Situaciones derivadas de una pancarta PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Fernando Prieto Arellano   
domingo, 09 de agosto de 2009

ImageEl Colegio de Médicos de Madrid ha tenido la ocurrencia de colocar  en  la fachada principal de su sede una pancarta en la que,  como medida de prevención ante el imparable avance la gripe H1N1 (ex gripe A, ex gripe porcina), se nos insta (digamos mejor que se nos recomienda, no vaya a ser que alguien se sienta dolido por el empleo de tan autoritario verbo) a no besarnos ni a darnos la mano a modo de saludo, sino que tan sólo digamos un lacónico "hola" como muestra de afecto correctamente adecuada a la norma.

Claro, la idea es excelente, sobre todo si imaginamos una serie de situaciones que no tardarán mucho en producirse: 

Primer ejemplo: Su Majestad el Rey recibe al presidente del Gobierno en la habitual audiencia semanal que ambos celebran.  Además de la protocolaria y respetuosa inclinación de cabeza ante el monarca, ZP le dirá "hola, Majestad" (o tal vez, "hola, Rey", total, ya puestos) y eso sí, con las manitas en la espalda, no vaya a ser que a alguno se le escape un involuntario e hipotético apretón contaminante.

Segundo ejemplo: Su Majestad el Rey de Marruecos viene de viaje a España. Dadas sus excelentes relaciones con Don Juan Carlos, éste celebra una reunión con el monarca alauí.  De sobra es conocido que en el mundo árabe los hombres que se sienten unidos por vínculos de honda amistad se saludan con dos o tres besos en las mejillas. A partir de ahora no. A partir de ahora sólo cabría un "marhaba, Mohamed".

Tercer ejemplo: Entrega de los Premios Goya. Profusión de saludos, fotos, discursos y galardones subvencionados. ¿Habrá besos de buen rollito y mejor talante entre los galardonados? No, nada, ni un mísero apretón de manos. Tan sólo un "hola" y nada más. Si me apuran, alguien podría decir que "según el recio laconismo de nuestro estilo".

Cuarto ejemplo: Cientos, miles, decenas de miles de ciudadanos tomamos a diario  el metro, el autobús; incluso algunos un taxi, otros abordan un avión. Obviamente, esos vehículos de servicio público tienen todas las papeletas para convertirse en enormes receptáculos del virus de la extraña gripe, ya pandémica, lo que dicho en plata significa que no la para nadie.

¿Van a adoptar nuestros biempensantes paladines del buenismo alguna medida para evitar que nos expongamos a cualquier  forma de contagio? A mí se me ocurre que, además de la mascarilla (no sé lo que pensarán ustedes, pero yo preveo que a partir de octubre nos van a sugerir que emulemos en masa al Zorro, a falta de mejores remedios), nos amarremos con nuestra propia correa a la barra del metro o del autobús y así nos evitaremos tocarla. Eso sí, como a alguien se le suelte la pretina y se caiga, lo tiene crudo, porque a ver quién es el valiente que se anima a tomarle de las manos para ayudarle a levantarse.

Y quinto ejemplo: ¿Tendremos que dejar de besar a nuestros amigos, a nuestra pareja, o de estrechar la mano a nuestros conocidos o al director del banco cuando nos concede (si nos lo concede) un crédito? ¿Habremos sólo de blandir un escueto, tajante y bobalicón "hola"? Y, digo yo: ya puestos, ¿No habría sido lo mismo recomendar que en vez de "hola", se diga "A la paz de Dios", o "buenos días", "tardes" o "noches", según la hora? 

En resumen: ¿No sería mejor informar a la gente del verdadero estado de la cuestión en lo tocante a la gripe A y dejarse de bobadas políticamente correctas? ¿No tendría más lógica plantear medidas auténticamente preventivas -si las hay, que no me parece que esté muy claro que las haya- y dejarse de pancartas? ¿O es que los colegios médicos también se van a sumar a la moda pancartera que tanto predicamento goza en España? Si es así, habría que concluir  en que para ese viaje no hacían falta alforjas. Ni estudios.


Fernando Prieto Arellano
Acerca del Autor:
Fernando Prieto Arellano. Madrid, 1965. Periodista, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid con la tesis "Prensa y grupos de presión de ultraderecha en Madrid, 1931-1936".  Profesor asociado de Periodismo Internacional en la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación de la Universidad Carlos III de Madrid.
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