Escribe mi admirado republicano de pro don Luis Arias Argüelles-Meres (LNE, 16-6-8 ) un encendido comentario del libro de don Santiago Riopérez y Milá, “Si preguntáis por mí. Autobiografía y memorias” Dice de él: “Pocas autobiografías y memorias hablan de lo mejor que hubo en un tiempo y un país, con una inequívoca voluntad de enaltecerlo”.
Lo mejor que hubo, a juicio de don Luis, fueron: Azorín, Unamuno, Baroja, Machado, Ortega, Pérez de Ayala, Marañón. Es curioso lo de estos republicanos de pata negra asturianos, a cuya cabeza como guía intelectualmente va nuestro don Luis. No paran de asegurar, si fuesen creyentes lo jurarían, que todos los intelectuales en República eran fervientes partidarios de la misma y los que no eran una especie de iletrados cafres fascistas. Resumiendo, un PÁRAMO Pero observando los nombres que don Luis cita ahora y siempre, vemos que, de los siete de hoy y de siempre, todos menos uno acabaron siendo profundamente antirrepublicanos. Cierto es que antes del 14 de abril del 31 lo eran todos, algunos lo siguieron siendo poco más de un cuarto de hora: Ortega, Unamuno, Azorín; media hora Baroja; un par de años Marañón y Pérez de Ayala y siempre Machado, supongo que don Luis de referirá a Antonio, porque Manuel estaba dando los últimos toque a su poema épico “Al sable del Caudillo”. Pero a medida que se enteraban de lo que era la República, se les fruncía el ceño. De donde se deduce que los intelectuales muchas veces no son tan espabilados como parecen. El 18 de julio parece que fue asomando una tenue sonrisa, que ya, un uno de abril, se hizo total. Ortega: 9-9-31. El Crisol, “Un aldabonazo”: que no fuese falsificada la República. Recordaba la inexistencia de vencedores ni vencidos, “por la sencilla razón de que no hubo lucha”, le parecía grotesco “el aire triunfal de algunas gentes cuando pretenden fundar la ejecutividad de sus propósitos en la revolución… nada más ridículo que querer cobrar cómodamente una revolución que no nos ha hacho padecer ni nos ha costado duros y largos esfuerzos… llamar revolución al cambio de régimen acontecido en España es la tergiversación más grave y desorientadora que puede cometerse… Una cantidad inmensa de españoles que colaboraron en el advenimiento de la República con su acción, con su voto o con lo que es más eficaz que todo esto, con su esperanza, se dicen ahora entre desasosegados y descontentos: ¡No es esto, no es esto!”. Exigía una “Rectificación de la República”, bajo la cual la vida se había hecho “agria y triste”. 17-8-37. Ortega escribe a Marañón: “las notas de Franco son cada vez más acertadas y en su punto”. Carta del archivo de Marañón. M. Gómez Santos, Españoles sin fronteras, p.124. Reinaugura el Ateneo de Madrid. Acude a la conferencia lo más florido del régimen: Serrano Suñer, Pemán, Marañón, etc. Es aplaudido fuertemente cuando dice: “Mientras otros pueblos están enfermos, casi todos, el pueblo español, lleno de defectos y de hábitos torpes, ha salido con una sorprendente salud”. La conferencia es transmitida por radio a toda España y se publica en el Arriba de 6-5-46. Unamuno: 17-10-31. Escribe a un amigo: “Me pregunta usted como va la Republica… si he de ser fiel a mi pensamiento, tengo que decirle que no va: se nos va. Esta es la verdad… en fin, esto dura poco… palabras, palabras. No hemos cambiado”. L. González Egido, Agonizar en Salamanca, p.62,3. 10-12-34. Dicta su última lección magistral de 1.934: “Vosotros tenéis que enseñar a vuestros padres- a nosotros- que esa marea de insensateces- de injurias, de calumnias, de burlas impías, de sucios estallidos de resentimientos- no es sino el síntoma de una mortal gana de disolución. De disolución nacional, civil y social. Salvadnos de ella, hijos míos. Os lo pide al entrar en los setenta años, en su jubilación, quien ve en horas de visiones revelatorias rojores de sangre y algo peor: livideces de bilis”. “Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar, esperando alguna estupidez inmensa… Alguna estupidez auténtica, y esencial, y sustancial, y posterior al 14 de abril… Entonces… los más de los que votaron la República ni sabían lo que es ella ni sabían lo que iba a ser “esta” República. ¡Que si lo hubiesen sabido!” 18-7-36. Un oficial lee en la Plaza Mayor de Salamanca el Bando de Guerra. Unamuno en la puerta del Casino se quita el sombrero y grita: “¡Viva España soldados!”. Se constituye el nuevo Ayuntamiento del que Unamuno es concejal. Baroja: 5-2-32. Villena, “El relativismo en la política y en la moral” : “Hay mucha gente que se asombra de que la mayoría de los españoles independientes seamos más enemigos de la Monarquía que entusiastas de la República… la Monarquía ha sido torpe, y la República… no es tampoco muy hábil… como institución para producir entusiasmo… es una fórmula un poco usada y manoseada. Es como la novia a la que espera su prometido años y años y llega pasada, sin el aire de la juventud y frescura de otros tiempos… El Congreso, en este momento, no representa la masa social española... es mediocre… una creación artificiosa y falsa… Está hecho … con la idea preconcebida de dar una impresión de que España es un país en su mayor parte socialista, lo que es falso. El Parlamento español… no interesa… Estamos haciendo una maravilla –nos dicen estos políticos…- y todo el que no se entusiasme con nuestra obra es un canalla y un mal español… han dado… una serie de fórmulas que nadie apetece... Con la Constitución… pasa lo mismo. Nadie cree en ella… no influirá en la vida… Todas esas son reformas en el papel, pero no en la realidad. Nuestros republicanos, unidos a los socialistas, han amenazado y no han dado; han dicho que van a hacer y no han hecho nada, con lo cual han conseguido que los capitalistas estén asustados y los obreros exasperados. Respecto a represiones y violencias, los meses que llevamos de República han producido más muertos en las calles de las ciudades que cuarenta años de Monarquía”. “Yo nunca creí en la República… lo dije muchas veces… Esto será un concurso de divos. Azaña, Alcalá Zamora, Jiménez de Asúa… para ellos y para sus amigos lo adjetivo eran los hechos, lo sustantivo la retórica”. «blancos y rojos luchan con una rabia desesperada en España, no parece que pueda haber una solución intermedia. Esto es lo peor. O dictadura roja o dictadura blanca. No hay otra alternativa… Yo tampoco tengo intereses prácticos en uno u otro bando. No tengo fortuna ni he gozado de beneficios del Estado... A pesar de todo, creo que una dictadura blanca, no siendo clerical, es, hoy por hoy, preferible para España. Una dictadura de militares se puede suponer lo que va a ser. Consignas más o menos severas, pero con sentido. Una dictadura roja en todos los países es lo mismo, un poder lleno de equívocos, de intenciones obscuras y de confusiones». P. Baroja, Ayer y hoy, p. 137,8. Escribe artículos periodísticos muy críticos con la República en general y con los políticos republicanos (como el muy famoso " Una explicación" publicado en el "Diario de Navarra", 1-IX-1936). En enero de 1938 es nombrado por Franco miembro del Instituto de España. Acaba la guerra y se viene a Madrid hasta su muerte. Otro día seguimos con Azorín, Machado, Pérez de Ayala y Marañón, tan admirados del señor Arias, y que tanto les “prestó” el 18 de julio, del 36 naturalmente. |