El ex diputado del PSOE, y actual embajador en Buenos Aires, Rafael Estrella, se ha quejado de las expresiones de xenofobia por parte de algunos diputados, y parece ser que también perceptibles en otros ambientes de la capital argentina, contra los españoles, o más concretamente, contra empresas españolas. El embajador español citó, como ejemplo, expresiones oídas en la Cámara de Diputados, que se referían a “los gallegos”, de Ibería, la SEPI y Marsans, y ha dejado constancia de su queja ante autoridades y responsables de aquel país. Uno, que sabe poco de estas cosas, cree que los diplomáticos deben tener una buena dosis de prudencia, en sus comentarios públicos, pero también una gran dosis de habilidad para, sin romper la cuerda, tirar de ella hasta tensarla, al punto que la situación requiere. Las palabras que el embajador español entiende que hieren el amor propio de los españoles, y el suyo, son producto de las relaciones entre Madrid y Buenos Aires, no muy en sintonía en los últimos tiempos, debido al tema de las Aerolíneas Argentinas y Austral, y probablemente esconden parte de esas diferencias entre ambos gobiernos, como lo demuestra el hecho de que la presidenta argentina ha “suspendido”, por tres veces ya, su visita oficial, que sería la primera, a España.
Hombre, viniendo de Argentina, que nos llamen gallegos no es un insulto (no lo sería en ningún caso, claro, y lo digo yo que soy asturiano, para que nadie crea que esto de la vecindad crea tensiones). Que tachen la gestión de nuestras empresas como gestos de conquistadores tampoco es para tomárselo a mal, creo yo. Gallegos y conquistadores, son buenos títulos tratándose de españoles en América. La diplomacia es una buena fuente de anécdotas. Algunos hechos curiosos se tornan en anécdotas y se mantienen en el tiempo, a veces deformados por la conveniencia o el desconocimiento popular. Otras veces, la habilidad de algún escritor o periodista, eleva o rebaja el hecho histórico a la categoría de anécdota, buscando con ello que el conocimiento de este hecho se perpetúe en el tiempo. La creencia popular aplica erróneamente el dicho: “así se las ponían a Felipe II”, pensando que se refiere a las mujeres, como si el titular de aquel reino donde no se ponía el Sol fuera inagotable semental, cuando el dicho, realmente, corresponde a otro monarca, Fernando VII, y la frase, lejos de la libidinosa intención, se refiere nada menos que a las bolas de billar. Ignoro si es cierta la anécdota que se cuenta de Albert Einstein, Premio Nobel de 1921 y autor de la teoría de la relatividad, en su encuentro con la sensual Marilin Monroe quien, según se cuenta, le dijo al científico que sería conveniente que ambos contrajeran matrimonio porque podría imaginarse al hijo de ambos con el físico de ella y la inteligencia de él, a lo que Einstein replicó, poco más o menos, desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia. El presidente efímero de nuestra actual democracia, don Leopoldo Calvo Sotelo, confesó un día estar cansado de contar lo ocurrido aquella tarde que, como representante estudiantil, se presentó en casa del ministro Ibáñez Martín, que en el futuro sería su suegro, para entregar un escrito y la sorpresa de que saliera a abrirle la puerta nada menos que la hija del ministro, con la que se casaría algún tiempo después, aunque esto, más que una anécdota, es el cumplimiento de un destino personal. Volviendo a los embajadores, lo de Evo Morales con el de Estados Unidos no es una anécdota, sino una situación que puede traer cola en ese foco centroamericano donde parece que se tensan las cuerdas más de lo deseable, como si no tuviera Morales suficientes problemas internos para buscarse otros de ese calado. Pero, al margen de la estrategia diplomática de nuestro representante en Buenos Aires, no debe el señor Estrella sentirse ofendido porque nos llamen gallegos y conquistadores. Un antepasado suyo en el cargo, el señor Areilza, acumuló muchas anécdotas en aquel país durante su estancia como ministro plenipotenciario y jamás se quejó, ni aún cuando Evita le llamó “gitano”, que tampoco es para ofenderse aunque seas de Mutricu. Si de desaires hablamos quien debería quejarse es nuestro diplomático en Washington, tras las declaraciones de McCain, el candidato republicano a la presidencia de los EEUU, que ya ha dicho que “pasa” de Zapatero. Eso sí es para quejarse, coño, a ver cómo vamos a resolver ahora la crisis si gana éste. |