Sobre banderas, dioses y religiones PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Francisco Carrillo   
sábado, 05 de septiembre de 2009

Image Las nuevas hordas de jóvenes dirigentes socialistas, con Leire Pajín y Eduardo Madina a la cabeza, se jactan en las reuniones con los púberes del partido de que “nosotros no tenemos ni banderas, ni dioses ni religiones que nos hipotequen”. La forma de insuflar ideología a los recién captados pasa por estadios diversos de contaminación:  el primero es la constatación de lo que “no son” (o disimulan no ser) mediante técnicas de despiste: no somos capitalistas, no somos insolidarios, no somos sectarios, no mentimos, no manipulamos, no creamos pobreza, no somos corruptos, y así un largo etcétera de desmentidos oficiales. El segundo continúa por la senda de la venda, es decir, tapar la herida antes de que se produzca, achacando su aparición a factores externos (en lenguaje político, el PP, los empresarios, EEUU o los “tontos de los cojones que votan a la derecha”). ¿Recuerdan aquello de que subir impuestos no es de izquierdas? ¿o de que esta crisis la ha originado el capitalismo y de que sólo desde el socialismo se podrá salir de ella? Pues con las recetas socialistas el paro se ha incrementado en más de un millón de personas en el último año, el PIB ha caído casi un 5% en el segundo trimestre del presente ejercicio, las arcas del Estado han visto cómo se instalaban las arañas de inquilinas permanentes, la deuda pública asciende sin remisión, las perspectivas de futuro, poco menos que opacas, el mercado de trabajo pasa de ser dinámico a inactivo y la iniciativa privada oscila deprimida entre las ocurrencias cotidianas de este desgobierno sin banderas, dioses ni religiones y las coartadas inventadas por los próceres de su factoría de ideas para no crear empleo. 

Es el atavismo de la izquierda más rancia el causante de que se repitan los mismos esquemas de siempre ante situaciones similares. Cuando no se cree en nada salvo en la propia supervivencia y en la mentira como forma de Estado, es imposible tomar las riendas de una crisis como la presente. Si no se cree que la bandera constitucional de España y lo que ella representa es lo que nos mantiene firmes ante intentos nada solapados de separatismo aldeano, si se antepone el poder a las convicciones profundas, rebozadas de hojarasca sectaria, si el sentido común es pasto de intolerables apasionamientos partidistas, la gobernabilidad es una simple quimera. 

Este gobierno actúa desde la trasnochada creencia de que aún asistimos a la lucha de clases marxista, al toma y daca empresario-trabajador y a una concepción anacrónica de despotismo ilustrado.

Quotation Este gobierno actúa desde la trasnochada creencia de que aún asistimos a la lucha de clases marxista, al toma y daca empresario-trabajador y a una concepción anacrónica de despotismo ilustrado. Quotation
Dicen que el capitalismo ha quebrado. No. Lo que ha quebrado es una manera de hacer política, lo que ha quebrado es un modelo económico reconocible, lo que ha quebrado es una ideología causante de las mayores masacres del siglo XX, lo que ha quebrado es una forma de entender el mundo que se acabó hace 20 años con el derribo (no fue caída, pues no se cayó sólo) del muro de Berlín. Eso es lo que ha quebrado y parece que Zapatero, los sindicatos y la izquierda en general no han asumido. Porque es curioso que aquellos que no vivieron la revolución de mayo del 68 se aferren a los lemas, mensajes y principios que allí se proclamaron, instaurando en Occidente un relativismo de nuevo cuño pernicioso para la libertad y la prosperidad. De aquella tesis relativista recogemos hoy los frutos de una sociedad desnaturalizada, sin pilares morales ni valores a los que sujetarnos. Defienden, como digo, algo que no conocieron salvo por imágenes y melancolía pseudoromántica. Es preferible escuchar y atender las reflexiones de aquellos que, al conocer por cercanía generacional los sucesos originados en las esquinas parisinas, huyen de cualquier aproximación a sus teorías relativistas y perturbadoras de mentes libres. Precisamente porque conocieron qué fue aquello, cómo transcurrió y cuáles fueron las consecuencias.

De ahí  que la generación de intelectuales, políticos y ciudadanos varios que prefieren celebrar el derribo del muro, símbolo del yugo comunista y último escollo material que separaba dicho modelo totalitario de sociedad del sistema racional y libre de Occidente debe ser más escuchada y mejor entendida y atendida que las juventudes “progres” de hogaño, que sin conocer el 68 ni el 75 ni el 36, parecen vivir en tiempos pretéritos de oscuridad y ceniza. Porque para ellos, el 89 significó la caída (esta vez sí) de una forma de entender el mundo, de una utopía liberticida pero en la que se encontrarían cómodos, de una canallada humana que aún hoy admite residuos en algunos países. Para esta horda de jóvenes rebeldes de la izquierda más radical e irremediable, lo fácil es vivir en una sociedad libre, regida por los principios capitalistas y de libre mercado, beneficiándose de un Estado de Derecho y de una democracia consolidadas mientras cantan loas a regímenes corruptos, tiránicos y déspotas. Hacen buena, grande y perpetua aquella frase inmortalizada por Groucho Marx de: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”.  

Por eso prefiero apoyar a la generación del 68 que a la del 89. Una, habla, piensa y actúa con conocimiento de causa, ya que nació y vivió bajo regímenes totalitarios y en sociedades nada abiertas, y por ello recibió con esperanza y alegría la reunificación alemana. La otra, amparada por el sectarismo, el rencor y la manipulación común a la izquierda buenista, esa que trabaja con el paraguas y la red moral del “todo vale”, nació y vive en democracia, y sin embargo, siente nostalgia del comunismo de antaño, recuerda cada día la igualdad manifiestamente siniestra del socialismo de siempre (esa que causó 100 millones de muertos en un siglo) y lucha y trabaja para que la dictadura del proletariado sea por fin un hecho, pero sólo en su primer término, ya que del segundo, sólo conviene usar y abusar. Esta es la “generación ¿?” La de Pajín y Madina, la de Zerolo y Aído. La que no tiene banderas, dioses ni religiones. Porque sus, dioses, banderas y religiones no tienen cuerpo, tejido ni alma. No extraña, pues, que vaguen sin cesar como espíritus en penumbra sin más oficio ni beneficio que sus propias miserias morales (que no materiales).

Francisco Carrillo
Acerca del Autor:
Nacido en 1982, es licenciado en Historia por la Universidad de Córdoba y licenciado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Doctorando en Historia por la Universidad CEU-San Pablo de Madrid con una tesis sobre La oratoria política en la España actual. Como periodista ha trabajado en diferentes medios nacionales en el sector de la radio, la prensa o la TV como La Razón, Marca, Popular TV, Europa Press o la Cadena SER. Colabora habitualmente en los programas "A fondo" y "El país de las maravillas", de Radio Intereconomía.
Leer Más >>

 
< Anterior   Siguiente >

Libros recomendados

"Figuras y paisajes políticos de la España del XIX ", de Fernando Álvarez Balbuena

Boletín AL

Suscríbase a nuestro Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

AL en su Móvil/PDA

http://movil.asturiasliberal.org

Sindicación