El otro Azaña (I) PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
viernes, 04 de junio de 2010

ImageCesáreo Jarabo me ha invitado a dar una charla en Castellón. He aceptado encantado. En mi viaje de novios estuve tres días en la ciudad y fueron tres días magníficos.

Ha crecido un pelín desde entonces, pero sigue siendo una amable y bonita ciudad.

Como siempre fui un calamidad, viniendo para aquí había perdido mí alianza y aquí me tuve que comprar otra. Menos mal que fue entonces y a mi mujer casi le hizo gracia, es ahora que ya ha cogido confianza, y me la arma. Así que siempre he tenido algo de Castellón cerca de mí desde hace más de cuarenta años.

Toca hablar de Azaña, un personaje absolutamente popular y más absolutamente desconocido. Todos dicen de él en la primera ocasión que se les ofrece, y casi nadie tienen idea de quien era don Manuel. Ejemplos destacados nuestro ZP, y el, supongo, más nuestro Aznar.

Me temo que voy a ser políticamente incorrecto, ¡que le voy a hacer! me suele pasar!

Voy a dar mi opinión personal, que como tal poco vale, luego daré la opinión del mismo Azaña, de gente más espabilada que yo y más próxima al personaje. Muchos íntimos.

Me cae mal:

Era soberbio, egoísta, ambicioso, envidioso, rencoroso, cobarde, podría seguir con flores hasta mil pero sería aburrido.

Fracasó siempre. Todo lo que tocó lo destruyó y a menudo lo tintó en sangre.

Lo único que le salió bien en la vida fue su matrimonio. Tuvo una inteligente, guapa y enamorada mujer, por cierto, ferviente católica. El único defecto que tenía la pobre era querer y admirar a don Manuel. Está visto que nadie es perfecto

Él se definía como: intelectual, demócrata y burgués.

Lo de burgués es evidente, intelectual tengo mis dudas y demócrata es una mentira absoluta.

Azaña nació dentro de una familia rica, muy rica, de Alcalá de Henares. Su padre era el alcalde de la ciudad.
Estudió interno en el muy elegante, caro y elitista colegio de los Agustinos en el Escorial.

En Alcalá nunca tuvo amigos aunque rico era gordo, muy feo y más inteligente que todos los que le rodeaban. Total que no se jalaba una rosca con las mozas, que dice mi crío. Esto es muy importante para entender su vida.

Cuenta Castro Villacañas, paisano de Azaña y estudioso del tema: “En su ciudad natal, recibió la repulsa de las muchachas de su edad, más atraídas por los jóvenes oficiales de los regimientos de guarnición. De ahí pudieron proceder los reparos que, ya metido en política, les puso a los militares”. Pienso que lo retrata exactamente.

En un periódico digital de Alcalá de Henares, Portal-Local, se dice: “Frustrada su vocación militar, se licencia en Derecho”.

Cuenta su cuñado que tuvo dos novias en Alcalá, que se casaron con dos guapos tenientes de Caballería. Esto unido al su suspenso en la Academia Militar pudo ser el motivo de su envidia-odio hacia lo militar.

Continuará

 


Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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