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Antes muerto que sencillo (II) Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Nacionalismos
Escrito por Luis Español Bouché   
jueves, 10 de enero de 2008

ImageProsigue la publicación en Asturias Liberal de la obra del profesor Mirameba, Académico Corresponsable. Todos recordarán que en los años noventa ese hijo de Asturias encabezó el movimiento cantonalista vallecano, llegando a promover la construcción del gran Muro Sur con el fin de proteger Vallecas y los demás territorios históricos del expansionismo imperialista de la capital.

Capítulo II. Reivindicación de una hora diferencial. Estepaís, antes llamado España, se extiende a lo largo de muchos kilómetros, no sólo de norte a sur sino de este a oeste. Sin salir de la Península, Muros (Coruña), tiene como longitud 9º 03’ Oeste, y Palamós (Gerona), 3º 08’ Este.

Un sencillo cálculo permite afirmar que el mediodía llega a Palamós 48 minutos y 44 segundos antes que en Muros. Esto tiene consecuencias terribles y devastadoras que implican la sistemática violación del principio de solidaridad previsto por la Constitución. Así, supongamos que un niño palamosense se despierta a la misma hora oficial, que un niño murense, las ocho. Cuando el niño gallego abre la ventana de su cuarto, en noviembre, todavía es de noche. Al mismo tiempo el niño catalán abre la suya: ya es de día. Así, por la manía de tener todos la misma hora oficial, obligamos a los galleguiños a amanecer entre tinieblas, mientras que los catalancetes se van al cole tan ricamente bajo la suave caricia del sol. ¿Es esto justo? No es extraño que los gallegos emigren y sean tan pesimistas, ni que los catalanes estén tan apegados a la tierra de su infancia, tan luminosa en su memoria... ¿Y en Asturias, qué me decis de Asturias?

Más ejemplos: en Valverde, capital de la isla de El Hierro, la longitud es de 17º 54’ O. La diferencia de tiempo astronómico entre Valverde y Palamós es de 1 hora, 24 minutos y 8 segundos. La hora oficial en Canarias es sólo una menos que en la Península. Sin embargo, a pesar de esa lógica y merecida compensación, cuando al niño bimbache le suene el despertador, verá el cielo del invierno algo más oscuro que el niño de Palamós. Toda su existencia quedará marcada por esos 24 minutos, que es significativamente igual a la diferencia solar entre Madrid y Barcelona (23 minutos y 28 segundos). En cuanto a Mahón, su longitud de 4º 23’ E. impone sobre Muros una disparatada diferencia de tiempo, realmente astronómica, nada menos que 53 minutos y 44 segundos. ¡Casi una hora!

Ha llegado el momento de decir, ¡basta ya! ¡Sepultemos de una vez la dictadura de la Hora Oficial, residuo del centralismo avasallador y del fascismo globalizador!

El problema estriba en que las provincias en España son generalmente bastante grandes.

En los primeros días de diciembre de 2006, las fuerzas vivas de la futura República Sueva, a la espera de lanzarse a la conquista del Bierzo, exigieron para Galicia la misma hora oficial que Portugal, que es la de Canarias; pero en este caso surge, imponderable, el mismo problema. Resulta que el Barco de Valdeorras (Orense) tiene exactamente la misma longitud (6.59 O.) que Alburquerque (Badajoz) y por lo tanto amanece al mismo tiempo. Sin embargo la hora oficial estaría desplazada una hora... Todavía peor, buena parte del occidente de las provincias de Salamanca, Cáceres, Badajoz y Huelva están más al Oeste que el oriente de Orense, así que en Ayamonte (Huelva), con una longitud de 7.24 O. el sol llega 1 minuto y 40 segundos más tarde que al Barco de Valdeorras. Si pusiéramos la hora canaria en Orense, cuando al niño valdeorriense le suene el despertador, hará una hora que se habrá despertado el niño ayamontés, que llevará como retraso solar sobre el gallego nada menos que una hora y dos minutos. Todos estaremos de acuerdo en que esto mejorará el optimismo gallego, los niños de Orense verán más luz al amanecer y jugarán felices en el patio cantando las glorias de Breogán, pero los pobres niños de Ayamonte, condenados a la oscuridad matutina, podrán pensar con razón que son las inocentes víctimas de los judeomasones internacionales.

Planteado así el problema, ¿qué soluciones proponemos? Básicamente, disponemos de dos alternativas.

La primera y más evidente es la de adaptar los horarios a la realidad astronómica. Así, los Colegios en Muros podrían perfectamente abrir sus puertas a las 9.54 en lugar de las 9.00 si queremos que los niños de Muros se levanten con la misma luz que los niños de Mahón. De igual modo, las empresas, y oficinas públicas podrían adaptar sus horarios a su longitud geográfica. Esto ocurre en Europa. Berlín tiene la misma hora oficial que Madrid, pero sus horarios son distintos porque está más al Este.

La segunda solución sería que cada pueblo de España tuviese su propia hora oficial. Es decir que en Muros y en Palamós los colegios abrieran ambos a las nueve, pero en Muros el reloj iría 54 minutos retrasado respecto del de Mahón. Así, el niño murense verá en su despertador las 8 de la mañana 54 minutos después de que el niño mahonés haya visto las 8 en el suyo. Y al abrir la ventana les acogerá un cielo parecido, nube más, nube menos. Otro ejemplo: Madrid tiene una longitud de 3.41 O. y Barcelona de 2.11 E. Como ya hemos referido, a la misma hora oficial, el niño de Madrid verá amanecer, 23 minutos y 28 segundos más tarde que el niño de Barcelona. Pues sencillamente hagamos una Hora de Barna referida a la de Madrid. Cuando tomas el Puente Aéreo a Barcelona desde Madrid adelantas el reloj 24 minutos y cuando vuelvas de Barcelona a Madrid lo retrasas 24 minutos. ¿Puede concebirse algo más brillante y elemental? Una ventaja nada desdeñable de este sistema es que añadiría un elemento nuevo en la conversación en las llamadas interprovinciales. Además de hablar del tiempo y de la salud recurrirías a la hora. Por ejemplo si Paco, de Madrid llama a su tío Jeremías que vive en Barna.

-         Jeremías, ¿cómo andamos?

-         Bieen Paquitoo, bieen... Con los achaques de siempre

-         ¿Qué tiempo tenéis allí?

-         Pues mira, algo lluvioso, sabes, hoy no salgo por la reúma...

-         Oye, ¿qué hora es por ahí?

-         Pues mira, aquí son las ocho y media.

-         Anda, pues aquí ya casi son las nueve

Los problemas surgirían claro está a la hora de coordinarse las empresas y administraciones para las reuniones de trabajo, y sobre todo en el marco de las relaciones internacionales. Resulta que fuera de Estepaís a nadie le preocupan los hechos diferenciales, pero, en el fondo, ¿no están pidiendo a gritos los catalanes tener una hora distinta que los madrileños? ¿No son la Hora Celta o la Euskordua la lógica consecuencia del pensamiento de Manolo Murguía y de Sabino Arana? En Asturias podríamos tener la Hora Viciosa, en honor a la villa capital mundial de la sidra.

En cualquier caso, nuestro proyecto supone una llamada de atención ante el silencio cómplice de las autoridades siempre lentas y remisas a la hora desarrollar el verdadero espíritu de nuestra Constitución. Dirán los centralistas al uso que, por ejemplo, en Francia el sol llega a Estrasburgo 49 minutos antes que en Saint-Renan, en el Finisterre bretón y que sin embargo a nadie se le ocurre cambiar de hora. Pero bueno, es que los franceses no han aprendido todavía a disfrutar del hecho diferencial. ¡Ya aprenderán!

Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
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