Carta abierta a doña Ángeles Arques Simón, co-propietaria de Turrones Verdú PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Personal
Escrito por Honorio Feito Rodríguez   
viernes, 08 de enero de 2010

ImageEstimada doña  Ángeles Arqués,: tras el sosiego por la visita de SS.MM. los Reyes de Oriente, tomo el derecho de contra-réplica, que yo también tengo gracias al editor de Asturias Liberal, para puntualizar la suya del pasado día 5 de enero. Me permitirá usted este breve paréntesis que es como un bálsamo en este mundo de incrédulos que nos ha tocado vivir.

Es obvio que muchos más lectores de Asturias Liberal tienen ahora conocimiento de mi artículo – que probablemente hubiera pasado desapercibido para ellos- y del suyo, que ha venido, como aire del nordeste, a avivar el fuego. Usted ha decidido bajar a la arena de este coliseum que es la prensa para presentar batalla. Permítame un consejo, aunque sólo sea por la ventaja que se supone que le llevo en esto: aquí no se lucha a muerte, aquí se marca. Es suficiente. Marcar es más sutil que herir. Sugerir es más efectivo que afirmar, llega más a los lectores y crea morbo que es un sentimiento difícilmente contenible en un espacio cerrado. 

En la exposición de hechos que usted relata, olvida –acaso por desconocimiento- uno fundamental: desde nuestra conversación del día 21 hasta la recepción del encargo, el día 24, en mi teléfono móvil, cuyo número yo les facilité, están registradas dos llamadas desde Turrones Federico Verdú, compruébelo, por favor. Me llaman a mí teléfono preguntando por el receptor del paquete, a cuyas llamadas yo contesto tratando de deshacer el error, especialmente, y con insistencia, la segunda vez, aclarando que la persona por la que preguntan es el receptor del encargo, y el número al que están llamando es el mío, y que estoy en Madrid. Que estoy en Madrid es algo que ya le había aclarado yo en nuestra conversación (primera y única). 

Le confieso que me ha resultado un ejercicio de gran dificultad entender el párrafo cuarto de su escrito, cuando afirma: “Admito el error Sr. Feito pero no la culpa del mismo”. No he podido desurdir un asunto de otro. Si usted admite el error, no hay más. Aquí termina el asunto. Pero usted insiste en llevarlo a este terreno y aquí estamos de nuevo.  

He de confesarle que este párrafo, en concreto, me ha llevado varias lecturas. A continuación me dice usted: “y por supuesto no admito ningún insulto ni prepotencia por su parte…”. Señora, usted confunde la indignación transitoria ante un error – que, por cierto, ahora usted admite- con el insulto. Si usted se considera insultada, permítame decirle que usted, en esto del insulto, está muy verde. La palabra es como un dardo, y puede hacer mucho daño tanto si está escrita como si nace de una expresión verbal. Le diría, además, que hay palabras mudas que nacen de la mímica y que también son agresivas y violentas, pero ya le he dicho al principio que, en este juego, hay una regla no escrita que es la de marcar, no herir. Me gustaría que pudiera entenderlo. Pero es que, además, usted no conoce el significado de la palabra prepotencia, cualidad de prepotente, adjetivo cuya acepción el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define de la siguiente manera: “Más poderoso que otros, o muy poderoso”, y en su segunda acepción, dice: “Que abusa de su poder o hace alarde de él”.  

Sinceramente, cree usted que yo, con un encargo que es un engorro, pues ya ha dejado usted claro que, desde el punto de vista económico, no da ni para un fleco de una bufanda de Loewe, por pedir una explicación ante un error que ahora admite, ¿soy prepotente?, pues si lo cree así, ¿dígame, entonces, cómo habría de calificarse su decisión de devolver el importe de la transferencia? 

Sigo con el mismo párrafo: “quizás es que somos de provincia y nuestros productos no tienen el suficiente caché como las bufandas de Loewe que nombra (de hecho con el coste de su "cestita", no hubiera tenido ni para los flecos)”. Doña Ángeles se pone usted lastimera al vestirse de provinciana. ¿Provinciana, usted?, pero si vive en una capital extraordinaria, turística, del Norte, que siempre han tenido mucho caché entre la gente bien… ¡No, hombre no!, no me venga usted ahora con estas…si tienen ustedes playa y equipo de Primera División. No, mire, en esto yo también gano la partida. Mi apellido es vaqueiro, o sea, de braña. Los vaqueiros eran trashumantes, ya sabe, tal vez por eso yo terminé (¿o empecé?), en Madrid. Y no me ha resultado mal la elección porque, por cierto, ahora sabemos que tenemos más expectativas de vida que en otros lugares de España, según se ha publicado recientemente.  

El tema de la “cestita” (el entrecomillado es suyo, no mío), lo dejaba pasar de largo, pero es un golpe bajo, especialmente porque yo no sé lo valen los flecos de las bufandas de Loewe, pero en un acto de indiscreción por su parte, ya ha dejado usted claro que la “cestita” era, desde el punto de vista económico, poca cosa. El resto de éste párrafo tampoco tiene desperdicio: mi trato fue insolente…no, yo sólo quería una explicación, una disculpa que creía que me correspondía, pero si llego a saber lo que ha ocasionado, créame, no hubiera habido tanto trasiego con el asunto. Dejo pasar lo de la agresividad porque ya he explicado más arriba.  

Doña  Ángeles, admito sus disculpas del último párrafo de su escrito. Me tomaré el helado si mi mujer consiente (ya sabe, eso del peso, del azúcar y demás demonios de nuestra época), y, si me permite un consejo no entre usted en rifi-rafes, ni a usted ni a su flamante negocio le ayudan, y una disculpa a tiempo, breve, sincera, es más eficaz que una réplica, y mucho menos amarga. Somos humanos y tenemos licencia de Dios para equivocarnos alguna vez, pero también la necesidad de enmendar nuestros errores. Por mi parte, doy por zanjado este tema.


Honorio Feito Rodríguez
Acerca del Autor:

Periodista nacido en Meras (Valdés).Ha escrito varias novelas. Ha ganado el premio del Banco Hispano Americano con “Los Invitados (1983). Ha escrito la biografía  “Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado”.

Actualmente tiene en imprenta un libro sobre los asturianos en el Congreso y en el Senado.

 
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