
Cuando la prima tuerta de Alicia, cruzó al otro lado del Espejo, se encontró con Sadim, el reflejo de Midas. Con solo tocarlo, Sadim convertía el oro en barro. Hay mucho Sadim por el mundo, reduciendo a desperdicios las ideas más brillantes y valiosas. Y es que en el fondo, todos somos un poco Sadim, porque uno es siempre su peor enemigo y practica, quién más, quién menos, el autosabotaje. Así, los genuinos representantes de un credo o de un sistema suelen desacreditarlo, y los que alardean de sus convicciones son los primeros en desprestigiarlas. Los Papas han sido los peores enemigos del catolicismo y nadie ha asesinado tantos comunistas como Stalin o Mao
¿Quien acabó con las dos Repúblicas españolas, sino las divisiones entre los partidos republicanos? Franco y Queipo se alzaron bajo la bandera tricolor y entonando vivas a la República. Simétricamente, el único enemigo serio que ha tenido la monarquía en España han sido los propios monarcas y príncipes españoles

el único enemigo serio que ha tenido la monarquía en España han sido los propios monarcas y príncipes españoles
: Fernando VII contra Carlos IV, Isabel II atacada por su tío y sus primos carlistas, y luego por su cuñado Montpensier. Finalmente Alfonso XIII liquidó la Restauración y puso fin a su propio reinado. Las únicas amenazas concretas sobre la opción de don Juan Carlos desde que Franco lo eligió como sucesor “a título de Rey” no se debía tanto a la oposición de Falange, ni de unos exiliados republicanos, sino a la existencia de otros candidatos: el duque de Cádiz, casado con la propia nieta del dictador, los carlistas Borbón Parma (Hugo y Sixto) y… el propio padre del Rey: don Juan. No sabemos si la experiencia del pasado permite hacer previsiones en este ámbito, pero lo más probable es que si en el futuro algo truncara el porvenir de nuestro Monarquía no se deberá a la agitación externa sino que será el producto de asuntos tan internos como los derechos que la Constitución otorga a los hijos naturales, por ejemplo.
En este mismo orden de ideas, o más bien de contradicciones esenciales, hay que subrayar que el franquismo, que se pretendía patriota, sólo ha conseguido desacreditar al patriotismo, identificándolo con el pensamiento antidemocrático. De ahí, sin duda, la timidez de nuestros políticos, a la hora de defender nuestra patria, nuestra casa común.
Desde hace una temporada se atacan los símbolos de la unidad: la bandera y la figura del Rey. El continente no puede ser más importante que el contenido, y no creo que destruir el símbolo sea más grave que aniquilar aquello que simboliza. No se puede esperar de nuestro Rey ni de nuestra bandera que representen lo que cada día existe menos, una unidad evanescente. Durante treinta años hemos entregado al separatismo todo el poder y las competencias del Estado, empezando por la educación. España, como nación, existe, sí, pero apenas subsiste.

Durante treinta años hemos entregado al separatismo todo el poder y las competencias del Estado, empezando por la educación. España, como nación, existe, sí, pero apenas subsiste.
Si alguien pretende apuntillar nuestra Constitución y acabar con el sistema monárquico no serán desde luego esa caterva de agitadores incendiarios, quemando fotos del Rey y banderas españolas. Lo de castigar en efigie y quemar los símbolos es algo típico de ese mundo viejo, viejísimo, al que pertenecen los separatistas, obsesionados con su particular visión de la Edad Media y sus reinos peninsulares: son tan progresistas que acaban de inventarse la quema del Judas y del Pero Palo, mira tú qué bien. Mañana inventarán el real de vellón, la arroba y el portazgo. No han cambiado. Son los mismos que aplaudían a Fernando VII y gritaban “¡Vivan las caenas!”, no sabían leer, pero, eso sí, quemaban ejemplares de la Constitución. Su programa es el de siempre, el del imbécil vocacional: Lejos de nosotros, Señor, la funesta manía de pensar... Quienes incendian la foto de don Juan Carlos ¿qué sabrán de nuestra historia? ¿Qué sabrán de la Transición y del histórico papel de don Juan Carlos como piloto del cambio? ¡A quemar! Plagiando a Heine, podríamos decir que quienes queman fotografías, acabarán quemando gente, y si no, al tiempo.
Más grave es que una institución como el parlamento catalán haya autorizado ese triste espectáculo al negarse a condenarlo de un modo expreso. Roma no pagaba a los traidores; España, más generosa, le pone a los próceres desleales un coche oficial y un sueldo para toda la vida.