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Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
jueves, 19 de junio de 2008

Han condenado al señor Losantos.

A mi personalmente no me extraña, me hubiese extrañado lo contrario.

Nada sé de leyes, nada sabía de jueces y de juicios.

Pero heme aquí que fui citado hace poco como testigo a un juicio celebrado en Oviedo.

El asunto era que una indocumentada, mentirosa y bárbara periodista, Marta Capín, había escrito un libro en el que se acusaba al difunto, prestigioso psiquiatra ovetense, D. Pedro González Quirós Isla de haber organizado los asesinatos de Valdedios en la guerra civil y escogido las víctimas. “Esta orden llegó firmada por D. Pedro Quirós Isla que era director del Hospital siquiatrico de Oviedo (la Cadellada) y que en ese momento se encargaba de otro grupo en Cangas de Narcea”.

Previamente lo había descrito. “Personaje siniestro, autoritario mal encarado y de oscuras intenciones desde el principio”.

Yo lo conocí de vista, era un señor la mar de normal, a mi me parecía majo.

Mi padre lo conocía mejor y decía que era una excelente persona, esa era su fama.

¡Pero no!

Lo contaba así doña Marta:

Un niño de once años había presenciado que (27-10-37) el doctor Quirós (nunca lo había visto el niño antes) había llevado una lista a Valdedios con 33 nombres, escogidos por él personalmente entre los de la plantilla de la Cadellada,  para que fuesen asesinados aquella noche.

Entregada la lista a un oficial, que se la deja leer a un soldado, se marchó. Los empleados fueron llamados nominalmente por lista y muertos aquella noche

En excavaciones muy recientes se verificó que los muertos habían sido 16.

No hay ninguna constancia de la existencia de la lista citada.

No tenía don Pedro, joven médico de la Cadellada, ninguna autoridad política o militar para ordenar aquello.

De los asesinados la mitad aproximadamente no pertenecían a la citada plantilla, don Pedro nos los había visto en su vida y mal podía escribir sus nombres en una lista.

Anteriormente sí había habido una lista, inmediatamente de la caída de Valdedios, hecha por el SIE (Servicio de Información del Ejercito) de los cinco más caracterizados políticamente, que fueron conducidos a la cárcel del Coto en Gijón, de los que tres fueron ejecutados.

Se habían destacado en octubre del 34 y también el 19 de julio en el cuartel de Santa Clara de la Guardia de Asalto.

Es absurdo que don Pedro fusilase a gente que no conocía, una de las asesinadas tenía 17 años y nada que ver con la Cadellada, y sin embargo no pusiese el mismo interés con los cinco revolucionarios del 34, que habían conseguido echarle del puesto de Director del Hospital, ganado de muy joven por oposición, pues no era de los suyos y eso en República se llevaba muy seriamente. Ahora también se lleva con parecida seriedad. La citada niña en aquella época tenía 14 años.

El doctor Quirós sí consta que posteriormente estuvo en Valdedios para hacerse cargo de los enfermos que allí se encontraban.

Antes de entrar en la sala comentamos el asunto y yo, pobre pardillo, dije que la condena era segura, para la señora Capín naturalmente.

Uno de los abogados me miró con cara de pena, me explicó: la juez es rojilla y la cosa no está nada clara.

Creí que me estaba tomando el pelo para darse importancia.

¡Pues no!

Salió absuelta y se cargaron las costas, creo que fue así, a los Quirós.

El razonamiento de la jueza era muy normal.

Don Pedro era un personaje novelado y su familia no tenía por que darse por aludida.

De don Pedro se daban todos los datos, no me fije cuando leí el libro si tenía la fotocopia de la partida de nacimiento, pero papeles había a “esgalla”.

Que familia más rara; Mira que parecerle mal que novelasen a su padre.  

Se imaginan que le hubiese pasado a don Federico, sí dice que la lista de los muertos del 11-M la había hecho el señor Gallardón. La jueza manda desembalar el garrote vil y con el aplauso ferviente de Rajoy, Pepiño y prensa adicta. ¡Pobre Federico! No lo quiero ni pensar.

Pues ya ven, sí es en Oviedo, don Federico se apunta al PSOE y le toca una jueza de la cuerda, ni le riñen. Multan a Gallardon y alguna cosa más se le ocurriría. Yo no soy capaz pensarla, pero seguro que se les ocurriría.


Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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