El pragmatismo repugnante PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Internacional
Escrito por Fernando Prieto Arellano   
martes, 08 de septiembre de 2009

ImageEn los últimos días el dictador libio, Muamar  El Gadafi, se ha dado un homenaje valorado en 40 millones de dólares para conmemorar las cuatro décadas que lleva en el poder. A primera vista, esto no pasaría de una anécdota desafortunada en el largo reguero de anécdotas desafortunadas que jalona la política internacional. Sin embargo, la cosa va mucho más allá y tiene un valor añadido extraordinario que conviene analizar:

Libia es el octavo productor mundial de petróleo en reservas probadas. Según los expertos, el crudo libio es de una extraordinaria calidad y precisa de muy poco refino, de modo que resulta, además, muy rentable desde el punto de vista productivo. Todo ello, como es natural, convierte a Libia en un lugar estratégico y muy goloso para las grandes multinacionales petroleras, que a la hora de invertir y sacar tajada sin duda se dejan la ideología -y los principios- en el bolsillo, como es natural, por otra parte.

Lo que ya se antoja poco presentable desde el punto de vista ético (aunque muy habitual desde el punto de vista político) es que los gobiernos se impliquen directamente en los negocios de las grandes petroleras, y más aún que lo hagan de un modo torticero, oscuro, falaz, lo que se vuelve mucho más doloroso si se deja atrás con toda impunidad el recuerdo, el honor y la dignidad  de 270 personas asesinadas y de sus familias.

El ministro británico de Justicia, Jack Straw, ha tenido que reconocer que la petrolera BP (la tercera del mundo) obtuvo un notable beneficio de la puesta en libertad del terrorista libio Abdel Baset Al Megrahi, quien cumplía una  condena a cadena perpetua en Escocia por su responsabilidad en el atentado contra el avión de Pan Am, que en diciembre de 1988 estalló sobre la localidad escocesa de Lockerbie y costó la vida a 270 personas.

La declaración de Straw, de la que este pasado fin de semana se ha hecho eco la prensa británica, se traduce en un acuerdo concreto -y multimillonario - entre BP y el régimen de Gadafi por el que la firma británica explotaría una serie de bloques en Libia. El pacto, al parecer, se acordó en 2008 por un monto de unos 550 millones de libras (alrededor de 600 millones de euros) y estaba condicionado a la puesta en libertad de Al Megrahi en el tiempo y forma oportunos.

Y ese tiempo y forma llegaron a finales de agosto, cuando Al Megrahi, enfermo de un cáncer de próstata terminal, fue puesto en libertad y se le permitió viajar a Libia, donde fue recibido como un héroe nacional por el propio Gadafi. Pocos días después, el 1 de septiembre, el líder libio celebra el 40 aniversario de su llegada al poder. A la fiesta asisten prácticamente todos los jefes de Estado y de gobierno de África y el mundo árabe (la inmensa mayoría de ellos de una probidad política y democrática fuera de toda duda); por el contrario, los estados de la Unión Europea, en uno de esos gestos tan ñoños como hipócritas que tanto la caracterizan, decide (no de consuno, como habría sido lo lógico, sino en de manera unilateral cada socio) enviar a representantes de menor rango, con la excepción de Malta, que estuvo representada por el presidente de la República. Por su parte, Berlusconi, que va por libre, decidió hacer una pirueta política y acudió a Trípoli la víspera para conmemorar la firma del primer aniversario del Tratado de amistad italo-libio y colocar la primera piedra (más bien el primer mojón) de la autopista que unirá Libia de este a oeste, de 1.200 kilómetros de largo, y cuyo proyecto está financiado por Roma. Por si no lo saben, les comentó que  en ese tratado Gadafi se comprometió a hacerse cargo de los inmigrantes ilegales que sean interceptados en aguas italianas procedentes de las costas libias. Si tenemos en cuenta que la isla italiana de Lampedusa es el territorio europeo más cercano a Libia y desde hace tiempo se encuentra virtualmente desbordada por las avalanchas de inmigrantes ilegales procedentes del norte de África, ustedes mismos podrán sacar sus conclusiones en lo tocante a dicho acuerdo.

El mérito de Gadafi radica en haber actuado con mucha más inteligencia que otros sátrapas petroleros como Sadam Husein.  Ha dejado de ser un paria de la comunidad internacional para convertirse en un socio comercial privilegiado y, al mismo tiempo, en un gendarme en la ribera oriental del Mediterráneo que lo mismo se hace cargo de una remesa de ilegales despistados, que  encarcela y reprime con ferocidad cualquier conato de efervescencia islamista en el país, aunque entretanto preste apoyo tácito (o no tanto) al régimen islámico de Omar Al Bachir en Sudán y recomiende a la comunidad internacional, en particular a Occidente, que se mantenga alejada de Darfur, donde el gobierno de Jartum lleva haciendo desde 2003 una auténtica carnicería, un genocidio en términos de Derecho Internacional.

Sin embargo, Al Bachir  estuvo presente en Trípoli durante los festejos a mayor gloria de Gadafi y compartió la tribuna con los representantes de los países comunitarios, quienes debieron de mirar para otro lado al ver al dictador sudanés, sobre quien pesa una orden de captura internacional dictada por la Corte Penal Internacional, la cual, por cierto, no ha sido acatada ni por Libia ni por la mayoría de los países árabes y africanos, con quienes Occidente, en general, y la UE en particular mantiene pingües negocios, como ya estamos viendo.

A estas alturas del artículo creo y espero que el lector tenga claro qué se cuece en las cocinas de la alta política y la diplomacia internacionales. Lo tremendo es que parece que los países democráticos han optado por posturas de conformismo, de laxitud, de abierta contemporización,  y no en aras de la tranquilidad universal, sino en virtud de criterios meramente crematísticos.  Esto acontece hoy día en muchos países con regímenes impresentables: Libia es un caso más y el de mayor proximidad en términos de actualidad, pero hay muchos más, como Guinea Ecuatorial (donde Obiang puede estar tranquilo que nadie le va a mover del poder pues el petróleo le garantiza el puesto de trabajo para siempre); Sudán, Venezuela (pronto le dedicaré una copla a ese fenómeno de lo incomprensible llamado Hugo Chávez) y, por supuesto, China, el gran macarra de la escena internacional contemporánea, que hace lo que le da la real gana porque ha logrado la cuadratura del círculo: dar con la fórmula del capitalismo salvaje de Estado químicamente puro. Hoy mismo, mientras en la ciudad de Urumqi la población uigur sufre las tropelías de las fuerzas de seguridad chinas, Telefónica acaba de suscribir un acuerdo multimillonario de participación accionarial con el gigante de las telecomunicaciones China Unicom.

En fin, se podría seguir dando ejemplos, pero creo que éstos son lo suficientemente ilustrativos. Si al menos, Occidente mantuviera la sartén por el mango ideológico o del control de la situación, podríamos decir que el pragmatismo,  la diplomacia y la seguridad iban unidos. En las presentes circunstancias, lo único que impera es una visión mocha de la realidad que se traduce en un pragmatismo de escasas miras, en definitiva un pragmatismo repugnante.


Fernando Prieto Arellano
Acerca del Autor:
Fernando Prieto Arellano. Madrid, 1965. Periodista, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis "Prensa y grupos de presión de ultraderecha en Madrid, 1931-1936".  Profesor asociado de Periodismo Internacional en la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid.
Leer Más >>

 
< Anterior   Siguiente >

Libros recomendados

"Figuras y paisajes políticos de la España del XIX ", de Fernando Álvarez Balbuena

Boletín AL

Suscríbase a nuestro Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

AL en su Móvil/PDA

http://movil.asturiasliberal.org

Sindicación