Argüelles “El Divino”, un liberal asturiano en las cortes de Cádiz PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Piensa en Liberal
Escrito por Marcos Álvarez Díaz   
lunes, 17 de marzo de 2008

Una de las más hermosas estancias del Congreso de los diputados, es el salón de los pasos perdidos. Por él transitan los diputados para sus ruedas de prensa y meditan los exordios camino de la sala de sesiones. Allí en una de sus cuatro esquinas, bajo el polvo de la Historia y la indiferencia de los padres conscriptos, dormita el busto de un ilustre orador y político, asturiano de origen y españolísimo de corazón.

Agustín de Argüelles, riosellano de verbo ágil y patriota liberal, fue uno de los padres constituyentes de Cádiz que en 1812 abrieron la ventana de la edad contemporánea en nuestro país. Dotaron a España, por vez primera, de una Constitución, en que se reconocía al pueblo y no a la monarquía, como sujeto de la soberanía nacional. Tal es, su no siempre reconocida importancia histórica y la magna aportación de nuestro ilustre paisano.
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ImageApodado “El Divino” por su elocuencia y facundia, destacó desde joven por su destreza en el uso de la palabra, y el dominio de varios idiomas. Entre ellos figuraban las lenguas clásicas, el italiano, el inglés y el francés, idioma que aprendió de un clérigo galo huido de la revolución y refugiado en su casa de Ribadesella. Sus estudios de leyes en la Universidad de Oviedo y la cercanía con el gijonés Jovellanos le orientaron en un principio por la carrera diplomática, pero por azares de su juventud acabó en la Real Caja de Amortizaciones, y en Inglaterra. Allí en 1806, negocia infructuosamente una paz con los ingleses en representación de la Caja y la Corona, y allí le sorprende la invasión napoleónica de 1808, el levantamiento del dos de mayo y la Historia.
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La Junta de defensa de Asturias es la primera de toda España en organizarse y enviar representantes al extranjero en busca de ayuda contra el francés. Una delegación en la que estaba presente el Conde de Toreno, amigo de Argüelles, desembarca en Inglaterra y con su ayuda y contactos consiguen la adhesión británica a la causa de la Independencia. La isla se convirtió entonces en el destino de todas las juntas provinciales de defensa y “El Divino” adquirió una relevancia a los ojos de sus compatriotas que supo aprovechar a su regreso.
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Siendo Cádiz el último reducto libre de una España resistente, las cortes se reúnen en la milenaria ciudad y Argüelles, de 34 años, es nombrado diputado por Asturias. En la redacción de “La Pepa”, su papel es primordial en lo relativo a libertad de imprenta, la abolición de la censura previa y de la esclavitud, el libre mercado y la fisiocracia del “laissez faire”, ámbitos en los que su temperamento liberal y hábil discurso levantaron encendidas ovaciones de sus partidarios.
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Terminada la guerra, el rey traidor Fernando VII, reprime a los liberales y el riosellano, en pago a su esfuerzo y patriotismo, acaba en una prisión en Mallorca donde su salud queda seriamente mermada. El golpe de Riego restablece la constitución de Cádiz en 1820 y Argüelles es rehabilitado y nombrado Ministro de la Gobernación. Gestiona con prudencia olvidando las traiciones del pasado y evitando entrar en conspiración alguna. Sin embargo, la invasión de los cien mil hijos de San Luis, pone fin al trienio liberal y una condena a muerte le obliga a exiliarse en Inglaterra, donde vivirá 10 años de privaciones.
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Tras la muerte del felón, se amnistía a parte de los liberales exiliados, pero Argüelles como muestra de lealtad a su partido, decide no acogerse a ella en tanto en cuanto no se haga extensiva a todos sus colegas. Esta llegará cuando la regente Maria Cristina firma el Estatuto Real de 1834 y el asturiano regresa a su país.
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En su última década de vida apoyará la desamortización de su hermano masón Mendizábal y colaborará en la redacción de la constitución de 1837, liberal pero descafeinada a sus ojos. Su última gran responsabilidad política es la de presidente de las cortes y la tutoría legal de la niña reina Isabel II hasta su mayoría de edad.
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La prensa de la época lamentaba la muerte del hombre y del estadista, haciendo hincapié en que “ha muerto a pesar de sus dignidades, poco menos que en la indigencia, sin honores, títulos ni condecoraciones, aunque apreciado y venerado de sus mismos émulos y contrarios.” El pueblo de Madrid acompañó al cortejo fúnebre como señal de respeto y gratitud y sus restos reposan hoy en el Panteón de Hombres Ilustres.
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Argüelles es un político que pertenece a otra época. Una época convulsa llena de cambios para España y el mundo. Una época en la que la vida pública era elegida por algunos, no por ambición, renombre y oropel, sino por sentido del deber y patriotismo. En vísperas del aniversario de "La Pepa”, vaya este recuerdo a uno de sus padres, el asturiano y español Argüelles.
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