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El heroico liberalismo español Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Luis Español Bouché   
lunes, 10 de diciembre de 2007

ImageSiempre he experimentado sana envidia hacia los liberales ingleses o norteamericanos que han podido publicar libros, pronunciar discursos y ejercer su magisterio sin que a nadie se le ocurriera encarcelarlos, ni torturarlos, ni exterminarlos.

Esa es sin duda una de las razones del éxito de esas naciones que hablan en inglés: la libertad de prensa y la de pensamiento. Esa libertad se refleja en su arte. Si piensas en pintura inglesa aparecen de inmediato en la mente los magníficos retratos de Reynolds y Gainsborough, los increíbles crepúsculos de Turner o las cursiladas prerrafaelitas. Arte apacible y sereno. En cambio nuestra pintura, no sólo es más variada, también es más sanguinaria; decidme qué otros países disfrutan el dudoso honor de tener una escena de fusilamientos entre sus obras maestras, como el Tres de mayo de Goya.

El otro día pude contemplar en la ampliación del Prado, una exposición acerca de nuestra pintura “histórica” del XIX. A mí no me gusta especialmente ese tipo de pintura, no soy precisamente un enamorado de Rosales ni de Casado del Alisal. Sin embargo, tuve una reacción extraña: me conmoví. ¿Cómo puede ser que se conmueva uno ante la sangrienta Campana de Huesca, la presentación de don Juan de Austria a Carlos V o el testamento de Isabel la Católica? ¿Quizá porque aquellos cuadros me hicieron pensar en la era dorada de la infancia? Al fin y al cabo ilustraban mis libros de texto, y la última vez que contemplé muchas de esas obras fue visitando de niño el Casón del Buen Retiro, que cerró sus puertas durante mil siglos y sólo hace unos meses ha sido reinaugurado, tras la admirable restauración dirigida por Jaime Tarruel, tan respetuosa con el entorno.

Quizá también me emocioné porque durante los últimos años hemos visto demoler la imagen de España como continuidad histórica y como nación, y uno está más reactivo y sensibilizado.

Quotation me emocioné porque durante los últimos años hemos visto demoler la imagen de España como continuidad histórica y como nación, y uno está más reactivo y sensibilizado. Quotation

El cuadro que, con mucho, me inspiró más melancolía, es el del fusilamiento de Torrijos, obra de Antonio Gisbert, encargado por Sagasta y fechado en 1888.
Corría el año 1831 y José María Torrijos, un liberal enfrentado al despotismo de Fernando VII, y todos sus compañeros, fueron ejecutados por alta traición, sin formación de causa, por orden directa del Rey. En el cuadro, Torrijos encabeza el grupo y coge de las manos a dos de sus compañeros, identificados como Flores Calderón y Francisco Fernández Golfín, al que un fraile está vendando los ojos.

Muchos pensarán que ese cuadro no tiene la altura del de Goya. Es cierto que Goya es mucho Goya, y prueba de ello es que Edouard Manet se inspiró del aragonés para su Ejecución de Maximiliano, de 1867; pero en la obra de Gisbert hay un detalle que no existe en la de nuestro gran genio nacional: hay ternura y hay dignidad. Sobre todo por esas manos entrelazas de quienes compartieron la misma ilusión y se enfrentan ahora juntos, como hermanos, a una muerte violenta e inminente.

El fusilamiento de Torrijos es la verdadera historia del liberalismo español,

Quotation El fusilamiento de Torrijos es la verdadera historia del liberalismo español, Quotation
perseguido hasta la muerte por absolutistas y carlistas, por el socialismo revolucionario y por el fascismo. Una cosa que difícilmente pueden entender los liberales “anglosajones”, es ese carácter heroico de nuestros liberales. Tanto la ultraderecha como la ultraizquierda han disfrutado de lo lindo exterminando a esa Tercera España, ni roja ni azul.
A Edmund Burke nadie le quiso pegar un tiro; en cambio nuestra Clara Campoamor tuvo que salir huyendo de España en 1936 para no acabar en una checa, y los franquistas la obligaron a morir en el exilio. Campoamor dejó Madrid poco después de que al fundador del Partido Republicano Liberal Demócrata, el asturiano Melquiades Álvarez, lo asesinaran organizados espontáneos en la capital.

Si dejamos las épocas de los fusilamientos y nos referimos a la España de don Juan Carlos, hay que reconocer que las formaciones políticas con la marca liberal en sus siglas han terminado fracasando —al igual que las que usaron la expresión Democracia Cristiana— sin duda porque en nuestra patria no inspira la palabra liberal especial consideración.
Esto no nos debe extrañar. El turnismo entre liberales de Sagasta y conservadores de Cánovas, que sin duda auspició la estabilidad y por lo tanto la prosperidad de la Restauración, también perjudicó la imagen del liberalismo ya que exigió el pucherazo sistemático, desprestigiando el  parlamentarismo. El liberalismo español, no sólo ha sido víctima de persecuciones o sufrido el fruto de sus propios errores; también ha sido ridiculizado y satanizado. Uno de los éxitos editoriales de finales del siglo XIX fue el clásico del padre Félix Sardá El liberalismo es pecado; y hoy se extiende cada vez más el uso del término demoliberal  entre profesores españoles de Derecho Político que no tienen en cuenta que la expresión fue acuñada por los enemigos de la libertad y sin duda olvidan que Carl Schmitt era demócrata, sí, pero orgánico. Si nos fiamos de una base tan seria como el Corpus Diacrónico del Español, la primera vez que se usó el término demoliberal en nuestro idioma fue en el manifiesto político de las J.O.N.S., de 1931

Quotation la primera vez que se usó el término demoliberal en nuestro idioma fue en el manifiesto político de las J.O.N.S., de 1931 Quotation
, y no deja lugar a dudas puesto que se refiere a “toda la juventud española que haya logrado evadirse del señoritismo demoliberal, con sus pequeños permisos y salidas al putrefacto jardín marxista, y sienta vibrar con pasión la necesidad de reintegrarse al culto de la Patria”.

Como ya no se sabe bien qué significa “liberal” palabra continente con indefinido contenido, hay ultraderechistas que se consideran liberales como podrían considerarse sintoístas o del Alcoyano, y el último partido político que usó con cierto éxito el término fue el Grupo Independiente Liberal de Jesús Gil. Aquí “liberal” era sólo el pretexto para la sigla en forma de apellido, la “l” final de G.I.L. pero podía haber servido igual “Grandes Inversiones Litorales”.
Nos podríamos preguntar, a la vista de esa dura historia, ¿cómo es posible que todavía queden liberales en España?


Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
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