En 1900 el país “xerifiano” (Marruecos) vivía en una total anarquía. La miseria y la pobreza cubrían a la mayor parte de la población a excepción de los territorios colindantes a las ciudades importantes como Fez, Rabat, Marrakech, Mequinez, entre otras. Las enfermedades asolaban todo el territorio produciendo una gran mortandad con especial virulencia en las mujeres y niños. Las guerras entre tribus y familias se dirimían con la aplicación de la ley consuetudinaria llamada “urf”, un código feroz llevado a la práctica especialmente en el Rif: “Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente”. Frecuentes eran las “razzias” en los zocos donde una familia aprovechaba el lugar de reunión para atacar y asesinar a algún miembro de la familia enemiga. Todo el trabajo de las casas recaía en la mujer, aún los más rudos e impropios de su sexo. Cabe decir que para el indígena de aquél país, en aquellos años principios del siglo XX en el orden de los afectos el más preciado era el fusil en primer lugar, después el caballo y luego los hijos e hijas, quedando la esposa ó las esposas (por lo general) en último lugar.
En 1902 reinaba el joven sultán Mulay Abd el Aziz, hombre inteligente pero completamente dejado en lo concerniente a la gobernabilidad del Estado. El dominio de este Sultán se extendía sobre un 20% de la superficie total del país y que se conocía como “Belad al Maghzen (Gobierno marroquí)”, regiones sometidas al control del Sultán y a las que se les cobraba impuestos, las otras regiones estaban incluidas en lo que se conocía como “Belad es Siba”, tribus disidentes que no admitían su autoridad y que poblaban generalmente las zonas más montañosas. Desde principios de siglo el “Raisuni”, cabecilla famoso campaba a su plena voluntad por le región montañosa de Yabala, al noroeste, cometiendo toda clase de tropelías y actos de bandidaje y enfrentándose a “los meha-las” (soldados indígenas integrados en el ejército del Sultán, la Metal-la) alcanzando la victoria en la mayoría de las veces. En ese año de 1902 estalló la revuelta del “Roghi”, quién se hizo dueño y señor de las tierras comprendidas entre la frontera argelina y Fez, exceptuando el Rif más occidental, y que enfrentándose también a la “Mehal-la” consiguió siempre la victoria. Fue esta situación de total anarquía y falta absoluta de autoridad en el imperio “xerifiano” lo que puso en ebullición a potencias europeas como Francia, Gran Bretaña, Portugal y Bélgica a las que se sumaron algo más tarde Alemania e Italia y que pusieron sobre el tapete sus reivindicaciones en Marruecos y en toda África en general. En 1903 el sultán Mulay Abd al Aziz se vio obligado a pedir auxilio a Francia, que se encontraba con las tropas en la frontera argelina-marroquí esperando el momento propicio para introducirse en Marruecos, con el propósito de hacer frente a la revuelta que estaban llevando a cabo los indómitos habitantes de la cabila de Beni Snassen, hacia el noreste de Ouxda, e implantar el orden a lo largo de la frontera que separaba a marroquíes de los argelinos. Los franceses actuaron apoyando a los mehal-las y sometiendo a los rebeldes, aprovechando la ocasión para con la excusa de evitar cualquier otra revuelta quedarse en la citada ciudad marroquí y a partir de esa fecha no cesar en su acción de invasión del territorio “xerifiano”. El 8 de abril de 1904 Francia firmó un Tratado con Gran Bretaña que dejaba a los británicos plena libertad de acción en Egipto y a la vez concedía al país galo libertad de acción en Marruecos. En dicho Tratado los países firmantes acordaron que España, en virtud de sus posesiones en la costa mediterránea y por su propia situación geográfica, tendría una especial consideración. El 7 de octubre de ese mismo año de 1904 españoles y francesas redactaron el “Tratado franco español de Bayona”, que debería permanecer en secreto durante un período de quince años. En dicho Tratado se designaban las dos Zonas de influencia, lo que con el tiempo serían el Protectorado francés y español. Sin embargo Alemania, que tenía instaladas importantes factorías en la costa atlántica marroquí, insistía en la celebración de una Conferencia europea “que fallase en el pleito, pues en tanto que esta no se celebrase Alemania no reconocería derechos de preferencia a Francia ni a ninguna otra nación”. Organizada por el Delegado del Sultán, Muhammad Torres, se celebró la “Conferencia de Algeciras” que duró desde el 16 de enero hasta el 7 de abril de 1906. Asistieron delegados de todas las naciones europeas, excepto dos, más Estados Unidos, Rusia y Marruecos. La esencia de lo acordado y aprobado por todos los presentes quedó recogido en la siguiente fórmula: “Se internacionaliza en una gran parte (Banco del Estado, contrabando, aduanas…) el problema marroquí, y en otra menor (policía, organización, apoyo a las autoridades) se reconoce a Francia y España una situación privilegiada que convierte a estas naciones en tutores preferentes”. A partir de principios de 1907 España inició la acción política y social en el norte de Marruecos a la que se había comprometido, corriendo toda una época de Protectorado en la que supo ejercer con dignidad una misión simplemente orientadora y tutelar. Con la cautela que las circunstancias requerían, pero siempre progresando hacia el interior de la zona que había quedado bajo su control, España emprendió la ingente labor de llevar la paz y los avances de la civilización a las cabilas más indómitas que obligaban en muchos casos a la acción contundente de las armas. Fue una época dura cargada de dramáticos acontecimientos y luchas sangrientas en la que miles y miles de españoles dejaron sus vidas y empaparon de sangre generosa aquellas gabas rifeñas en el solo cumplimiento de su deber. A partir de la “Conferencia de Algeciras” se puede decir que España empezó a poner en práctica su plan de protectorado en Melilla y Ceuta, que se mantenían en los límites acordados por el “Tratado de Marrakech” (guerra de 1893, conocida como “guerra de Margallo”) por el que se estableció una zona neutra que debería ser vigilada por los mehal-las del Sultán y así evitar nuevos incidentes. Se reactivaron las obras en los puertos, en un caso para rematar su ejecución y en otro para terminar las mejoras. Se emprendieron obras de infraestructuras, levantamiento de zocos y escuelas para la población indígena, entre otros. En julio de ese mismo año dieron comienzo en la zona de Melilla los trabajos preparatorios para la explotación de mineral de hierro y de plomo en los montes de Uixan y Afra en la cabila de Beni bu Ifrur y en el mes de marzo de 1908 se empezó la ejecución de un ferrocarril para transportar el mineral desde las explotaciones mineras hasta el Puerto recién construido, aunque en esas fechas seguía en obras. Fueron cientos y cientos los indígenas que fueron contratados para estos trabajos que se fueron ampliando con la construcción de apeaderos, talleres y otros. Otros muchos rifeños empezaron a trabajar junto a colonos españoles quienes procedentes de la Península e incluso de Argelia poblaron con ilusión aquellas tierras, que una vez delimitadas, repartía la “Compañía Española de Colonización”. También núcleos importantes de indígenas se incorporaron como soldados a las mías de la Policía Indígena y a los tabores de Regulares integrados en el Ejercito español. Gentes que habían llevado una vida anárquica y miserable empezaron a sentir en sus propias carnes los beneficios de una acción civilizadora y las enseñanzas que les portaba generosamente un pueblo llegado del otro lado de las aguas mediterráneas. A finales de 1909 realizó una visita al Protectorado español el Ministro de Fomento, D. Rafael Gasset, quien acompañado de ingenieros, peritos, geógrafos, médicos, y otros, quiso estudiar sobre el propio terreno los medios necesarios para llevar al Rif a un nivel de manifiesta prosperidad. El 5 de enero de 1911 el rey D. Alfonso XIII realizó un viaje a Melilla acompañado por el Presidente del Gobierno, D. José Canalejas, cuya regia visita fue aprovechada para inaugurar varias instalaciones levantadas para los indígenas y acoger las conclusiones a que llegó la “Asamblea Africanista”, poniendo como ejemplo algunas de ellas: “La construcción rápida de cuantos ferrocarriles sean convenientes para el desarrollo comercial de Melilla en Marruecos y establecimiento de docks” ó “Establecimiento de un zoco franco en Zeluán.”. Cabe recordar que durante “la hambruna” de 1920, motivada por la sequía que padecía el país desde años atrás, la Alta Comisaría concedió los créditos más que suficientes para comprar y llevar cereales hasta los puntos más recónditos del Rif. En los economatos de los poblados mineros de Uixan, Afra y Setolazar se suministraba los artículos de primera necesidad por la mañana a los europeos y por las tardes a los moros que trabajaban en las explotaciones, en las mismas condiciones y precios. Así se comportó España en su acción de Protectorado en el norte de Marruecos, dejando de enumerar muchas otras actuaciones humanitarias. A partir de 1.927 en que se terminó con la pacificación de las cabilas rebeldes la zona española entró en una época de paz y prosperidad que permitió una comunión perfecta entre rifeños y españoles hasta su pacífica independencia en abril de 1.956. Cuando Muhammad V se hizo de nuevo cargo del poder se encontró con un país controlado, próspero y organizado, gracias a la acción protectorado llevada a cabo por Francia y España ¡Marruecos no lo debe olvidar! ¡Los pueblos deben ser agradecidos con los otros pueblos que les ayudaron a salir de la miseria y a conocer las ventajas de la civilización más avanzada! Hace unos cuantos días se realizó el viaje del Presidente del Gobierno español a Marruecos y el comportamiento del Maghzen xerifiano (Gobierno marroquí) ha sido indigno. La Prensa española ha hecho escasos comentarios sobre este particular ¿Porqué? Cabe preguntarse si el viaje se realizó a petición de uno u otro país ó si ya estaba escrito en agenda desde hacía tiempo. Lo que no tiene justificación alguna ha sido la humillación a que ha sido sometida la bandera española que no aparecía ni en el aeropuerto, ni durante el trayecto, ni a la entrada de las instituciones que visitó el Presidente español. Puede que en algún caso apareciese la bandera roja y gualda medio escondida. Como si Marruecos pretendiese dar a conocer al mundo su desprecio y falta de respeto hacia la nación española. Muchos “veteranos” españoles se han recomido y estrujado el corazón recordando otros tiempos. Sí otros tiempos, cuando era el Sultán ó sus Ministros los que venían a España a presentar sus respetos al Jefe del Estado español. Durante la entrevista entre el Rey marroquí y el Presidente, que se puede hacer extensivo a sus Ministros, se hacía más que ostensible la actitud altanera y chulesca adoptada por las autoridades xerifianas. Uno de sus Ministros, sin la más mínima consideración y sin respetar que se trataba de una visita amistosa y de buenas intenciones, se atrevió a insistir sobre el problema de Ceuta y Melilla, ¡ciudades hoy por hoy españolas! Se podía ver al Presidente español como acobardado, como temeroso, manifiestamente amilanado y sin realizar una respuesta adecuada. ¡Pero porqué! ¡Que le debemos nosotros a Marruecos! ¿Dónde ha estado la Oposición que no ha pedido aclaraciones en el Parlamento a esta visita? ¿Señor Jefe de la Oposición, menos economía y más honra para la Patria? Repetimos ¡¡la Patria! ¡España! Aquí tenemos cerca de un millón de marroquíes comiendo y vistiendo a nuestra costa, y si hay muchas empresas españolas trabajando en Marruecos quiere decir que aún hay otros tantos moros comiendo de España. ¡Esto es puro desagradecimiento por parte de Marruecos! Los nacidos hace muchos años en aquellas tierras y que los vivieron entre moros saben perfectamente que transforman rápidamente la generosidad y nobleza del que tiene enfrente por debilidad de carácter. Obran en consecuencia y actúan sin miramientos, hemos expuesto más arriba el último ejemplo. Son tremendamente orgullosos y cuando su vanidad la consideran herida se transforman en un enemigo implacable. Precisamente por ello habría que hacerse algunas preguntas en relación con los dramáticos sucesos del 11 de marzo. ¿Cómo es posible que la policía secreta marroquí no tuviese conocimiento de que 8 ó 10 compatriotas suyos nacidos en Nador, en Tetuán ó Tánger, iban a acometer un acto terrorista de tal magnitud en Madrid? ¿Y si lo sabía porqué no informó a la española? ¿Por qué ha sido acogido en Marruecos el terrorista que huyó del piso de Leganés y no lo han entregado a España? Un Ministro español dijo en una visita a dicho país a los pocos meses de las elecciones ganadas por los socialistas: “Que había que ser buen amigo de Marruecos para evitar un segundo 11 de marzo”. ¿Qué quiso decir? ¿Qué le habían amenazado? ¿Qué Marruecos nos puede hacer daño cuando a sus autoridades les venga en ganas? En caso de que se produjese un nuevo “Perejil” ¿se le respondería con la misma contundencia? ¿Y a una invasión de Melilla ó Ceuta?...Precisamente eso, ¡contundencia! señor Presidente del Gobierno español, menos sonrisas y más c… coraje. ¡Viva España! |