Afecto ciudadano PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - Historia
Escrito por Francisco Alamán Castro   
miércoles, 13 de mayo de 2009

ImageLeo en La Nueva España (16-4-9) al señor Canellada un ilusionante artículo muy optimista que titula “Afecto-ciudadano”.

Habla en él de las cuatro personas que acudieron en Gijón a los actos republicanos del 14 de abril, a pesar de ser una ciudad que tradicionalmente vota a la izquierda, ser su ayuntamiento uno de los más fervorosos y decididos  apóstoles de la Memoria Histérica, que siempre ha hecho gala de su ferviente republicanismo.

Lo compara con el recibimiento de la Reina unos días después y el afecto público que le demuestran los gijoneses siempre que tienen ocasión.

Dios quiera que así sea pero, no es España país de durables afectos y menos con los nuestros reyes.

Cuenta Maura, ministro de Gobernación del Gobierno provisional de la República pocos meses después: “con ocasión del santo del Rey… el público estacionado en la plaza de Oriente le hizo objeto de una manifestación de entusiasmo que se prolongó largo rato… Unos meses después, la reina  Victoria Eugenia, volviendo de Londres… recibió una multitudinaria acogida… tenía casi un carácter de alud popular”. Así cayó Alfonso XIII, Barcelona, Ariel, 1995, p.117.

Confirma Vegas Latapie: “Una multitud enardecida… se arremolinaba en los andenes… y proximidades… el griterío fue estremecedor… la aclamaba desaforadamente… como las aclamaciones no cesaban, la Reina se asomó a saludar a la masa… al continuar los vítores frenéticos, don Alfonso y doña Victoria salieron al balcón”. E. Vegas Latapie, Memorias políticas, Barcelona, Planeta, 1983, p.93.

Era evidente el gran afecto del pueblo, bastante más que el otro día en Gijón.

Y el desafecto a la República.

Contaba Cambó en la primavera de año 31: “Yo tenía plena conciencia de que el movimiento revolucionario no contaba… con otra fuerza que la que le daba el descorazonamiento, el cansancio de los que tenían el deber de hacerle frente. Yo, que nunca había sido monárquico”. Memorias, Madrid, Alianza, 1.987. p.424.

Le corroboraba Lerroux, sería ministro de Estado no pasado un mes, marzo del 31: “La República vendría ahora o vendría más tarde, eso era para mí indiscutible; pero si su llegada dependía de la organización revolucionaria que había preparado el Gobierno Provisional tendríamos que esperar sentados”. La pequeña historia de España, Madrid, Mitre, 1985, p.65.

Azaña, ministro de la Guerra antes de un mes, había declarado al periódico La Tierra: “Es ingenuo esperar algo de las elecciones”. Largo Caballero, sería ministro de Trabajo: “juego inútil y sin importancia que únicamente serviría para fortalecer al Trono”. Lerroux: “Nadie creía ni esperaba en España que el cambio de régimen se realizase como consecuencia de unas elecciones, y menos de estas elecciones. A. Lerroux, La pequeña historia de España, Madrid, Mitre, 1985, p.167. Prieto y Marcelino Domingo estaban en París desde finales de año sin aparecer por Madrid para que no les metiesen en la cárcel.

12-4-31 se celebran las elecciones municipales. La victoria fue aplastante 22.150 concejales monárquicos contra 5.875 republicanos. Pero los republicanos ganaron en todas las capitales menos en nueve (Avila, Burgos, Cádiz, Gerona, Lugo, Palma de Mallorca, Pamplona, Soria y Vitoria).

Maura (cuenta): Hacia las 5 de la mañana (13-4-31), conocido el resultado electoral, “abandonábamos la Casa del Pueblo Largo Caballero, Fernando de los Ríos (ministro de Justicia) y yo… De pronto Fernando dijo: “El triunfo de hoy nos permite acudir a las elecciones generales que se celebraran en octubre, y entonces, el éxito, si es como el de hoy, puede traernos la República”. Miré a Largo, y vi que asentía”. M. Maura, Así cayó Alfonso XIII, Barcelona, Ariel, 1995, p. 147.

Pues ya ven, un día más tarde, repito UN DÍA MÁS TARDE, las calles de España, donde habían ganado la República y donde había perdido, que eran muchísimas más, se llenaron de gente que gritaban con entusiasmo ¡Viva la República! ¡Muera el Rey!

Hay otra anécdota, la he leído en varios sitios, pero no encuentro la cita. Contaba:

En 1874 el general Martínez Campos restaura a Monarquía, al año siguiente accede al trono Alfonso XII.

El recibimiento fue apoteósico. Se distinguió un modesto barbero que con una voz muy potente no paraba de vitorear al Rey.

Éste le oyó y le mandó subir a Palacio. Le mostró el agradecimiento por sus gritos de entusiasmo monárquico.

El barbero ufano le contesto. Majestad esto no es nada, me tenía que haber oído cuando echaron a su madre.

Esperemos que la historia no se repita, pero suele pasar. 
 

Francisco Alamán Castro
Acerca del Autor:
Coronel de Infantería retirado
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