La senda del perdedor PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Personal
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
domingo, 24 de octubre de 2010

Image“La senda del perdedor” es una novela autobiográfica de Charles Bokowski, se dice que es el último escritor maldito de la literatura norteamericana y autor de narraciones como “La máquina de follar” y “Escritos de un viejo indecente”. Pero estas son otras noticias y otras historias de las que ahora no me voy a ocupar.

      Bukowski relata con ironía la llegada del presidente (se entiende que es el presidente de los EEUU de América) al campus de una universidad americana:

 “Aquel domingo cogí papel y me senté a escribir sobre cómo había visto al presidente. Su coche abierto, abriéndose paso entre sendas de flores, había entrado en el estadio de fútbol. Un coche lleno de agentes secretos iba delante y otros dos coches iban justo detrás. Los agentes eran tipos valientes con pistolas para proteger a nuestro presidente. La multitud se levantó al entrar el coche del presidente en la cancha. Nunca había ocurrido algo igual. Era el presidente. Era él. Saludó con la mano. Nosotros le respondimos. Una banda comenzó a tocar. Había gaviotas que volaban en círculo encima nuestro como si supieran también que allí estaba el presidente. Y también había aviones que hacían escritura aérea. Escribían en el cielo cosas como «La prosperidad está a la vuelta de la esquina». El presidente se puso de pie en el coche, y en ese momento se apartaron las nubes y la luz del sol cayó directamente sobre su cara. Era como si Dios también lo supiese. Entonces los coches se detuvieron y nuestro gran presidente, rodeado de agentes del servicio secreto, subió a la plataforma de discursos. Al llegar junto al micrófono, un pájaro descendió del cielo y se posó junto a él. El presidente le hizo un gesto de saludo al pájaro y se rió. Todos nos reímos con él. Entonces empezó a hablar y todo el mundo escuchó. Yo apenas pude oír el discurso porque estaba sentado junto a una máquina de freír palomitas que hacía demasiado ruido, pero me pareció oírle decir que el problema de Manchuria no era grave, y que en casa todo se iba a arreglar, no debíamos preocuparnos, y todo lo que debíamos hacer era creer en América. Habría suficiente trabajo para todo el mundo. Los talleres y las fábricas se abrirían de nuevo. Habría suficientes dentistas con suficientes dientes que extraer, suficientes fuegos y suficientes bomberos para apagarlos. Nuestros amigos de Sudamérica pagarían sus deudas. Pronto podríamos dormir en paz, con nuestros estómagos y nuestros corazones llenos. Dios y nuestra gran nación nos rodearían de amor y nos protegerían del mal, de los socialistas, nos despertarían de la pesadilla, para siempre...

El presidente escuchó  los aplausos, saludó, volvió a su coche, subió y se fue seguido de coches llenos de agentes secretos mientras el sol empezaba a caer, la tarde se diluía en el crepúsculo, rojo, dorado y maravilloso.”

      Bukowski escribe cómo ve el al presidente de EEUU y acaban de leer el resultado: el presidente es una marioneta ridícula. Y si despojamos de la ironía con la que envuelve su descripción y nos quedamos con el armazón de la misma el resultado es el de un personaje ridículo, pelele y soberbio, rodeado, por cierto, de fenómenos milagrosos de la naturaleza no narrados por ninguna Biblia como sería de esperar. Estamos, por lo tanto, ante un engendro, algo no humano; algo que en buena ley  no tendría que ser admitido por los otros hombres porque no es uno de ellos.

      Bukowski dice que así es su presidente, que así son los presidentes, los seres más soberbios y miserables que se pasean por el mundo y que así son las personas que les rodean y les corean: escoria; la peor escoria humana. Cosa vil.

      Bukowski dice eso del presidente de los EEUU de América, del presidente del país más rico del mundo y del país que teóricamente siempre ha tenido presidentes con más o menos valía, pero dignos. ¿Qué diría Bukowski de nuestro presidente actual, del de España? Porque si el presidente de EEUU dijo que “habría suficiente trabajo para todo el mundo. Los talleres y las fábricas se abrirían de nuevo. Habría suficientes dentistas con suficientes dientes que extraer, suficientes fuegos y suficientes bomberos para apagarlos”, el presidente que tenemos ahora en España dijo que con él “habría pleno empleo” y tenemos casi cinco millones de parados y de gentes arrastrando angustias y miserias y no dijo lo de los dentistas y los fuegos, pero sí que liquidaría a ETA y ETA le puso (nos puso) una bomba en el aeropuerto de Barajas que causó destrozos enormes y que se llevó por delante la vida de dos personas. Presidente rey de las trampas y la demagogia.

      Bukowski, resucita y ven a mi país y relata los ríos de indignidades que sufrimos, los cuentos de las condecoraciones que concede el gobierno para tapar no sabemos qué miserias, pero miserias tienen que ser, no nuestras sino del gobierno con su presidente al frente. Ven, Bukowski.

      Bukowski nos cuenta cómo hizo el relato periodístico de la visita del presidente: “Aquel domingo cogí papel y me senté a escribir sobre cómo había visto al presidente. Su coche abierto, abriéndose paso entre sendas de flores, había entrado en el estadio de fútbol” y, por lo que sigue, sabemos que lo del coche descapotado entre sendas de flores es la primera nota irónica, el primer despropósito que observó, el primer indicio de la megalomanía de quien se cree único en el mundo. Esto es así y es una crónica periodística, pero en España ahora los periodistas (desde luego no todos, por suerte) se comportan como bufones del presidente, del gobierno, de los partidos políticos, sobre todo del partido que esté en el poder: bufones y sicarios. Y así nos luce el pelo en España: No hay crítica. No hay prensa que cuente con objetividad. No hay, por lo tanto, un pueblo informado porque si hubiese un pueblo informado ya hace tiempo que tendría que haber tomado las riendas y sacado de donde está a quien nos está arruinando, vendiendo, vilipendiando.

      Bukowski dice: “Un coche lleno de agentes secretos iba delante y otros dos coches iban justo detrás. Los agentes eran tipos valientes con pistolas para proteger a nuestro presidente.” Ya está: El presidente tiene que ir acompañado de agentes secretos, de policías, de “gorilas armados”. Y no se entiende. Yo no lo entiendo. Si un presidente es una gran figura, un hombre único que por donde va se abre un camino de pétalos y perfumes variados lo de los agentes, los policías y los “gorilas” es una contradicción extrema. Yo creía que los agentes, los policías y los “gorilas” estaban para perseguir a los criminales, pero, por lo que se ve, el presidente de los EEUU los necesita. El presidente de España también va rodeado de estos tipos. Los necesita. ¿Por qué los necesitan? ¿Será el oficio de presidente tan limpio y tan querido como se quiere hacer ver?

      Bukowski sigue diciendo lo que dice, pero yo ya me cansé de explicarlo. Sigan por su cuenta.


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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