Réquiem por el sistema liberal PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Joaquín Santiago Rubio   
lunes, 23 de febrero de 2009

ImageLa cacería de Bermejo con Garzón y lo que de ella se habló son una muestra del  fenómeno de profunda perversión que se da en el sistema liberal de separación de poderes.  Pero la dimisión del ministro de Justicia, lejos de reconocer la corrupción de los poderes, la asienta. Bermejo no dimitió por aceptar que los poderes del Estado deben separarse sino porque el poder del PSOE en Galicia y las Vascongadas está en juego.

Si la cacería hubiera sido correctamente interpretada por  máximas instituciones del Estado como son Poder Judicial y Gobierno, ambas hubieran preservado su independencia destituyendo al instante a los corruptos cazadores. Garzón debería estar apartado de sus funciones y sometido a sanción del CGPJ y el ministro, puesto de patitas en la calle por su presidente. Pero no. Es más, si la separación liberal de poderes se tomara en serio se hubiera derogado la Ley Orgánica del Poder Judicial en lo que a nombramiento de jueces del Consejo General (CGPJ) se refiere. Y tampoco. Frente a esta situación la cacería, en verdad, es un hecho menor.

Se esperó a comprobar el impacto mediático de cervicidio conjunto para ver si perjudicaba eso a las expectativas electorales del PSOE. Comprobado que así ocurría, se procedió a la dimisión. Alguien, de una manera no pública, se lo hizo saber a Bermejo y éste obró en favor de su partido. 

Podría decirse que aún hay esperanza en el hecho de que los valores liberales, al verse la coalición  cinegética Bermejo-Garzón como algo escandaloso, quedan parcialmente rescatados. Sí, cierto, peor hubiera sido que pasara por ser un hecho normal. Pero también es verdad que es la presencia de las dos citas electorales y el ataque de Garzón  a los corruptos del PP lo que azuzó al éste a protestar tan sonoramente. Y sigue siendo verdad que la configuración actual del poder judicial perturba su independencia real y de eso nadie se queja.

Los valores políticos liberales se pierden progresivamente en medio de un Estado falsamente dividido en tres poderes y la defensa de lo que queda de su pretendida independencia está, lamentablemente, en manos del oportunismo electoral. 

El ejecutivo, es un hecho en todas las democracias por más que se digan liberales, invade a los otros dos.¿Deberíamos, pues, repensar los liberales nuestro concepto de Estado?


Joaquín Santiago Rubio
Acerca del Autor:
Joaquín Santiago Rubio es maestro, Licenciado en Historia por la Universidad de Oviedo y en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
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