El otro Azaña (III) PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
miércoles, 30 de junio de 2010

ImageINCENDIOS DE MAYO

10 de mayo, no había pasado un mes del nacimiento de la República, empiezan los incendios de los edificios religiosos, más de 600 en toda España, con un número infinito de obras de arte destruidas. Muchas únicas.

El ministro de Gobernación quiere evitar los incendios. Se opone rotundamente Azaña. “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”.
Azaña cuenta: “Maura conocía que se iban a quemar los conventos y que se había repartido gasolina a los grupos de incendiarios”.

Maura lo confirma.

Azaña le dice: “si fuera verdad, sería una muestra de la Justicia Inmanente”.
Cuenta el mismo Azaña, con satisfacción no disimulada, como la multitud que celebraba los incendios en la Puerta del Sol, apaleaba a derechistas, y a uno “ya caído en el suelo se le acercó un sujeto y le descerrajó un tiro. El agresor se retiró tranquilamente”.

Incendian el convento de los jesuitas en la calle de la Flor, era la segunda biblioteca religiosa del mundo después de la de Vaticano, la policía impide apagar el fuego a los bomberos.
Fueron pasto de las llamas objetos de valor incalculable: La urna con el cadáver de San Francisco de Borja, reliquias, estatuas, pinturas y 180.000 volúmenes de la biblioteca. Ediciones príncipes de Lope de Vega, Quevedo, Calderón algunas únicas, incunables también algunos únicos, etc.

Siguen quemando edificios religiosos. Primeramente los dedicados a las gentes humildes, a resaltar:

Hermanos de la Doctrina Cristiana, Mercedarias de San Fernando, Colegio María Auxiliadora Salesianas, Instituto Católico de Artes y Oficios jesuitas, Bernardas de Vallecas (siglo XVII). Daban instrucción gratuita a unos 2.000 hijos de gente humilde.

Azaña, siempre sincero él, dice a los periodistas extranjeros: “Nos telefonearon que habían puesto fuego al convento de jesuitas. La noticia nos desconsoló y, desde esa hora, comenzó a correr detrás de los incendiarios la policía y la Guardia Civil. ¡Hay que tener cara dura!

En Málaga se quemaron todas las iglesias con sus ricas imágenes, algunas del siglo XV.

Acudieron los bomberos y la Guardia Civil, el general masón, González Caminero, ante la masa alborozada, ordena la retirada de la fuerza pública y bomberos.

Pone un telegrama: “Ha comenzado el incendio de iglesias, mañana continuará”. Le destituyen, pero pronto es ascendido a general de división, máximo empleo en la época, y nombrado Inspector General del Ejército.

En Alicante y Valencia fueron incendiados y saqueados 26 edificios religiosos.

En Castellón no hubo incendios, o al menos yo no lo sé, si hubo saqueos.

El Gobierno decretó la suspensión del ABC y el Debate, destituyó al Director General de Seguridad, nombrado inmediatamente Presidente de una Sala del Tribunal Supremo.
El dólar que estaba a 9.Pts hacía menos de un mes, subió a 12.

EJÉRCITO

Empieza el bueno de don Manuel con una de sus aficiones favoritas.
Triturar el Ejército.

Comienza su reforma militar, deseada por los más, y al menos comprendida por el resto de los militares.

Suprime la Academia General Militar.

Ya había dicho: “terminaría el régimen hospitalario de las Academias Militares, donde una clase media anémica asila a sus hijos”.

Madariaga, ferviente antifranquista, contaba: “Azaña impuso sus decisiones en una serie de hechos y medidas que tocaban la carne viva de los militares. Así se fueron infringiendo una serie de heridas morales que les causaron más resentimiento todavía que el perjuicio material que implicaban”.

Había prometido Azaña infinidad de veces que no emplearía el Ejército en conflictos sociales. En los tres escasos años de su primer Gobierno lo empleó más veces que en los cincuenta de la Restauración.

Una de las veces, julio del 31, se declara el estado de guerra en Sevilla, escribe:

“Mañana van a hundir a cañonazos una casa vieja desde donde han hecho fuego a la tropa”.

Al día siguiente dice: “Por fin hoy se han disparado en Sevilla los cañonazos”.
Una de sus indecentes leyes decía: Los mandos del Ejercito “Podrán ser dados de baja temporal o perpetuamente,
en las nóminas que acrediten sus haberes pasivos. Esto lo decidía el ministro sin posibilidad de recurso legal alguno.

Maura le dice que las familias de los militares iban a vivir angustiadas, responde el canalla: “¡Admirable! ¿Qué cosa mejor
que la presión de esas familias sobre sus respectivos padres para que se estén quietos?”.

Escribe Azaña: “viene a presentarse el general Goded, que anoche salió de prisiones militares.

Le detuvieron, el juez le dejó libre a los tres días, pero el ministro de la Gobernación le ha tenido preso cuatro meses, sin decirle por qué”.

Trajo tropas moras por primera vez a España para resolver la rebelión de Sanjurjo en el 32. Hubo 12 muertos.
Dos años después las trajo Franco para sofocar otra rebelión de izquierda en el 34, 1.400 muertos. Azaña entre otros le pusieron verde.

Continuará


Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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"Figuras y paisajes políticos de la España del XIX ", de Fernando Álvarez Balbuena

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