Entrar
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí
Pueblos libres y patrias queridas Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por Luis Español Bouché   
lunes, 14 de enero de 2008

Los símbolos nacionales como la bandera, el himno o el escudo son importantes pero no trascendentes, porque los clichés que aceptamos y reflejamos sobre nosotros mismos y sobre los demás no tienen en cuenta prácticamente nada que tenga carácter oficial. Así, en su reciente y entretenido La tierra del breve pie, José María Solé se fija en cómo nos vieron los extranjeros y destaca los reiterados testimonios, rayando en el fetichismo, acerca del por lo visto minúsculo pie de las españolas. Al final los pilreles interesan más que los blasones.

Eso no es óbice para dejar de aplaudir la excelente iniciativa de ponerle letra a la Marcha Real para convertirla en himno nacional, aunque llegue con siglo y medio de retraso. Los himnos nacionales se pusieron de moda con el nacimiento de las naciones modernas, cuando el patriotismo nacional sustituyó a la relación de fidelidad con unos soberanos y a la identificación con una fe; corresponden al proceso que llevó a convertir en ciudadanos a los súbditos. La iniciativa española tiene recientes precedentes. En Italia, el Canto degli Italiani, más conocido como Inno di Mameli -por su autor Goffredo Mameli- es de 1847, pero sólo se convirtió en himno oficial en 2005.

El viernes pasado la noticia del día fue la filtración por ABC de la letra que un Comité ha elegido para que se pueda cantar la Marcha Real en los estadios de fútbol. Resulta que cuanto menos importa España y se rompe la unidad fiscal y territorial de nuestro país es cuando nos preocupamos de darle letra a la Marcha Real, letra donde, por cierto, no se alude a la monarquía. La idea quizá no sea mala: así los republicanos podrán cantarla también.
Resulta chocante que un medio que normalmente se identifica con los valores españoles perjudique con su “exclusiva” un acontecimiento al que no debemos quitar importancia. Nada hay que objetar a que antiguas modelos o televizorras de nuevo cuño cobren sus buenos euritos por la interesante exclusiva de su última ecografía, las fotos de su más reciente visita al Silicon Valley o el anuncio reiterado de sus pasadas relaciones con Altas Autoridades del Estado. Donde no puede haber exclusivas es en todo aquello que toca a la información que por su propia naturaleza es pública; estamos sin embargo condenados a la visión patrimonial del Estado, como cuando los ministros se llevaban a su casa los papeles de su ministerio. Díganme en que otro país la mujer de un juez puede publicar un librito sobre una investigación judicial -¡y qué investigación!- valiéndose de su condición de churri del ínclito magistrado, accediendo a informaciones confidenciales y desvelando secretos de la instrucción… Lo mismo ocurrió con la sentencia de Rumasa que filtró uno de los magistrados del TC que quería hacer méritos con El País. Ayer fue ABC quien con su filtración chafó la presentación oficial de la letra elegida… A los filtradores hay que echarlos a patadas de sus cargos y abochornarlos, para escarmentar a posibles imitadores.
Supongo que la letra elegida no le gustará a quienes antes se cortarían la lengua a mordiscos que decir Viva España. Lo único que a mí me molesta es un verso que habla de “pueblos en libertad”. En España hay un pueblo, que es el pueblo español. Precisamente este año se celebra el bicentenario de 1808 en que el pueblo español, según generalizada opinión, decidió ser protagonista de su propia Historia. Menuda fecha ha elegido el Comité para escamotear al pueblo español y dividirlo en distintos pueblos… Además, lo de “pueblos en libertad” suena rarísimo; los pueblos son libres o no son libres, pero lo de “pueblos en libertad” hace pensar en libertad vigilada o condicional. Si al final se hace nacional esa letra, yo cantaré “flores de libertad” en lugar de “pueblos en libertad”. Nadie se dará cuenta.

¿De verdad tienen importancia estos detalles? No lo creo. Por ejemplo, nuestro Asturias, patria querida es una canción de antigua raigambre etílica y tunera, y plagada de incongruencias. Sin embargo no se me ocurre ninguna canción mejor ni más bonita para representar nuestra región.
Fijémonos en lo llamativo. Como su texto indica, se compuso para cantarse fuera de Asturias. Es más, el musicólogo Fernando de la Puente Hevia está convencido de que fue obra de un cubano, hijo de asturiano. Lo muestra claramente el primer párrafo: Asturias, Patria querida, / Asturias de mis amores / ¡Quién estuviera en Asturias, / en todas las ocasiones! Parece ridículo cantar un día sí y otro también, en Oviedo y en Gijón “quién estuviera en Asturias en todas las ocasiones”. ¿Cómo no van a estar en Asturias en todas las ocasiones los representantes oficiales de Asturias? Si es un himno regional oficial, ¿dónde se va a cantar si no es en Asturias?
Luego el párrafo siguiente, Tengo que subir al árbol / tengo que coger la flor, / y dársela a mi morena / que la ponga en el balcón es problemático y sexista. ¿Los curas tienen que cantar también el himno asturiano? Tengo curiosidad por ver al obispo de Oviedo cantar eso de “y dársela a mi morena, que la ponga en el balcón”. ¿Y las mujeres? Es evidente que a las mujeres, salvo aquellas aficionadas al rico bollo y a la sabrosa tortilla, serán más propicias a los morenos que a las morenas. Además, de ser cierto lo apuntado por Fernando de la Puente, podría ser que la canción cubana se refiriera a una negra o mulata, que a los negros también los llaman morenos en buena parte de la Hispanidad y el autor de la letra era mulato. En Asturias, hay chicas morenas, sí, pero también rubias, pelirrojas y castañas. En cuanto a la flor del árbol, quizá se trate de una especie como el magnolio o algún árbol tropical que proporcione flores hermosas. En Asturias las flores se recogen en los prados, no en los árboles, porque las flores de los árboles frutales apenas duran y tienes que cortar la ramita, con la consiguiente pérdida de fruto. ¿Se celebraba en Asturias la fiesta de los mayos? Lo del árbol y la flor ¿pudiera ser una cucaña con un premio? Lo dudo.
La tercer estrofa insiste en lo ya apuntado y además se expresa de una forma bastante rara: “Que la ponga en el balcón, / que la deje de poner, / tengo que subir al árbol / y la flor he de coger”. Lo lógico sería “no la deje de poner”, es decir, que ya que me tomo la molestia de subir al árbol, mi morena la ponga en el balcón…
Nada de esto le quita valor al Asturias patria querida a la hora de representar a los asturianos. Si convocáramos un concurso público para encontrar otro himno, otra canción, ¿de qué hablaría? ¿De los manzanos y de la sidra? ¿Del maíz y de los valles negros? ¿De don Pelayo y Covadonga? ¿De campos verdes, vaquitas que pastan, pajaritos que hacen pío-pío y calamares gigantes varados en la playa? Y es que los himnos y las canciones son manifestaciones del corazón y de la vida, y no tienen por qué ajustarse a la lógica. A mí no me importaría que el himno nacional de España fuera El Relicario, Mi Jaca o Clavelitos, ni que el himno regional asturiano fuera el Soy minero. Puestos a elegir una música y una letra, que sean buenas y pegadizas; lo demás carece de importancia.

Sobre la Marcha Real se han escrito notables tonterías. Recomiendo a todos el excelente artículo del ya fallecido coronel Fernando Redondo Díaz "Leyenda y realidad de la Marcha Real española", en la Revista de Historia Militar (nº 54, 1983), ampliamente citado, cuando no plagiado, por autores posteriores.


Luis Español Bouché
Acerca del Autor:
Luis Español Bouché, (Madrid, 1964) es escritor y traductor. La mayor parte de su obra versa sobre temas históricos pero también es autor de ensayos sobre cuestiones de actualidad.
Leer Más >>
 
< Anterior   Siguiente >

Sindicación