China y Cuba, contra los chinos y los cubanos PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Internacional
Escrito por Joaquín Santiago Rubio   
viernes, 11 de abril de 2008

ImageEl comunismo aún vive…sobre cadáveres

La brutal represión de tibetanos y gentes de bien en China crece en proporción directa al descrédito de la Olimpiada 2008. El rostro inhumano del comunismo ha hecho despertar de su autonarcosis a quienes creían factible la cuadratura del círculo virtuoso del capitalismo.

Y es que, a pesar del efecto benéfico que es esperable por parte del libre mercado sobre las instituciones políticas, el caso chino demuestra que un férreo control de la apertura es la baza de los tiranos. Hu Jintao no caerá en lo que considera “el error de Gorbachov”.

Las reformas orientadas al capitalismo están en China muy controladas. Más que capitalismo se están fomentando maneras plutocráticas, en apariencia liberales y en esencia estatistas. Un capitalismo de Estado, tanto menos de aquél cuanto más de éste es lo que las autoridades de Beijing promueven.

Por esta vía, la única manera de que los cambios en la sociedad y la economía china empujen al sistema a abrirse giran entorno a la presión exterior. Lo mismo que ocurrió a la combinación de crisis interna de la URSS con presión occidental.

Pero China es demográfica y territorialmente inmensa. Lo suficiente como para que se pueda abrir un 10% de su economía al libre mercado mientras se mantiene en el atraso al 90% restante. Lo contrario ocurre en Cuba. Sus dimensiones geodemográficas no dejan opción intermedia a su sistema. O se abre arriesgándose a una deriva virtuosa hacia la reforma económica y política o bien se enroca un lustro más, al menos.

Parece que Raúl Castro quiere alguna apertura pero que su Gran Hermano se lo impide. Así ocurrió con el intento de aquél de legislar con mano más abierta en los viajes al exterior de los cubanos. Fidel se lo impidió. Mientras, la productividad de los trabajadores cubanos cae vertiginosamente ante la falta de incentivos. El mismo diario oficialista Granma acaba de admitir que el 19% de los cubanos se niega a trabajar a causa de la miseria salarial librada en una moneda sin valor.

Al igual que la historia enseña, lo recomendable, tanto en el caso cubano como en el chino, es incrementar la presión democrática desde el exterior. Reforzar el bloqueo a la isla, que aún no llega ni a serlo, es preciso para que los tiranos hermanos dejen de “echar al pueblo a sufrir y de seguir de modo cruel contra el pueblo conspirando para seguirlo explotando”. En el caso chino, la situación del Tibet ha de ser el detonante para cuestionar la legitimidad de quienes buscan un lavado de imagen a través del ideal olímpico.

 
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