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Comunista y mentiroso. Perdón por la redundancia Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
martes, 06 de mayo de 2008

ImageLeo en El Catoblepas (abril 2008) , al comunista señor Laso Prieto mintiendo, faltar a la verdad con ánimo de engañar. Él lo sabe pero es su doctrina,

Con motivo de la cerdada hecha en la calle capitán Almeida escribía: “Capitán Almeida que fue el responsable del transporte y ejecución de los inocentes que iban a ser fusilados por haberse mantenido fieles a la causa de la República. Es uno de los nombres ignominiosos que la nueva sociedad democrática tendrá que sustituir debidamente”.

En Oviedo, por razones muy serías, no fusilaron a nadie antes de la ruptura  del cerco del el 17-10-36.

Estaban los rojos fuera con superioridad aplastante en hombres y medios, con grandes posibilidades y muchas ganas de entrar.

No eran nada buenas las expectativas de los sitiados si lo conseguían, así que era más sano esperar y no enfadarlos demasiado con ejecuciones. ¡Buenos eran ya sin enfadar!

Sabían lo que había pasado en Gijón: “un día y otro día, encontrándonos al acudir todas las mañanas al depósito judicial con verdaderos montones de cadáveres… el 14 de agosto con 91, el 21 de mismo mes con 142,  el día 27 con 32, el 28 con 20, el 30 con 47, el 6 de septiembre con 25, y otros muchos días con cifras superiores a 10 cadáveres… no constituyen la totalidad de las personas asesinadas en Gijón, pues una tercera parte, o más, de los asesinados fueron arrojados al mar… a muchos de Gijón se les llevó a dar muerte a distintos puntos de la provincia… pertenecían (las víctimas) a todas las clases sociales… se dio orden terminante de que no fuesen conducidos más cadáveres al depósito judicial”. Archivo Histórico Nacional, Causa General, leg. 1.338, notas de Honorio Manso Rodríguez, médico forense del juzgado de Instrucción  del distrito de Oriente de Gijón.

A algunos presos (150 mujeres y 365 hombres) se les metíó hacinados en la bodega del carguero “Luis Caso de los Cobos” y se les colocó al lado del destructor “Ciscar”, en el que Belarmino y sus cuates pensaban huir. Casi todos los días era bombardeado por la aviación nacional, hasta que por fin fue hundido. Álvarez Palomo (anarquista), Consejero de Pesca. Rebelión militar y revolución en Asturias.

Lo mismo que hacía Sadam Husein, por ello fue juzgado y colgado en Bagdad.

“Telegrama a la Sociedad de Naciones anunciándoles que, de continuar los ataques aéreos a Gijón el Consejo daría ordenes de ejecutar todos los presos políticos”. J. Zugazagoitia (PSOE, Ministro de Gobernación en la guerra), Guerra y vicisitudes de los españoles. Era lo que venían y siguieron haciendo.

Lo mismo que hacía el general Keitel, y otros nazis,  por ello fueron juzgados y colgados en Nuremberg.

El primer ejecutado en la represión de Oviedo fue Gerardo Álvarez Marrón, el 26-11-36. Fue juzgado el 16-11-36, el mismo día en que murió el heroico capitán Almeida.

El capitán de Artillería e ingeniero de Armamento Carlos Rodríguez Almeida, alcalde de Oviedo, murió heroicamente intentando apagar un polvorín en el número 72 de la calle de Uría, junto con el jefe de Bomberos Luis López Fernández y otros diez bomberos más.

Era el alcalde, no tenía porque estar allí, pero siendo el más experto y no habiendo agua para sofocar el fuego, acudió, muy consciente de lo que hacía, para dirigir los trabajos de sacar primero los explosivos más peligrosos, lográndolo en gran parte. El polvorín, con estaba previsto, explosionó causándoles la muerte.

Una acción parecida al del otro muy heroico alcalde de la cuerda del señor Laso: “Avelino González Mallada, alcalde de Gijón, metía con prisa en sus maletas barras de oro, que luego había de esconder temblando en la carbonera del Toñín, cuando en la mar les dio caza el Almirante Cervera”. E. Castro Delgado (testigo de primera fila), Hombres made in Moscú, p.509.

Con los mismos méritos se podían apuntar Belarmino Tomás y demás heroicos jerarcas rojos de Asturias, tan admirados por nuestro comunista, que hicieron lo mismo.

De los que otro testigo cualificado escribía: “los que en proclamas y arengas se desposan con la muerte, se divorcian antes de consumar el matrimonio y se van… quedan millares entregados a la venganza”. Azaña, OC, V.IV, p.877.

Como así fue a pesar de la insistencia del coronel Prada (jefe militar de Asturias), que les avisaba: Sí huían no se podría salvar ningún combatiente. Así ocurrió, Belarmino lo sabía, poco le importó. Y más con el riñón bien cubierto.

Contaba el testigo cualificado:”Se ha acumulado allí una cantidad enorme de valores y dinero: lo hacen subir a 6.000 millones (ahora serían 6 BILLONES de Pts.), están guardados en ochocientas cajas”. M. Azaña, OC, V.IV, p.782. Belarmino llegó a Valencia y nunca más se habló de este asunto. Allí estaban todos a lo mismo, como para hacer comentarios tontos. Mallada se fue directamente a USA, donde al poco se mató conduciendo el haiga más caro del país.

Decía Prada en su informe al Presidente de la República: “Se debían a la tropa las pagas de junio a septiembre”. Que naturalmente no cobraron, pues no era cosa de mandarle la nómina a Franco para que la pagase él con lo ahorrador que era. Además estaba "ajuntando" para comprar aviones a los alemanes.

¿Para cuando una o varias calles en Gijón y otra en Oviedo para tan preclaros héroes? ¿Que menos?

Debería el señor Laso no insultar como insulta, ya nadie dice esas barbaridades, ni siquiera a su íntimo compañero de armas señor Carrillo, y motivos ya sabe don José Maria, mejor que nadie, que los hay.

Mal podía el capitán muerto, el 16-11-36, ser “el responsable del transporte y ejecución de los inocentes que iban a ser fusilados por haberse mantenido fieles a la causa de la República” (esto último me da una risa tonta cuando lo dice un comunista confeso, no me la puedo aguantar), que empezó el 26-11-36 y fue uno, el pobre Gerardo. Y mucho más que lo diga el señor Laso, que no cree para nada en la resurrección de los muertos, me dicen.

Hasta el 37 no empezó en serio la represión. Al Rector Leopoldo Alas Argüelles, le ejecutaron 20 de febrero del 37, fue de los primeros.

Pena que a la calle no le hayan puesto Santiago Carrillo, pues ese sí que encajaba en la descripción del don José María exactamente. Le puedo dar otros cuantos nombres también muy adecuados.

Le voy a explicar al señor Laso.

Se debe respetar a las personas, aun aquellas que no piensan como nosotros, y más si fueron capaces de morir por sus ideas sin pedir nada a cambio.

Ya sé que los comunistas no piensan así, peor para ellos.


Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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