Progresía a la carta PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Internacional
Escrito por Francisco Carrillo   
miércoles, 22 de julio de 2009

ImageLa controvertida salida de Manuel Zelaya de Honduras suscitó declaraciones cuanto menos curiosas entre los “opinadotes” de medio mundo. Sobresalían entre ellas las pertenecientes a esa elite de formadores de conciencias, clase social que no es ni alta, ni baja, ni media, sino todo lo contrario, aquellos profesores de la nada y pedagogos de todo lo que sea susceptible de ser manipulado y manejado: hablamos de la progresía, esa izquierda biempensante (si se me permite el oxímoron) trufada de principios a la carta e ideología pragmática cuyo análisis de la realidad oscila entre la crítica no fundamentada y la opinión interesada. Esa misma progresía, que ha criticado con fervor la intervención del ejército hondureño en la salida del depuesto Zelaya, que tacha de golpista a Micheletti y que repite las consignas poco educadas de ese” adalid de la democracia” que es Hugo Chávez, es la misma progresía que justifica la intervención del ejército en Turquía cuando el orden constitucional que impuso Kemal Ataturk a principios del siglo pasado se ve amenazado, es la misma progresía que brama cuando Israel se defiende legítimamente del acoso, que no derribo, de sus enemigos totalitarios pero calla consecuentemente (con su ideología a la carta) cuando el gobierno iraní patrocina la represión en las calles de Teherán o cuando el hoy capitalista, ayer maoísta y siempre comunista gobierno chino aprueba y promueve el asesinato de minorías étnicas como la musulmana uigur (aquí no hay alianzas de civilizaciones que valga). Es la misma progresía, por último que justifica cualquier acto irresponsable del socialismo del siglo XXI, o sea, del socialismo del siglo XX, o sea del socialismo del siglo XIX, es decir, del socialismo de siempre, con idéntico esquema siniestro y parecidas propuestas unificadoras que hoy acaudilla el otrora golpista venezolano.

Es lo de siempre. La instauración de la mentira, la repetición de la misma en consonancia con la máxima goebbelsiana para, seguidamente, usar y abusar de la proyección freudiana, es decir, proyectar los defectos propios sobre los demás para que parezcan defectos ajenos. La combinación de ambas tácticas conforman una estrategia a largo plazo manifiesta y calculada (calculadora también): la instauración en la mentalidad occidental de un esquema de valores, de una moral absoluta que debe regir los comportamientos y actuaciones de todos los ciudadanos. Y no se admiten ni críticas ni cuestionamientos previos sobre el planteamiento maniqueísta. Cuando algo viene de la izquierda, el significado que se adquiere y difunde es radicalmente distinto que cuando viene de la derecha. Así, Chávez es un revolucionario, Michelleti un golpista, Evo Morales, un líder de la causa indigenista, Álvaro Uribe, un terrorista al servicio de la CIA, Lula… bueno Lula es Lula, pero Calderón, ¡ah!, ese quate mexicano está financiado por los neocon del Pentágono. Pero sigamos. Israel es un estado genocida y asesino mientras Hamás preside un Estado democrático, garante de las libertades y respetuoso con los derechos humanos. Como Siria, como Irán, como Jordania, como tantos otros cuya seña de identidad común es su oposición a los valores occidentales, la democracia y la libertad.  

Por eso la progresía y la izquierda sectaria (se parecen pero no son lo mismo) se identifican con estos últimos. Siguen fieles a la tradición que ya marcaron, cual senda redentora, Gramsci, Lukacs, Münzenberg o el mismo Goebbels, partidarios todos de explotar a la cultura de masas mediante la propaganda por el hecho, “el terrorismo cultural” (Lukacs dixit) o la subversión manifiesta. Casualmente, o no, todos tenían en común una cosa: ser de izquierdas. Sí, Goebbels también, a pesar de los intentos de la progresía por borrarlo de su nómina de ideólogos y atribuírselo a los liberales y conservadores actuales. Los nazis, esos socialistas (como Mussolini, como Lenin, como Stalin), copiaron de los soviéticos algo más que los campos de concentración y exterminio. También las consignas para lavar y centrifugar  las mentes de los súbditos a los que se dirigían como pastores a su rebaño. Conviene no olvidarlo. La ingeniería social progre de hoy repite los parámetros que los gurús de antaño fabricaban como mantras de consumo. El objetivo sigue siendo el mismo: erosionar, eliminar, desterrar los modos de vida occidentales, los valores judeocristianos sobre los que está basado dicha civilización, los principios de propiedad privada como elemento rector de la economía y la familia como sostén social predominante. A cambio, se impondría el relativismo moral como forma de vida, la pereza intelectual al servicio de los intereses de la maquinaria política ideal, o sea la progre, la instauración de un mundo sin responsabilidades y al servicio del libertinaje más totalitario. Los “tontos útiles” de entonces se transforman en los “tontos inútiles” de hoy, meras sombras que no se cuestionan ni se plantean el paradigma ideológico que fluye constantemente por su paniaguado cerebro. Nihil novum sub sole.       
 

Francisco Carrillo
Acerca del Autor:
Nacido en 1982, es licenciado en Historia por la Universidad de Córdoba y licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Doctorando en Historia por la Universidad CEU-San Pablo de Madrid con una tesis sobre La oratoria política en la España actual. Como periodista ha trabajado en diferentes medios nacionales en el sector de la radio, la prensa o la TV como La Razón, Marca, Popular TV, Europa Press o la Cadena SER. Colabora habitualmente en los programas "A fondo" y "El país de las maravillas", de Radio Intereconomía.
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