No hay que olvidar que el Cavaliere es el que nos trajo de Italia las Mamma Chicho vía Telecinco que tenía como presidente al entonces director de la ONCE, Miguel Durán. Personaje divertido allí donde los haya, Miguel Durán compatibilizó ambos cargos con el de Presidente de Onda Cero, hasta que el juez Garzón le paró los pies privándonos durante años de una de las caras más simpáticas de la España del pelotazo. Ahora con las elecciones Europeas volvió a la escena pública con mucho ruido y pocas nueces, hasta el punto de que no solo se ha cargado a Ciudadanos por la absurda alianza con la coalición católica de Libertas, sino que no ha conseguido un escaño en toda España. Triste final para el sueño europeo de Miguel Duran. Lo mejor es que vean la entrevista en la que Federico Jiménez Losantos machaca sin piedad al señor Durán mediante una sutil cadena de puyazos cuyo punto álgido es el momento en el que, después de hacerle a Miguel Duran hablar de los valores morales que se están perdiendo en nuestra sociedad y demás, va y le saca un video de las Mamma Chicho con las que Telecinco se forró durante su mandato. Por si no me creen, esto sale en el minuto 23: 45 de la entrevista en el enlace que les he puesto. Pero volvamos a Berlusconi. Católico y putero, “¡tiene mérito!” dirán ustedes, pero yo les diré que no es tan extraño. Podríamos especular sobre cuál era la utilidad de la bañera del Sumo Pontífice que te encuentras en el Museo del Vaticano y en la que caben varias personas (a lo mejor por eso dicen Roma veduta, fede perduta), pero sinceramente creo que pocos como el Príncipe de Lampedusa en su obra “El Gatopardo” han sabido retratar los remedios a los que recurre el “machus católicus” cuando su mujer, con la noble intención de merecer la salvación de ambos, le tiene largas temporadas en el dique seco solo interrumpidas por el acto coital con fines reproductivos, y asistidos por una sábana con un agujerito en el centro, que impide cualquier contacto carnal más allá del estrictamente necesario. Así pues, Lampedusa describe el remedio que utiliza el muy religioso Don Fabricio Corbera, Príncipe de Salina, al verse en tal situación: Acompañado por su confesor, se desplaza desde su palacio a la ciudad para pernoctar allí con su favorita del burdel. Posteriormente, su venerable compañero de viaje le reprocha la infidelidad conyugal pero Don Fabricio le contesta cargado de razón: “¡No puedo contentarme con una mujer que se hace la señal de la cruz antes de cada abrazo! ¡Siete hijos he tenido con ella y no la he visto más allá del tobillo! ¿Es justo esto? ¡Ella es la pecadora!”. El pobre Don Fabricio ¿cómo le iba a ver los tobillos al utilizar la sábana del agujerito? Lo que más me impresiona de todo esto es la capacidad de Don Fabricio para dejar embarazada a su mujer sin darle ni un besito. Menuda fiera, así comprende uno que le llamaran “El Gatopardo”. Hasta la semana que viene. |