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Chávez visita a Sarkozy Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Internacional
Escrito por Francisco Iglesias González   
martes, 20 de noviembre de 2007

Las contradicciones de una Francia no tan nueva
El que puede ser calificado, sin temor a errar, como dictador de Venezuela, lleva a cabo una gira diplomática mediante la cual pretende afianzar sus alianzas antioccidentales –antiamericanas, dicen él y los suyos- y, si es posible, que lo es, abrir una brecha en Occidente.
Tras intentar infructuosamente que Arabia Saudí y la OPEP aceptaran abandonar el dólar –divisa de un “imperio en decadencia”, según el populista Correa, de Ecuador- como moneda de uso en el mercado de crudos, y afianzar su alianza con el chiísmo iraní, Chávez será recibido por Sarkozy. El presidente francés comenzó con buen pie en su agenda exterior dejando claro que no cometería los errores de su predecesor en el antiamericanismo. Pero eso no parece incluir un cambio radical, sino que, por el contrario, existen muchas concesiones al oportunismo y a la amoralidad propia de la “realpolitik”.

Se dan una serie de circunstancias que desaconsejan este gesto del llamado “faraón republicano” y, cómo no, una coartada utilizada al alimón por los medios cercanos tanto a Sarkozy como a Chávez.

Entre lo criticable figura, en un puesto relevante, el hecho de que el día 2 de noviembre Chávez puede convertirse en un dictador refrendado por los suyos en una consulta donde la oposición tiene restringida su libertad y las garantías de limpieza en el proceso están, prácticamente, liquidadas. Sarkozy, con su inminente recepción del dictador, legitima la deriva antidemocrática de Venezuela o, al menos, emite el mensaje de que tal situación no importa en El Elíseo.

En segundo lugar sucede que la patronal francesa, invitada a ello por el presidente Sarkozy, se reunirá con el venezolano para reforzar lazos comerciales. Ello ocurre en un momento en que las empresas españolas están amenazadas por el gobierno del país caribeño tras el valiente acto de gallardía del Rey de España ante el dictador. Un gesto inadmisible y oportunista cuando lo que debe hacer una democracia como la francesa es penalizar los comportamientos retrógrados y nunca premiarlos.

La coartada que la diplomacia francesa utiliza para justificar la visita es que tratará con Chávez el secuestro de la excandidata presidencial colombiana, de origen francés, Ingrid Betancourt, por parte de las FARC. Lo cierto es que las inconveniencias citadas debieran ser suficientes para desistir de recibir a Chávez, pero aún se refuerzan aquellas con el hecho de que se legitime desde El Elíseo el papel de Chávez como gendarme de la zona norte del Cono Sur en detrimento del único representante de la sensatez en el área, es decir, de Álvaro Uribe. Se sabe que Chávez arma a las FARC, secuestradoras de Betancourt, a pesar de lo cual, se bonifica su papel de incendiario aceptándolo como apagafuegos.

Sólo cabe, en descargo de la postura –impostura, quizá- de Sarkozy el hecho de que facilitar la liberación de una cuasi-compatriota podría acarrearle un plus de populismo con el que seguir manteniendo la reforma del mercado laboral francés y el correlativo pulso con los sindicatos.

Poco bagaje de razones, no obstante, para acompañar una inmoralidad manifiesta como la que se dará en cuanto Chávez aterrice en el Charles de Gaulle.

 
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