variopinto gallinero con diecisiete razas autóctonas, cada una con sus peculiaridades, sus Parlamentos, sus raíces y sus quejas, históricas y actuales, fingidas y reales. ¡Un trabajazo! 
 
Pero resulta que el previsible impacto electoral de nuestro voto informado (cuando es el caso) resulta ser mínimo. Por no decir insignificante. Si, además, tengo la excusa (con frecuencia justificada) de que los políticos, o muchos de ellos, son unos aprovechados, no parece irracional que el votante vaya a la urna, arropado con la mayor de las ignorancias políticas. ¡Para qué perder más tiempo informándose! O no votar, aunque esa es otra. 
 
Pero ¿quiere usted decir que hay un sector importante de votantes que va a votar en pelota política? ¿Cómo una especie de Rey desnudo? No dramaticemos. Hay grados. Creo que se vota de diferentes maneras, y no me refiero a la típica forma de taparse la nariz con la mano izquierda y depositar el voto con la derecha, o al revés. No. Me refiero a los niveles de información política (dejemos aparte el espinoso problema de la 'formación política') y posterior digestión de la misma, que conducen a votar en un sentido u otro. 
 
Desde los llamados 'votantes históricos', basados en amores/odios ancestrales que se heredan de padres a hijos, pasando por la lectura de las 'letras gordas' de los periódicos mientras se toma un café a todo correr, o las noticias radiofónicas mientras se va o se vuelve del trabajo. En el caso de que se tenga, claro está. O en la tertulia con los amigos de la oficina, hablando todos a la vez. Y un largo etcétera. Pero también hay muchos votantes que se informan, responsablemente, en la medida de sus posibilidades. Es cierto. Pero hoy no hablaré de ellos.
Quotation Pero también hay muchos votantes que se informan, responsablemente, en la medida de sus posibilidades. Es cierto. Pero hoy no hablaré de ellos. Quotation
 
Nos dice Christian Salmon en su 'Storytelling' que hemos pasado de la opinión pública a la emoción pública. Lo importante ya no sería el debate de ideas, sino la regulación de las emociones. Por ejemplo: 'Ya no se trata de informar eficazmente al público sobre las decisiones del Ejecutivo, esforzándose por controlar la agenda política, sino de crear un universo virtual nuevo, un reino encantado poblado de héroes y antihéroes ... en el que la técnica del relato rivaliza con el pensamiento lógico y que la historia está dirigida al niño que llevamos dentro'. 
 
¿Y qué quiere el 'niño'? Hacerse el ‘niño’ aunque no lo sea. ¿Por qué? Porque quiere ser irresponsable, como cuando hacía trastadas y mamá se lo perdonaba todo. Porque quiere ser un inmaduro perpetuo y no asumir responsabilidades. Porque quiere tener ventajas, aunque sean inmerecidas. Como cuando mamá le daba lo que quería (gratis) por el simple hecho de ser ‘el amorcito de mamá’. ¿A qué se debe sino esta propaganda política basada en ‘el niño que llevamos dentro’? Y si no está mamá, queremos al ‘papá Estado’.

Aunque ya no podamos pagarlo y los políticos nos mientan. Como con las pensiones actuales, las llamadas de reparto. Y creemos las mentiras porque no queremos crecer y mirar de cara la cruda realidad. Pero habrá que hacerlo. En Suecia ya lo saben y han empezado las reformas. Así lo cuenta Mauricio Rojas en ‘Reinventar el Estado del bienestar’. Para que pueda subsistir habrá que recortar.

Pero no deberíamos creer que las emociones políticas solamente encandilan a los votantes ‘vagos racionales’ e ‘inmaduros perpetuos’. V. Verdú nos dice, en ‘El planeta americano’: ‘La idílica Revolución norteamericana se encuentra a estas alturas tan humanamente fracasada como la de la URSS’. ¡Con un par! ¡Toma emociones! Hay más. Hechizado por lo ‘alternativo’ nos da una luz de esperanza entre las amenazantes tinieblas capitalistas que nos rodean. ‘En apoyo de un modelo alternativo (en contra del absolutismo del mercado, el culto al dinero, el cultivo del miedo, el miedo al otro) se encuentran no sólo otras zonas y ciudadanos del mundo, sino millones de americanos infelices...’

Me temo que esto del ‘absolutismo del mercado’ se lo ha creído no sólo el propio autor sino alguno (seamos optimistas) de los miembros del jurado que le concedió el Premio Anagrama. Y ya puestos, no sería de extrañar que este libro ayudase a la adecuada desinformación de las jóvenes generaciones, de la mano de la asignatura Educación para la Ciudadanía. ¡Queremos un modelo alternativo! ¿Puede sorprender lo que dice Ch. Salmon, que el debate de ideas ha sido sustituido por la regulación de las emociones? Las políticamente correctas, por supuesto.


Sebastián Urbina Tortella
Acerca del Autor:
Sebastián Urbina Tortella ha sido profesor Titular de Filosofía del Derecho en la Universidad Illes Balears. Ha sido profesor de la UNED, abogado en ejercicio y, posteriormente, Magistrado Suplente en la Audiencia Provincial de Baleares. Ha publicado artículos en revistas internacionales como Ratio Iuris, Rechthstheorie, Archives for Philosophy of Law and Social Philosophy, Law and Philosophy, Ars Interpretandi, y Associations.
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