Políticos y elecciones PDF Imprimir E-Mail
Colaboraciones - España
Escrito por José María Fernández Gutiérrez   
jueves, 02 de diciembre de 2010

ImageMi buen amigo, el escritor Jaime Álvarez Buiza rajaba en uno de sus artículos sobre las castas universitarias, pero indirectamente se refería a cómo los clanes políticos (los políticos siempre están metidos en clanes) controlan los órganos de poder y todos aquellos puestos de trabajo en los que se toque “dinerito”. Decía:

     “La Ley Orgánica de Universidades  establece, para esta elección (la del Rector de Universidad), un sistema basado en una rígida estratificación de la comunidad universitaria,  que parece inspirado en el sistema de castas de la India. Allí, desde hace 2500 años, existen cuatro “varnas” que, en orden descendiente, serían los brahmanes, los chatrías, los vaishias y los shudrás, salidos de la boca, los hombros, las caderas y los pies de Brahma, respectivamente. Todo muy moderno. Aquí y ahora se ha adaptado el asunto a las circunstancias universitarias y las cuatro castas con derecho a voto, A, B, C y D, serían: profesores doctores, resto del personal docente e investigador, alumnos y personal de administración y servicios. Pero para que las castas lo sean con toda propiedad, así como en la India son endogámicas y están prohibidos matrimonios verticales, aquí la LOU, no entrando en lo de la coyunda, establece el eufemismo pérfido del “voto ponderado”. Y ahí, como diría mi admirado Cantinflas, es donde la puerca tuerce el rabo. Porque la ponderación, en nuestra UEX,  está estructurada de la siguiente manera: Grupo A, 51%; Grupo B, 16%; Grupo C, 23% y Grupo D, 10%. Y se aplica a lo bestia, sin ningún índice corrector que tenga en cuenta el porcentaje de votantes de cada grupo.  Así podría suceder, por tanto, que sólo votase un profesor doctor y su voto fuera al candidato “X”, y todos los demás electores de los tres grupos restantes votaran al candidato “Y”. En nuestro caso,  1 voto frente 24.500. ¿Quién ganaría?  Pues el candidato X, con 1 voto,  sería proclamado Rector con el 51% del escrutinio.”

      Traducido lo que dice Álvarez Buiza de la elección de Rector a un lenguaje llano significa que es muy difícil que salga elegido Rector alguien que no pertenezca al clan del poder y que no esté previamente designado por el clan político dominante. Y volviendo a traducir lo dicho, significa que siempre mandan los mismos, los designados.

      Con motivo de la publicación del nuevo libro de Mario Conde, aunque ya se sabía, ahora se ha aireado, que uno de los “pecados”  (o el pecado) por los que Mario Conde fue a la cárcel es porque tuvo aspiraciones o veleidades políticas (o creyeron que las tenía) y los clanes (las castas establecidas) lo señalaron con el dedo y lo mandaron a la cárcel para quitarse un posible competidor.

      Si lo primero es como dice Álvarez Buiza y lo segundo es como hemos dicho aquí, España es una ciénaga inmunda en la que no resplandece ni la justicia ni la democracia. Y ya que hemos adelantado la conclusión, queremos remacharla haciendo una reflexión, la de que quiénes llegan a altos puestos de la política deberían ser los más preparados. Pues bien, una ministra del gobierno de España (Leire Pajín) está demostrando que no sabe ni hablar con corrección. Ha dicho en público “vejativa” por “vejatoria”. Ha utilizado el término “contradecido” por “contradicho” y ha soltado en un discurso demagógico “cónyugue” por “cónyuge”.

      No es admisible.

      Así  España será un coto de caza de unos pocos.


José María Fernández Gutiérrez
Acerca del Autor:
Catedrático de Lengua Española de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona
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