Carta a doña Regina Otaola, alcaldesa de Lizarza
Estimada señora: Una de las “boutades”, apócrifa o real, atribuidas a Borges es aquella de que “la democracia es el abuso de la estadística”. Algo de verdad hay en ello, porque la democracia tiene un insosayable aspecto cuantitativo, de sistema “formal”, donde el número, es decir el elemento convencional y contable, puede decidir. Sin embargo tiene que haber también un aspecto moral, humano, que está más allá del número y toca la fibra sensible de nuestro ser de personas.
Algo de esto ocurre en el pueblo de Lizarza , donde usted ha logrado ocupar la alcaldía con 23 votos. Ni uno más ni uno menos. Parece que la cantidad tiene algo de esa magia pitagórica de los número. Estos votos tienen el mismo valor legal que cualquier otro, pero poseen el valor humano de estar enriquecidos por el coraje, por el miedo vencido, por la defensa a ultranza de los valores de la civilización que nos alejan del salvajismo primitivo y del moderno totalitarismo. Me imagino a estos 23 héroes entrando en el colegio electoral, votando vigilados por miradas torvas, intentando que el voto sea realmente secreto (quizá alguno intentando que el voto no se le note en la cara), sabiendo que se la juega. No la fama o el puesto de trabajo o el dinero: la vida misma, lo máximo que uno puede jugarse. Al contarlos, seguro que los miembros de la mesa electoral percibieron en cada uno un pequeño latido de vida, como el pálpito de un minúsculo corazón. Estos votantes deben sentirse como los primeros cristianos que se ocultaban en las catacumbas o como los judíos en la Alemania de los años 20. Con estos 23 votos manchados de sudor y valentía llega usted, señora Ortaola, a dirigir el Ayuntamiento. Y allí, rodeada por un ambiento fuertemente radicalizado, usted defiende, sin alharacas pero con firmeza, lo que debe ser normal: el cumplimiento de la legalidad, que los símbolos de España ocupen su lugar adecuado y tengan su tratamiento correcto, que las diferencias políticas se diriman por el diálogo y dejen de ser un peligro mortal. Y está haciendo todo esto con una firmeza y una elegancia que –permítame el atrevimento- sólo pueden ser femeninas. Tales cualidades tienen una altura intelectual y moral que las hacen inalcanzables a aquellos a quienes tendrían que educar. La diferencia es demasiado grande para que haya un punto de contacto que permita la comunicación. No obstante, si no sirve para cambiar a los que nunca van a hacerlo, queden como ejemplo de valor cívico y firmeza. Señora, reciba el apoyo y el abrazo de este su seguro servidor que, de tener ocasión, sería su votante número 24. |