Francisco Umbral PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
lunes, 11 de mayo de 2009

Image Estoy leyendo “Francisco Umbral. El frío de una vida”, un magnífico libro de Anna Caballé. Queda recomendado.

El capítulo 7 del libro se titula “Un escándalo provinciano” y en él la autora explica con rigor la labor radiofónica y literaria llevada cabo por Umbral durante el periodo de tiempo que pasó trabajando en León. El título del capítulo se justifica sobradamente porque contiene la noticia y los pormenores de la presentación por Umbral de la película “Orfeo”, dirigida por Jean Cocteau, presentación de la que Umbral no salió bien parado. Este fue el hecho y a partir de este episodio Umbral, bien porque ya lo tenía previsto, bien porque empezó a no encontrarse cómodo en León se sacudió las telarañas provinciales y se marchó a Madrid, pero (escribe Anna Caballé) “con los años, el escritor sostendrá que tuvo que abandonar la ciudad “por ser de izquierdas”, o (su otra explicación), que por los mismos motivos fue despedido de la emisora.” La realidad no fue así. Un enfrentamiento con la Sección Femenina por el debate que provocó su presentación de la película dicha y que Anna Caballé explica minuciosamente se saldó con el apoyo incondicional de la emisora en la que trabajaba y de su periódico, el “Diario de León”. “Digamos que fue un tropiezo profesional que, sin embargo, tuvo como consecuencia la huida hacia delante, que en este caso era Madrid”.

“Cuando, años después, un periodista argentino llamado Mario Mactas le fuerce en una entrevista a demostrar de algún modo que fue “compañero de viaje” del PCE durante el franquismo, Umbral se refugiará, como muchas otras veces, en este circunstancial episodio, desvirtuándolo para que le sirva como aval de su presunta filiación comunista, que no tuvo lugar:

A mí, en el año cincuenta y nueve (sic) —estaba en León—, cuando era redactor de una emisora de radio y articulista de un periódico local, me expulsaron de la ciudad después de una campaña organizada y pública. El gobernador, que era un militar, y el alcalde, que era otro militar. Y la Sección Femenina. Y el periódico de la Falange, cuyo director era muy bajito. Fue entonces cuando me vine a Madrid.

La verdad, como explica y demuestra Anna Caballé, es que ni el gobernador ni el alcalde intervinieron en el asunto, es decir, que Umbral crea, sin fundamento real alguno, la explicación que le interesa para forjarse la imagen pública que quiere y que cree que le conviene.

De esta misma forma actúa un personaje que hoy ocupa la Presidencia del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Cualquiera que no sepa nada de su trayectoria anterior piensa, porque esa es la imagen que difunde, que fue, desde los dientes de leche, un rojo rojísimo y un comecuras y José Luis Rodríguez Zapatero estudió en el Colegio Leonés que no se distingue precisamente por su orientación de izquierdas y contra la iglesia, sino todo lo contrario y, que se sepa, Zapatero, siendo estudiante, nunca participó en nada para socavar las bases ideológicas del Colegio. Su mujer, Sonsoles, daba clases de música allí “ad maiorem dei gloriam” y sus niñas recibieron piamente la sagrada comunión.

Su padre (el de Zapatero) fue abogado del Ayuntamiento (evidentemente franquista) de León y persona tenida en la ciudad como equilibrada y gracias a él su hijo (que nunca se había distinguido como buen estudiante) logró dar clases puntualmente como Asociado en la Universidad de León. Es más, el día que Zapatero cumplía 18 años anunció a la familia que se había dado de alta en el partido Socialista y hubo un gran disgusto familiar, según me comunican creo que fidedignos informantes. Se movía, como se ve, en un ambiente de orden, aunque él, para reinventar la figura de su abuelo, fusilado, no como él pretende, por masón y socialista, se paseaba por Ordoño II con el Contrato Social bajo el brazo. Su abuelo, como masón, llevaba el nombre de Rousseau, escrito, por cierto, con una sola s.

La historia de Zapatero es una y la imagen que él quiere darnos de sí mismo no se ajusta en absoluto a la realidad. Es un caso casi gemelo al de Umbral trabajando codo con codo con el Régimen de Franco en León y contando después que él era comunista y que por eso padeció lo que él quiso decir que padeció.

Umbral y Zapatero, almas gemelas en lo de difundir patrañas.

Zapatero no hace mucho hizo una remodelación del gobierno, liquidó a unos ministros y puso a otros y cuando tuvo que explicar en el Congreso el caso lo hizo con tan burdos argumentos que quedó una vez más claro que es un mentiroso compulsivo, que lo que dice no responde a la realidad de los hechos sino a lo que a él le interesa en cada momento porque (¡el colmo de la desfachatez!) presentó los cambios de su gabinete como un ajuste a las directrices del G-20 por las cuales tuvo que sacrificar a su ministro de Cultura, César Antonio Molina y poner a la ministra González Sinde con lo cual avivaba las señas de identidad progresistas de la cultura española, señas que se derivaban de los acuerdos ya citados del G-20. Vamos, un verdadero atentado a las inteligencias de los españoles.

Umbral y Zapatero, dos personajes maestros en deformar la realidad de su trayectoria vital, pero con una diferencia, la de que Umbral fue un genio en la creación del lenguaje y Zapatero, que se sepa, no es un genio en nada, a no ser que se le tenga en cuenta la fabricación de mentiras y la destrucción del lenguaje español cuando habla.


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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