Sindicatos de clase: la evolución pendiente PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Rafael González Casero   
martes, 05 de octubre de 2010

ImagePor fin concluyó la semana de la huelga general y, tras los dispares análisis del seguimiento de la misma efectuados por el Gobierno y los sindicatos- algo que no es nuevo- , toca plantearse de una vez por todas si nuestro Estado de Derecho puede seguir permitiéndose el lujo de que, de vez en cuando y siempre que se les antoje a los denominados sindicatos de clase, durante un día entero se conculquen los derechos de cientos de miles de personas que simplemente quieren ejercer su derecho al trabajo.

Aunque por fortuna cada vez hay más voces críticas, la sociedad española había asumido como algo normal que cuando se desarrollase una jornada de huelga los trabajadores que no la secundasen tendrían que soportar todo tipo de agresiones físicas y verbales por parte de unos piquetes que se erigían y se erigen en una especie de comisarios políticos que realizan juicios sumarísimos contra las personas que no les obedecen.

     Por supuesto es un hecho grave que se agreda físicamente a las personas que quieren ejercer un derecho reconocido constitucionalmente, y en consecuencia el Estado debe perseguir a esta especie de matones vestidos de piquete informativo que, curiosamente, están siendo subvencionados por sus propias víctimas, pues no debemos olvidar que todos los ciudadanos, afiliados a sindicatos o no, sufragamos con nuestros impuestos gran parte del gasto que realizan. Pero, a parte de las agresiones físicas, no se debería tampoco admitir que en los días de huelga exista una especie de barra libre para menoscabar el honor y la dignidad de las personas que acuden a sus puestos de trabajo. No debemos dar por bueno que los que en un acto de valentía- porque realmente y tal y como están las cosas lo es- acudan a su centro de trabajo, tengan que soportar como se les acuse de esquiroles, se les insulte con toda clase de improperios, se les tache de vendidos y sus vehículos sean llenados de pegatinas a la vez que se escape alguna que otra patada cuando traten de acceder a la empresa en cuestión.

      Resulta paradójico que en la sociedad de la información, del desarrollo y del respeto extremo a los derechos individuales de las personas, los sindicatos se presenten como una auténtica rémora del pasado, haciendo gala de decimonónicos planteamientos que actualmente se hallan superados; entienden estos sindicatos que los obreros que no hacen huelga o están desinformados o no son dueños de su voluntad, por eso son necesarios los piquetes que <<convenzan>> a los descarriados trabajadores para que no asistan al trabajo.

     De este modo, se atribuyen la cualidad de pensar por los trabajadores, decidiendo por ellos que lo justo y obligatorio es hacer huelga, no planteándose ni por asomo la posibilidad de que el obrero en sí no esté de acuerdo con la misma, bien sea en el fondo, en la forma o en las dos cosas. Muchas serían las razones por las que miles de trabajadores acudieron a sus puestos de trabajo el pasado 29 de septiembre; unas se fundamentarían en no perder el salario del día, otras en el descontento con los sindicatos y otras sencillamente basadas en el rechazo a hacer huelga sin más. Pero no, no les entra en la cabeza a los convocantes que haya gente que en su sano juicio no apoyen la huelga como método para resolver los conflictos, creyendo por eso necesaria la presencia de los poco amigables piquetes.

     Continúan haciendo suyo el viejo y caduco axioma que dice que <<no hay cosa más tonta que un obrero de derechas>>, postulado que el tiempo se ha encargado de tirar abajo, pues precisamente, en nuestro país siempre se ha disparado el paro, que es el peor enemigo del obrero, con gobiernos de izquierda.

     En definitiva, parece conveniente que los sindicatos denominados de clase evolucionen, avancen con la sociedad y se instalen en el siglo XXI como han hecho la mayoría de instituciones, entidades y organizaciones del país. Sería bueno que un gobierno con suficientes agallas regulase el ejercicio del derecho a la huelga con una ley, pues no parece muy normal que en el año 2010, y estando lo que se ha dado en llamar <<memoria histórica>> en auge, este derecho siga regulado por un Real Decreto Ley de 1977, es decir, por una norma preconstitucional de cabo a rabo. Asimismo, parece razonable que se produzca una adecuación entre el poder e influencia que actualmente poseen los sindicatos mayoritarios y el que deberían de tener en base a las personas que representan, pues no se conocen las cifras exactas de afiliados.

     No es por ser pesimista, pero, tal y como están las cosas, parece difícil que en un periodo breve de tiempo se produzca una reconversión estructural de los sindicatos que los adentre por fin en el mundo actual. Por el momento, nos conformaremos con que se tomen medidas realmente eficaces para impedir que, cuando se convoque una nueva huelga general- que no será tarde si el PP accede al poder- se repitan las lamentables imágenes de trabajadores acosados y agredidos simplemente por asistir a sus puestos cuando otros han decidido por ellos que no deben acudir. 


Rafael González Casero
Acerca del Autor:
Nacido en Toledo en 1981. Trabaja en la Administración Pública y cursa estudios de Derecho en la Universidad de Castilla- La Mancha.
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