Sistema en peligro, todo patas arriba PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Honorio Feito Rodríguez   
domingo, 13 de julio de 2008

ImageLa entrevista al ex presidente del gobierno, José María Aznar, emitida el pasado miércoles 9 de julio en Telemadrid, debería dar, probablemente, algo que hablar a los tertulianos,  mucho que escribir a los columnistas, y bueno, tal vez, algo que pensar al conjunto de los españoles, incluso más a aquellos que no son ni han sido  partidarios de Aznar y del partido que ha representado. No voy, no obstante, a desgranar una a una las claves de lo que en mi opinión vertió el ex presidente del gobierno. La intencionalidad de una expresión no está siempre en el alcance de el que la profiere, sino en lo que los demás entendemos que ha querido decir.

De toda la entrevista, no obstante, me quedo con las dos alusiones a la conciencia de los españoles: la primera, como consecuencia de los resultados electorales del 96, donde tras una colección de escándalos, que puso en evidencia la flaqueza de la condición humana de los socialistas de entonces, y la corrupción campando a sus anchas por los asuntos del gobierno de la nación, la decisión de las urnas sólo dio una ligera ventaja al partido de José María Aznar. Y la segunda, como resultado de la confesión del señor Rodríguez Zapatero de que su gobierno había negociado con ETA, o lo que es lo mismo, el reconocimiento de que había engañado a los españoles hecho público en plena campaña electoral última.

Parece que tanto en un caso como en otro, los españoles tienen gran capacidad de aguante para encajar las mentiras y los engaños que proceden del poder, allí justo donde más debería velarse por mantener los principios. Eso es lo que yo creo interpretar que pretendió decir el señor Aznar.

Visto al revés, parece que la sociedad española debería tener más preparación y capacidad de reacción para rechazar la mentira, el engaño, el embuste, el calentamiento y acaloramiento de la pasión política que lleva a cualquiera a proferir lo que sea con tal de proferir algo. Esto es lo que parece que Aznar echa de menos, y muchos de nosotros también.

Las declaraciones del ex presidente se enmarcan en un cuadro que presenta permanentes agresiones a la paciencia de un sector de la sociedad que no está preparado para tanto desafío, mientras que otro sector parece carecer de detectores capaces de hacerles salir del letargo. O sea, entre unos y otros, nada de nada. Luego, la casualidad quiso que la entrevista al que fuera presidente del gobierno se emitiera a la hora en que los grandes diarios nacionales habían confeccionado ya su primera página, en la que destacaba la noticia de que los jueces españoles no ven delito en mantener los nombres de etarras en los callejeros de algunas localidades vascas, por ejemplo, o un día después de que esos mismos periódicos recogieran la noticia de que Hacienda devolvía dinero al presidente Rodríguez Zapatero, que es que hay verdades que vale más no conocer.

Los sectores de la sociedad española que he citado antes, los que no dan crédito a lo que ven y los que lo del crédito más parece que se les cae con demasiada facilidad, están recibiendo noticias de estas todos los días, y desde hace ya tiempo.

La apelación a la reflexión de los españoles, a las que aludió José María Aznar es, desde mi punto de vista, un asunto de gran importancia, porque podría poner en peligro al sistema. ¿Si la justicia no castiga al que infringe, qué consuelo tiene el que cumple con la ley? ¿Si el ciudadano cumple sistemáticamente con sus obligaciones de ciudadano mientras hay un grupo que destroza el mobiliario, engaña al fisco o amenaza la convivencia ciudadana cuál es el argumento moral de los que mandan para obligar a los cumplen a seguir haciéndolo?. Si el que manda miente y no pasa nada ¿qué es lo que está pasando aquí?.

Un sector de la sociedad española está siendo empujado a la fuerza a aceptar estados de letargo laboral, bajo condiciones mínimas, con evidente pérdida de poder adquisitivo, ante la ceguera voluntaria de patronal y sindicatos; cualquier español que pasa de los 45 años es candidato a dejar su puesto de trabajo a jóvenes sin experiencia, y el resistirse a cumplir con el retiro voluntario parece un desafío al gran poder empresarial, ejercido por aquellos que, a sabiendas de que correrán el mismo final, parecen decididos a llenar de obstáculos a cuantos se resisten a aceptar la norma.

Las facilidades han dado paso a los obstáculos. O te piden conocer alguna de las lenguas autonómicas o te examinan de lo que no te corresponde. Las credenciales académicas y profesionales no sirven porque, a muchos de los que ejercen, el verlas parece que les produce urticaria. Todo parece estar al revés. Las ministras socialistas posan con glamour de estrellas cinematográficas y algunos ministros se han quitado la corbata para asistir a una sesión de Cortes. Y al presidente Rodríguez Zapatero le sacan en los periódicos, muchos días, arropado por los representantes del gran capital o a hurtadillas siendo aconsejado por algún magnate de los negocios.


Honorio Feito Rodríguez
Acerca del Autor:

Periodista nacido en Meras (Valdés).Ha escrito varias novelas. Ha ganado el premio del Banco Hispano Americano con “Los Invitados (1983). Ha escrito la biografía  “Evaristo San Miguel, la moderación de un exaltado”.

Actualmente tiene en imprenta un libro sobre los asturianos en el Congreso y en el Senado.

 
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