 Mañana día 9 se cumplirán 20 años de la caída del Muro de Berlín. Cuando hablamos de tal suceso se nos vienen a la cabeza expresiones como Perestroika o Glásnost y personajes como Gorbachov o Honecker. Sin embargo pocos recuerdan a un periodista italiano de la agencia de noticias Ansa llamado Ricardo Ehrman y a un alto funcionario del Partido Socialista Unificado (RDA) que inconscientemente acabaron con décadas de represión e injusticia.
Sin entrar en detalles ya conocidos, resulta adecuado recordar la rueda de prensa en la que Günter Schabowski, portavoz de la RDA, anunció una nueva ley que facilitaría a los alemanes el paso de fronteras. A esa rueda de prensa, tan importante que todos los alemanes la estaban siguiendo en directo por televisión, llegó tarde Ricardo Ehrman, un veterano periodista que, sentado en el suelo junto a la tribuna de oradores, tuvo la osadía de preguntar al portavoz del Gobierno desde cuándo se aplicaría dicha medida. Un dubitativo Schabowski murmuró “Inmediatamente”. Se acabó el Muro de Berlín. Dos hombres, un simple intercambio de preguntas y respuestas y el fin de un sistema político. Un funcionario que anuncia una medida planificada, medida, estudiada, y un avispado periodista que plantea una sencilla pregunta, algo tan obvio a lo que su interlocutor de mente recta y dirigida responde con la misma sencillez. Ehrman interpreta que las fronteras han caído. Sus compañeros de Ansa creen que ha enloquecido pero de alguna manera le siguen el juego. La noticia aparece en todas las agencias en unos minutos. El público reacciona igual que Ehrman y decide pasar a la acción. Se acerca a los puestos fronterizos porque les han dicho que hay libertad de movimiento. Los guardias no tienen órdenes claras y no reciben respuesta de sus superiores. En uno de los pasos más simbólicos de la RDA, el de la Bornholmer Strasse, el jefe de control de pasaportes, ciego ante un destino imparable, se afana por invalidar los pasaportes de aquellos que deciden pasar a la RFA. No se molesta en observar como la marea humana de más de 20.000 personas desborda la capacidad de control de los guardias, que finalmente deciden abrir el paso. De ahí a por el Muro, de ahí a la Puerta de Brandemburgo, de ahí a la Libertad. Resulta triste comprobar, veinte años después, que todavía existen defensores de regímenes comunistas y totalitarios. Hoy día los medios informativos de que disponemos son casi infinitos y nos permiten revivir hechos como los antes comentados. Resulta emocionante observar los pasos fronterizos de aquel frío jueves 9 de noviembre y contemplar las caras de tantos alemanes deseosos de abrazar a los del otro lado, familiares, amigos, a aquéllos que un día decidieron abandonar la coerción y la opresión para vivir en la maravillosa incertidumbre que proporciona la libertad. Ignorante, triste, idiota es el humano que decide tropezar dos veces en la misma piedra. En España tenemos ejemplos permanentes de defensores del comunismo, del socialismo, de la nueva revolución bolivariana, de China, del régimen cubano… que a la vez claman contra el capitalismo, la maldición de la economía de mercado, la riqueza, el individualismo… contra la libertad. Que vean las imágenes de los alemanes que hace 20 años luchaban por su libertad. Que miren a los ojos de aquéllos que no dudaron en lanzarse a las calles escapando de ese régimen totalitario y planificado, supuestamente genial, para cruzar a la libertad que suponía vivir en la RFA, al bienestar que la sociedad occidental había alcanzado tras años de esfuerzo, lucha y superación. Que dejen la demagogia aquéllos que aquí lo tienen todo pero no quieren que los de allí disfruten de lo mismo. Que abandonen todas las comodidades que el Capitalismo les ha facilitado y que vayan allí donde de verdad desean estar, bajo el yugo del opresor, bajo la espada de la arbitrariedad, militando en la “Ingsoc”, babeando tras el Emmanuel Goldstein de turno. Gracias Günter Schabowski. Gracias Ricardo Ehrman. |