Centenario del Cabo Noval: un siglo de decadencia PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Honorio Feito Rodríguez   
domingo, 15 de noviembre de 2009

ImageEl pasado jueves, en el Centro Asturiano de Madrid, el general Ramos Oliver pronunció  una conferencia sobre el Cabo Noval, cuyo centenario de su muerte se celebra este año. El general Ramos ha venido celebrando esta conmemoración contando a las gentes de Melilla, de Avilés y de Madrid la breve vida y la heroica gesta de este joven chaval asturiano que, llamado a filas por su quinta, fue destinado con su unidad, el Regimiento Príncipe, a Marruecos, hace ahora cien años, donde España era acosada por los guerrilleros rifeños. En la vida del cabo Noval (Luis Noval Ferrao), nacido en Oviedo el 15 de noviembre de 1887 y muerto en acto de servicio el 28 de noviembre de 1909, en la defensa del zoco de El Had de Benisicar, es, como digo, un periodo breve en acontecimientos, pero intenso en emociones. El general Ramos ha ido más lejos, en su conferencia, adentrándonos en la psicología del joven cabo, a través del análisis de las dos cartas escritas por él, que se conservan, dirigidas a una de sus hermanas, de las que se deduce que Luis Noval fue un joven de carácter templado, positivo en sus conceptos y entregado. Murió gritando ¡Viva España!, ahí es nada.

Luis Noval, joven de veinte años, aprendiz de ebanista, interesado por ver cómo se habían desarrollado las fiestas de San Mateo de su ciudad Oviedo, cabo de infantería, es un ejemplo de honradez en la vida civil y en la militar. Un ejemplo que contradice unas poco afortunadas declaraciones del coronel Ezquerro a La Nueva España, y que por consiguiente, muestra que con personal de reemplazo, sí se pueden acometer cuantas acciones sean precisas y necesarias para alcanzar un objetivo. No se podría escribir la Historia de España sin gestas como la del cabo Noval, gestas de muchos soldados españoles sumidos en el anonimato, pero héroes de la Patria que, a diferencia de Luis Noval, no tuvieron reconocimientos, ni calles, ni monolitos, ni pinturas al óleo recordando su acto heroico.  

El mismo día que el general Ramos nos desvelaba a los socios del Centro Asturiano de Madrid la gesta heroica y trágica muerte del joven soldado ovetense, escribía en la “tercera de ABC”, el teniente coronel don Pedro Baños, un interesante artículo titulado “Los modernos soldados estropeados”. Es artículo de obligada lectura, y reelectura, del que saco, como conclusión primera y más importante, el despego de la sociedad civil hacia el estamento militar, entendiendo por estamento militar no los mandos, ni la estructura de mando, sino la base, el soldado.  

Denuncia el teniente coronel Baños el lamentable estado físico y psíquico en el que quedan muchos jóvenes soldados tras pasar la experiencia bélica en los diferentes escenarios, la carga familiar que suponen y las pocas o nulas posibilidades de recuperación psíquica para integrarse en una sociedad civil que les debe, al menos, el haber dado la cara en un conflicto, representando a un concepto que comienza a ser etéreo para amplias capas de la sociedad española en este caso, que es la Patria. 

Propone el teniente coronel Baños la recuperación de los Cuerpos de Inválidos y Mutilados, cuyos orígenes en España se remontan al siglo XVI. Quede claro, por tanto, que no es cosa de Franco, sino de una disposición de Carlos I. La recuperación de estos Cuerpos supondría una ayuda para la integración de los “soldados estropeados”, como les llama el teniente coronel, permitiéndoles vestir “sus uniformes”, acceder a instalaciones militares, “sus acuartelamientos”… continuar, en suma, siendo miembros del Ejército, parte de “su” Ejército. 

Me temo que ni el ejemplo heroico del cabo Noval, ni el de tantos jóvenes de antes y de ahora, muertos en acto de servicio, o heridos y maltrechos para el resto de sus días, sean ejemplo para una sociedad que da la espalda a la realidad del día a día, y prefiere seguir a personajes como Julián Muñoz, de plató en plató, inquieta por ver si una extraordinaria cantante de coplas le ha echado de su casa o se ha ido él por decisión propia. Una sociedad que se deja conducir, como un rebaño de ovejas, por unos cuantos incapaces, impotente para reaccionar ante humillaciones, vejaciones e insultos, que consiente que una enferma mental, que ostenta un cargo público en una autonomía y que se apellida Garrida, proponga un taller para que los jóvenes aprendan a masturbarse. Una sociedad incapaz de decir basta a tanto atropello, y que parece que sólo piensa en hacerse con un 4 x 4 para sentirse por encima del resto, mostrando su pequeñez mental en las dimensiones de un vehículo que simboliza a una sociedad de consumo, vacía de contenidos intelectuales, de una pobreza ética manifiesta, cuando más de cinco millones de personas están en el paro y los comedores de Cáritas llenan y doblan para atender a los “pobres de pelo limpio”.  

Una sociedad española indiferente ante su propio destino, que entrega un cheque en blanco a un mentiroso compulsivo para que gobierne con el compás, el mandil y el cartabón, descolocando el orden lógico de los elementos y sumiendo a este país, que algunos siguen llamando España, al borde de la pobreza moral, económica e intelectual, en el caos. 

Aún queda quien justifica tanta desfachatez con el consabido argumento de que con acciones como la de la Junta de Extremadura, o la ley del aborto, entre otras, se pretende poner una cortina de humo para tapar otras cosas. En un mundo de despropósitos, todo se justifica, pero me niego a pensar en estrategias banales, no existen, sólo el despropósito, el objetivo político llevado paso a paso, peldaño a peldaño, para conseguir alcanzar una situación que nos parece tan caótica que se nos escapa. 

En el mundo de hoy, ni el cabo Noval ni los jóvenes que se dejan la vida total o parcialmente en actos de servicio, tienen sitio en la España actual.


Honorio Feito Rodríguez
Acerca del Autor:

Periodista nacido en Meras (Valdés).Ha escrito varias novelas. Ha ganado el premio del Banco Hispano Americano con “Los Invitados (1983). Ha escrito la biografía  “Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado”.

Actualmente tiene en imprenta un libro sobre los asturianos en el Congreso y en el Senado.

 
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