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La sinrazón que a la razón afecta Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Nacionalismos
Escrito por María Luisa Lajara   
viernes, 18 de abril de 2008

ImageSegún una información difundida ayer al menos, que yo sepa, en uno de los Telediarios de  Telemadrid, el Gobierno Balear ha decidido que para poder ser funcionario en el territorio de esa Comunidad Autónoma será requisito inexcusable hablar catalán... ¡Disparate chabacano!,  que podría decirse utilizando una frase de los conocidos versos sobre la muerte del Conde de Villamediana que nos legó en su día D. Luis de Góngora y Argote, porque disparate es y chabacano también, por no emplear calificativos más rotundos, el empeño de que la gente, en vez de hablar más idiomas cada vez y ampliar sus posibilidades de comunicación con los demás, termine hablando lenguas más o menos locales,  y la manía de que la lengua más común  o más hablada por la mayoría de los habitantes de un país tenga que ceder terreno a esas otras, dignísimas, nadie lo duda, pero locales o, al menos, de ámbito limitado.  Y disparate y chabacano es que no se procure que un funcionario local una a sus conocimientos el de la lengua que se hable allí donde vaya  a desarrollar su carrera profesional sino que se pretenda que sólo hable esa lengua local.

Una noticia a la que, seguramente y por desgracia, seguirán enseguida otras de igual jaez, pues la manía de la limitación lingüística es hoy en día un mal común en nuestro país, y que enlaza directamente con la que comentaba hace unos días Miguel Borrachina en estas páginas de “Asturias Liberal”, según la cual el Director de un colegio público de Mallorca exigía a los niños que sustituyesen hasta en los recreos su lengua materna por el catalán. La lengua materna... Supongo que tal vez esa lengua materna a la que el señor director hace referencia es el castellano, pero me surge la duda de si no será el mallorquín, cosa nada extraña si se piensa que el colegio está en Mallorca y que en esa Isla y en las otras que junto con ella forman parte de la Comunidad Autónoma de Baleares se habla desde hace mucho tiempo el mallorquín, un dialecto del catalán pero no catalán en sí muchas de cuyas expresiones y giros utilizaban y utilizan gentes tan brillantes como Raimundo Lulio.

Y, digo yo, si se trata de recuperar raíces y afirmar la personalidad regional, ¿por qué no pedir que en Baleares las gentes hablen mallorquín, en vez de exigir que hablen catalán, y cuidar un dialecto antiguo y rico que, al fin y al cabo, les es propio? Sí,  ya sé que entonces sí que lo particular, el dialecto, iría en contra de lo general, la lengua, pero si de señas de identidad y de rasgos autóctonos se trata no parece haber nada que cuadre mejor con todo eso que favorecer algo que recoge y utiliza las especialidades que una lengua determinada ha ido adoptando en un cierto lugar y que son propias del mismo y no de ningún otro. Y si se argumentara en contra de lo dicho y a favor de la imposición del catalán frente al castellano la igualdad de nivel a efectos lingüísticos de ambos idiomas, la diferencia de nivel entre una lengua y un dialecto, y lo aparentemente ilógico de que éste prime sobre aquélla, tal vez lo mejor sería explicar a quien hiciera ese razonamiento que entonces lo más sensato sería que el castellano conviviera en todo caso con el catalán, pero que no sea devorado por éste como si de una planta carnívora o una mantis religiosa se tratara.

Y tal vez en lo del mallorquín pudiera haber un átomo de raciocinio, porque seguramente no será la lengua materna de muchos de quienes quieren ser funcionarios en Baleares pero quizás  el catalán tampoco lo sea, y porque, en lo que a los niños se refiere, es posible también que no sea su lengua materna pero también es posible que haya sido la de sus abuelos. A no ser que ese catalán que se pretende imponer en Baleares sea, en realidad, un mallorquín mal denominado.


María Luisa Lajara
Acerca del Autor:
Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.- Cursé los tres primeros años en el Real Colegio Universitario “María Cristina” de San Lorenzo de El Escorial, centro adscrito  a la mencionada Universidad, y los dos últimos en la Facultad de Madrid.
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