El delirio del positivismo PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Daniel Ballesteros Calderón   
lunes, 11 de enero de 2010

ImageERROR DE METODO Y ARROGANCIA
 
El método positivista es inductivo, por consiguiente extrae conclusiones generales de la observación de casos particulares. Este método presenta tres talones de Aquiles: uno es que nuestra percepción sensorial es imperfecta, otro es que pasa por alto la existencia de hipotéticos casos particulares que violan la norma general, el último es que la observación y discernimiento racional de ciertos casos complejos puede no permitir extraer relaciones claras entre causas y efectos.

Mientras que el primer y el segundo límite son conocidos desde siempre y han dado lugar a la tradicional (y en mi opinión obsoleta) dualidad empirismo-racionalismo, el tercer límite no fue advertido por los positivistas. De esta forma cayeron en la tentación de trasladar el método inductivo de las ciencias naturales de la época, donde se podían conocer las variables intervinientes en un determinado fenómeno natural y reproducirlas aisladamente mediante experimentos para conocer sus efectos precisos, a las ciencias sociales. 

Esta traslación es un imposible dado que las ciencias sociales estudian la sociedad humana, uno de esos objetos extremadamente complejos de los que hablábamos al principio. Una complejidad que no procede del número de seres humanos que la integran; sino de la falta de información sobre las circunstancias que influyen en cada acción humana (entorno complejo, preferencias inestables, respuestas estratégicas) y la cuasi-imposibilidad de la reproducción experimental, con lo que resulta prácticamente imposible aislar una causa y enlazarla con unos efectos precisos cuantificables de forma exacta. Es por ello que en las CC sociales es más conveniente hablar de causas que tienen a producir determinados resultados antes que de causas que tienen resultados perfectamente previsibles y cuantificables con precisión.

LA PRETENSION DEL CÁLCULO POSITIVO. 

Si, como pretenden los positivistas, en las CC sociales se pueden establecer relaciones causa-efecto tan precisas como en el ámbito de las CC naturales, es evidente que el conocimiento de dicho patrón permitirá poder coordinar la sociedad mediante el empleo de leyes o mandatos “científicos” que persigan obtener fines intermedios considerados deseables (la libertad, la prosperidad, la igualdad, etc.) con el fin supremo de maximizar en conjunto el denominado “bienestar social”. 

Para empezar, el concepto de “bienestar social” es profundamente inadecuado, pues es una mera traslación del concepto de “bienestar individual” a un ente que no es un individuo sino un conjunto de individuos con diferentes ideas subjetivas acerca de qué fines y medios maximizan su bienestar en cada horizonte temporal. En consecuencia, no se puede calcular con precisión, pero es que además se pueden encontrar patrones más o menos compartidos, pero casi nunca se podrá maximizar el bienestar social maximizando simultáneamente el bienestar de todo individuo.  

Si pudiera calcularse el bienestar social de forma exacta implicando en el cálculo horizontes temporales alejados, podría hallarse un resultado maximizador, aunque ello implicara perjudicar a unos pocos para beneficiar al resto de individuos del mundo en virtud de una ley impuesta políticamente.  

Ahora bien, si lo primero es imposible para casi cualquier tipo de situación ordinaria, (dado que hay multitud de intereses contrapuestos, con diferentes intensidades de deseo, en diferentes planos temporales, etc.), sólo puede contrastarse el hecho de que determinados principios generales, en virtud de sus efectos comparativos, maximizan el bienestar social; y son éstos precisamente los que amparan los derechos naturales. A la luz de esto, la segunda intención resulta demoledora para el orden que verdaderamente maximiza el bienestar social.

LAS IMPLICACIONES DEL ANALISIS POSITIVISTA

De tal forma, las políticas positivistas se autorrevisten de respetabilidad gracias a la bondad de los fines que dice perseguir un “sabio” gobierno de tecnócratas. Esto tiene  muchas y profundas implicaciones: 

1º. Derechos naturales prescindibles. 

La libertad es una innata facultad del individuo, que le permite elegir autónomamente si llevar a la práctica una vía de acción que considera óptima ex ante para su bienestar, tras un proceso de análisis subjetivo de información1. Mediante el ejercicio de esta facultad, cada individuo elige aquello que más desea y trata de conseguirlo de la forma más conveniente posible, teniendo en cuenta los límites impuestos por su ética privada, la moralidad y el Derecho de origen consuetudinario y/o impuesto políticamente.  

Con frecuencia estos tres límites no operan en el mismo sentido. Ahora bien, la experiencia histórica muestra que cuando las leyes que prescriben el respeto a los derechos naturales del prójimo prevalecen, todos los hombres tienen la ocasión de ejercer su libertad, obteniéndose como fruto una sociedad que no sólo ofrece a sus integrantes mayores niveles de felicidad asociados al disfrute en plenitud de su más íntima naturaleza humana, sino también un mayor éxito material que aquellas otras sociedades en que cada individuo está sometido al capricho de su prójimo. 

Las implicaciones de la doctrina positivista son extremas y profundas en tanto en cuanto afectan radicalmente tanto este ejercicio de la libertad, como a su derivado la propiedad privada (y por añadidura el derecho a la vida como veremos más adelante). El respeto al derecho a la libertad humana y la propiedad privada deja de ser instrumento necesario y suficiente para maximizar el bienestar común a través de la acción humana espontánea; para pasar a ser considerado prescindible por una autoridad intelectual que cree conocer una forma alternativa y “científica” de maximizar el bienestar social mediante órdenes específicas (mandatos) que a menudo violentan tales derechos. 

Obviamente la forma más sencilla de imponer dichos mandatos a los individuos perjudicados es emplear la legitimidad y el poder coercitivo del Estado; de esta forma los mandatos positivistas adquieren el prestigioso carácter de ley, aunque sólo sea formalmente y violen las leyes naturales, fundamento demostrado de toda sociedad próspera. La justificación ante la sociedad pasa fundamentalmente por la falacia de contraponer y anteponer el supremo interés “social” al egoísta interés individual.

2º. Irrefutabilidad de las conclusiones. 

Si la realidad desmiente las relaciones causa-efecto que predice el conocimiento positivo de las CC sociales, sólo se puede deber a sabotajes intencionados. Los daños humanos que ocasiona el fracaso de los mandatos y la paranoia dictatorial conduce a ulteriores atentados contra la vida y la libertad individual. 

3º. Mistificación de la sociedad y deificación del liderazgo. 

Dado que todo tiene causa y efecto observable experimentalmente, nada permanecerá  sin esclarecer indefinidamente, con lo que se considera que el ámbito de utilidad de la religión desaparece. El hombre y su capacidad racional adquieren carta de característica sobrenatural. De esta forma se abre paso a la mistificación de la sociedad y la deificación de sus líderes.  

4º. Síndrome de la Torre de Babel.  

Como consecuencia de todo lo anterior, resulta necesario darle un nuevo sentido a términos como libertad e igualdad, a fin de que no entren en conflicto con la necesidad de dirigir políticamente la vida social y maximizar el bienestar social. De esta forma parece estar “descubriéndose” el “verdadero” sentido de estas palabras. 

Por supuesto, en virtud del monismo metodológico positivista, todo método científico aplicable a las CC Sociales diferente del positivo carece de relevancia y pasa a ser caracterizado como irracional (teológico o metafísico). Así la interpretación del mundo de los positivistas se blinda frente a la crítica externa, dando lugar a polilogismos y semánticas diversas que convierten el estudio de las CC sociales en un campo en que el entendimiento con las escuelas positivistas resulta imposible. La crítica resulta silenciada en pro del consenso nacido de datos recogidos de forma incorrecta o procesados falazmente.

LA HERENCIA POSITIVISTA

El error de método positivista en las CC sociales, procede del no reconocimiento de la naturaleza humana y en consecuencia de la carencia de una antropología humana de partida. La pretensión positivista era no dar nada por sentado “a priori” en el estudio de un objeto; es por ello que la observación resultaba necesaria para descubrir progresivamente la “verdadera” naturaleza humana y los complejos mecanismos de causa y efecto, al mismo modo que se descubren en las CC naturales. 

Inevitablemente la marea de datos resultante conduce a perder perspectiva, ocasionando errores de análisis fundamentales. Sin una teoría de la acción humana previa, todo tipo de errores de enfoque y falacias hallan base en los datos recopilados por un científico social. 

De esta forma surgieron los experimentos del socialismo utópico en el siglo XIX y del socialismo comunista y fascista en el XX; los cuales reprodujeron sistemáticamente todos y cada uno de los errores descritos con anterioridad y fracasaron. Hoy en día continúan fortaleciéndose las leyes positivas que violan el derecho natural, con terribles consecuencias sobre componentes vitales del bienestar social como la creación de riqueza, la justicia, la libertad, la igualdad, etc. El disenso científico es convertido en ideológico, el disenso ideológico en atentado contra el bienestar social y éste en delito.


Daniel Ballesteros Calderón
Acerca del Autor:
Economista (Universidad de Oviedo), doctorando en Economía Aplicada y seguidor de la Escuela Austríaca de Economía.
Leer Más >>

 
< Anterior   Siguiente >

Libros recomendados

"Figuras y paisajes políticos de la España del XIX ", de Fernando Álvarez Balbuena

Boletín AL

Suscríbase a nuestro Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

AL en su Móvil/PDA

http://movil.asturiasliberal.org

Sindicación