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Entre la disciplina y el honor Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Vicente Pedro Colomar Cerrada   
domingo, 22 de junio de 2008

Image En el mes de febrero de 1923 el general D. Valeriano Weyler y Nicolau, prestigioso militar condecorado varias veces y que en tres ocasiones ocupó el Ministerio de la Guerra, y también el de Marina, que fue Jefe del Estado Mayor Central y Presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina, Académico numerario de la Academia Real de la Historia y escritor de varias obras sobre temas militares, escribió un artículo analizando y criticando el descalabro del Ejercito de Africa en la Comandancia General de Melilla (Desastre de Annual) y entre otras cosas decía: “Con el pensamiento fijo en el porvenir de España vengo asistiendo a la actuación política y militar que se sigue en Marruecos después de aquél convenio firmado en 1894. Con toda consideración para mis queridos compañeros de armas, yo debo decir que han obrado más atendiendo a sugestiones políticas de Gobiernos poco capacitados, que a su condición de jefes de un ejercito que por disciplina les seguía.

En 1874 yo era mariscal de campo en Valencia. Hube de encargarme de la Capitanía General. El Ministro de la Guerra, en representación del Gobierno, me dio órdenes para emprender unas operaciones con las que yo no estaba conforme.

Y yo, general de menor relieve que estos que con posterioridad se han encontrado en circunstancias análogas, pedí mi relevo. Un general obedece a otro general en campaña; pero un general no debe hacer operaciones militares mandadas por Gobiernos, cuando son contra su propia conciencia, porque no le exime de culpa acatar órdenes sobre el desarrollo de combates que sólo compete conocer al que lleva tropas al sacrificio y no al que forma parte de un Gobierno”.

En 1924 y con motivo de la reunión que el día de Reyes se celebró en la Comandancia General de Ceuta, el general Montero que era su titular, solicitó de todos los reunidos que empeñasen su palabra de honor de obedecer las órdenes del Gobierno (Directorio Militar) fuesen las que fuesen. Es sobradamente conocida la postura abandonista del general Primo de Rivera, quién ocupando puestos de gran responsabilidad en Cádiz y Madrid sufrió sendas destituciones por parte de los Gobiernos imperantes al manifestarse públicamente sobre el comportamiento de España en Marruecos. Ahora, al ocupar el puesto de Presidente del Directorio, continuando con su idea de abandono, cursó órdenes a los Comandantes Generales de Ceuta y de Melilla para emprender un repliegue de las tropas españolas abandonando las posiciones ocupadas en esa fecha y trasladar la línea avanzada mucho más a retaguardia. A la pregunta del Comandante General los Jefes reunidos fueron expresando todos ellos su aceptación y absoluta obediencia a las órdenes que se recibiesen por parte del Directorio. Cuando le tocó el turno al teniente coronel Francisco Franco, que era el Jefe de la Legión, respondió con manifiesta energía que había sido norma de su conducta obedecer siempre a sus superiores, pero que al considerar la pregunta expuesta por parte del Comandante General de que “fuesen las que fuesen” se atendría a las Ordenanzas y en caso de duda “haría lo que le dictase su honor”. Continuó diciendo el teniente coronel legionario de que el propio Código de Justicia Militar le amparaba para que en caso de recibir órdenes de rendición que en sí pudiesen ser punibles, se negase a ejecutarlas. Ante la las palabras dichas por Franco los demás Jefes cambiaron de opinión para manifestar que estaban de acuerdo con lo expuesto por el Jefe legionario...

Con la llegada hace cuatro años de los socialistas al Gobierno de España, se han producido una serie de actitudes y comportamientos por parte de las más altas instancias del Gabinete que dirige los destinos de esta gran nación, que han supuesto una humillación y una degradación al Ejercito. La retirada de las tropas de Irak cuando estas procedían junto con las de otros países a la reconstrucción de un país afectado por una guerra y con la noble misión de ayudar a los irakíes a la instauración de un Gobierno democrático, fue una actitud innoble y caprichosa de un Presidente del Gobierno que antepuso su política populachera y de muy bajo nivel a mantener una promesa de un Gobierno anterior que envió tropas a un país extranjero en una noble misión. Deberíamos recordar como cuando durante la retirada de unas unidades españolas, otras unidades de otros países que estaban próximas, empezaron a cacarear como hacen las gallinas queriendo con ello manifestar que las tropas españolas huían cobardemente. Cabe pensar si en esas fechas, los generales que integraban la Jefatura del Estado Mayor de la Defensa, deberían haber recordado alguna de las frases escritas por el general Weyler en aquél año de 1923 y “no haber atendido a sugestiones políticas de un Gobierno poco capacitado” y como cabe suponer que las órdenes recibidas “irían en contra de su propia conciencia” en posición de firmes ante el Ministro de Defensa decirle “que por encima de la disciplina está el honor” y haber presentado la dimisión irrevocable.

El día 1 del presente mes de junio se llevó a cabo un desfile militar en Zaragoza con motivo de la celebración del “Día de las Fuerzas Armadas”. La capital aragonesa tributó una calurosa acogida a las unidades que desfilaron y cerca de quinientas mil personas estuvieron presentes en tan magno acontecimiento homenajeando a los tres Ejércitos. Estuvieron presentes Sus Majestades los Reyes y los Príncipes de Asturias, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa y Autoridades locales. El único miembro del Gobierno que asistió al acto fue el Ministro de Defensa, puestoque el Presidente no tiene por costumbre asistir a este desfile militar. Ya el año anterior tampoco tuvo la gallardía y la categoría política que se le supone a un Presidente que lo es de todos los españoles, incluidos los soldados del Ejercito español, de asistir a este acto. Fue también una ocasión para que los actuales generales que integran la Jefatura del Estado Mayor de la Defensa, al terminar tan magno acontecimiento, y al considerar una vejación y una humillación que el Gobierno actual que dirige los destinos de esta gran nación no quiera hacer acto de presencia a estos actos de carácter castrense y patriótico, recordando las palabras de un teniente coronel legionario cuando en el año de 1923 dijo que “haría lo que le dictase su honor”, haber presentado su dimisión irrevocable. ¡Viva el Ejército! ¡Viva España!

  


Vicente Pedro Colomar Cerrada
Acerca del Autor:
Pasó su niñez y juventud en las Minas del Rif (Marruecos). Repatriado a España por el Consulado de Nador en 1964.

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