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Colaboraciones - España
Escrito por Fernando Álvarez Balbuena   
jueves, 24 de julio de 2008

Image He aquí un personaje difícil de enjuiciar. Si se le escucha, parece hablar con una seguridad y una ponderación que no admiten réplica, pero si se deja pasar el tiempo y se analiza en la distancia su discurso, resulta que se cae por su base todo cuanto afirma con su falsa serenidad de juicio.

Así podemos ver que en el pasado mes de marzo, cuando debatió en TVE sobre la situación económica de España con su oponente Pizarro, las encuestas dijeron inmediatamente que Solbes había sido el vencedor en toda la línea. Que tanto su argumentación como su serenidad y la seguridad de sus afirmaciones, había batido y pulverizado los argumentos que esgrimía el poco documentado representante del Partido Popular.

Negó sustancialmente que España estuviera, no ya en una crisis económica, sino que tal crisis ni siquiera se vislumbrara en el horizonte. En esta afirmación abundaba todo su partido y en los mítines electorales se carcajeaba el mismísimo Presidente del Gobierno de las afirmaciones de Pizarro, llegando sus burlas al paroxismo cuando ganó las elecciones.

No pasó, sin embargo, mucho tiempo tras el triunfo electoral para que las circunstancias dieran la razón a Pizarro y para que Solbes reconociera, no ya que estábamos en crisis, sino que esta crisis era la más compleja y difícil que en muchos años había pasado nuestro país. Así, sin más trámite, se contradecía sin el menor rubor de sus pausadas y calmosas afirmaciones que aseguraban la serenidad y la bonanza económica de que disfrutábamos y que  pontificalmente había manifestado en el mes de marzo.

Ante este cambio de actitud frente al problema económico, el propio Presidente del Gobierno descendió a reconocer la situación de crisis, aunque sus críticos tuvieron que sacarle ésta palabra literalmente con “fórceps”, pues, como aseguró en su día el filósofo Gustavo Bueno, el señor Zapatero vive en el mejor de los mundos posibles, es decir: como Alicia en el País de las Maravillas.

Esto no me parece serio. Se ve claramente que el Sr. Solbes es economista del Estado y que nunca prestó sus servicios en la empresa privada. De haber hecho manifestaciones tan falsas y carentes del mínimo rigor fuera del ámbito del Estado, el director de cualquier empresa lo hubiera despedido,  y con toda la razón, pues la exactitud en las cuentas y en las previsiones es la esencia del beneficio empresarial. Esto no ocurre en las cómodas poltronas ministeriales, en ellas es impensable el criterio racional de beneficio y las equivocaciones grandes o pequeñas pesan sobre el presupuesto sin mayores consecuencias para el responsable; es decir, que las pagamos entre todos los contribuyentes. Así pues, en las instancias gubernamentales no se equivoca nadie, si acaso se corrigen ligeramente las desviaciones de la cambiante realidad y, todos contentos. Sigue el ministro mirando al futuro con optimismo e “inasequible al desaliento”, diciendo, como ha dicho hoy mismo en el Congreso toda una serie de simplezas, tales como que España estaba “mejor preparada para afrontar la crisis que otros países”, que “no habrá recesión, aunque haya crecimiento cero”, que bla, bla y bla. Y ya veremos a ver lo que dice mañana, cuando demos con nuestras posaderas en la ceniza…

Pero hay una cosa que no admite vuelta de hoja. No se puede pasar de la cara a la cruz sin el menor sonrojo y sin admitir que los juicios previos a las elecciones eran equivocados. Cuando tal sucede, ya se haya actuado de buena o mala fe,  el honor del Gobierno exige la destitución  del ministro y la dignidad del  ministro exige la dimisión. Pero honor y dignidad, en los tiempos que corren, son palabras tan pasadas de moda que pertenecen a unos tiempos tan lejanos como el siglo XIX.

Conviene que estas cosas no se olviden, así como que nadie se deje engañar por la placidez y mansedumbre del Sr. Solbes, el cual, a tenor de los hechos parece más que  Solbes, un  in-Solbente.

Se lo digo sin acritud.


Fernando Álvarez Balbuena
Acerca del Autor:
Licenciado en Derecho y doctor en Ciencias Políticas. Empresario de Avilés.
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